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| Denys San Jorge: adios a las palmas. Ulises regresó a Itaca. Muy bien, pero, ¿a qué parte de Itaca? Ya que no se puede habitar una isla toda, o ya que precisar el lugar que se ocupa es menos arduo que señalar el que se extraña, o se evade, supongo que dentro de su patria Ulises se las amañó para evitar el espacio que más dolor le ofrecía. Si “mundo” es una abstracción, lo es también “isla”, pueblo, casa, cuerpo, célula. Yo siento que hay dos lugares de la isla que jamás visitaré. Uno de ellos es el pueblo de Bauta. Lugar donde nací y donde han muerto a la vez dos de mis seres más queridos: mi padre y mi madrina. Para mi orgullo, Bauta es un pueblo cosmopolita. Incluso promiscuo. Es campo y costa. Criollez y extranjería. Un pueblo de gente libre que tiene una réplica en el sur de La Florida. Abis Hedges, que conoció a Rotchild y mudó su alma de Long Island a Key Biscayne, también ama a Bauta. Cuando estudiaba en la Universidad de La Habana cometí una indelicadeza que no tiene perdón: escribí una tesis en filosofía de la ciencia. Mientras cerdeaba, tuve la oportunidad de conocer al profesor de origen argentino Mario Bunge, que entonces enseñaba en McHill University. Como estaba bajo influjos sociologistas e historicistas, el profesor Bunge me hizo un exorcismo: “No hay contextos para el saber. Cuando Rutherford se fue al Canadá, la curva de producción en física teórica se disparó. Cuando tomó el barco de vuelta, todo se fue al piso.” Cuando el artista Ezequiel Sánchez dejó su pueblo marinero de Antilla, Holguín, para radicarse en la habanera Bauta, creó un taller de pintura que convirtió al arte a muchos jóvenes. Uno de ellos fue Denys San Jorge que, sin mezclarse mucho, o para decirlo positivamente, conservando siempre su singularidad, empezó a señalarse la posibilidad de una obra importante. Recuerdo en Denys su simpática dicción, su atuendo basado en pantalones cortos y anchas camisetas. Y recuerdo también la factura de unos paisajes que mostraban, cuando menos, un excelente dibujo y cómodo manejo de colores. En el taller de Sánchez, Denys siempre tuvo acogida. Y el maestro antillero le celebraba, con su alegría habitual, nubes, mareas, flamboyanes y palmas. Siempre palmas. Pero Denys siguió estudiando y se graduó por la escuela de artes de San Alejandro, en La Habana; perfeccionó su técnica y amplió su mundo. Hace poco me envió un correo con la dirección de su página electrónica www.artmajeur.com/sanjorge y la aclaración de que, aunque era el mismo Denys del pueblo de Bauta, ya no era el de los “paisajitos”; las playitas y los potreritos. Menos aún el de las palmas. Las palmas tremendas. Efectivamente, ya no es el mismo Denys. Es todo un pintor. Un artista. Aquellos “paisajitos”, sin embargo, fueron también responsables de que existieran estas telas con claroscuros fascinantes, que es el eje de su factura. Aquella ingenuidad artesanal está es la prehistoria de sus instalaciones y sus pretenciones intelectualistas. Las palmas perduran ahí, ahora como marcas de sus éxitos. Marcas indelebles como el viaje primario de Ezequiel, como esa imposible vuelta a la isla de la isla, a Bauta, que esta mañana son los nuevos trabajos de San Jorge. Y sus paisajes también. ------------------------------------------------------------------------ Emilio Ichikawa. Mayo-2006. |