Jesús Rivera
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                                El maestro de Union City.


                                                                          I.


En compañía del pintor Humberto Calzada y la actriz Lilian Rentería ví pintar la otra tarde a Jesús Rivera, a
quien algunos reconocen ya como “el maestro de Union City”. Compartía espacio cinematográfico con otros
consagrados del arte como Moisés Finalé, Agustín Fernández y Jorge Camacho. Dice Calzada, que es de
los artistas que sabe admirar el trabajo de sus colegas, que cada cual pinta a su manera. A Jesús Rivera le
vimos usar el rodillo con despreocupación, girar el carbón aparentando desinterés y casi bailar frente al
cuadro terminado.

Ante sus lienzos  Jesús Rivera se divierte. Y se pone serio ante las obras de sus alumnos. Es un artista y es
un maestro. Hace una  semana, en su estudio de la calle 42 en Union City, Rivera dió una conferencia a una
estudiante que le hacía una visita incidental. Tiene  fama de profesor meticuloso, con excelentes
resultados. Por eso su Academia de Arte tiene este semestre una matrícula cercana a la treintena de
alumnos, y están esperando para ingresar muchos talentos más.

Se cuenta que sus estudiantes se presentan a las escuelas de arte con un par de carpetas. Una primera
que someten al escrutinio del tribunal de ingreso y otra auxiliar, “por si acaso”. Ya en varios exámenes,
ante la muestra más que convincente de los candidatos salidos de su Academia, algunos jueces de
admisión han indagado de forma admirativa: “¿Usted es alumno del maestro de Union City, cierto?”.

Sin embargo, a pesar de tan positivos resultados Jesús Rivera considera que aún no es el momento de
hablar de un método propio de enseñar arte; experimenta con caminos recorridos por otros maestros,
adapta programas ya probados, pero asegura que se da cuenta de cosas, que sabe donde están los
puntos a corregir.

El mestro de Union City tiene mucho que enseñar porque es alguien que está convencido de que tiene
mucho que aprender. En su estudio se puede leer lo mismo a Cervantes que a Bulgakov, se escucha
música y se conversa agudamente. Todo desde bien temprano: cuando el común de la gente se levanta
en la mañana, ya Jesús Rivera le lleva unas tres horas de ventaja. Junto al caballete de pintar está el
horno de afirmar cerámicas; junto a la mesa donde esculpe están las fotos donde recuerda. Decenas,
centenares de fotos que testimonian los resultados de una vida en el arte: “Y esos cuadros que ves en las
diapositivas no están conmigo, andan por ahí, cumpliendo su función”.

Aunque bromeamos sobre esos pesados tópicos relativos a “la naturaleza social del arte”, “el arte como
forma de la conciencia social” y “el arte como ideología”, lo cierto es que Rivera cree seriamente en la
necesidad humana de participar de una experiencia estética; confía en el arte que alegra la vida, en la
pintura que energiza y acompaña a la gente.

Recientemente la profesora Sherisse Alvarez preparó una exhibición de pintura en la Universidad de Yale
en la que participaron artistas sobresalientes como Leandro Soto, Florencio Gelabert, Leonel Matheu;
también expuso en New Heaven Jesús Rivera. Pude ver algunas de sus piezas, unos cuadros ante los que
uno se detiene y solo murmura “muy lindos”, por temor a decir alguna tontería viciada por el sentido
común o por los libros de crítica de arte, lo que es  peor.

Fue Rivera quien dijo que su trabajo buscaba ahora una simplificación de lo figurativo, tan marcado en
su carrera, y que iba al rescate de la naturaleza a través de la pintura: “Ya que perdemos la naturaleza,
debemos al menos salvar el sentimiento de lo natural. Y eso podemos lograrlo a través del arte”.

Hay gente muy sensible interesada en que Jesús Rivera, el maestro de Union City, visite  unos días Miami.
Estoy seguro que esa oportunidad se dará y que junto a él sus amigos, los nuevos y los de siempre,
descubrirán bellas y sutiles cosas.

Emilio Ichikawa.
Sept-oct. 2004.
"Soles, memories"
Acrylic and resin 82x60 inches.