Glexis Novoa
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                     Glexis Novoa: la estética de lo contundente.


Si al artista lo fuera a explicar su contexto, y a la obra su marco, Glexis Novoa debería ser descifrado por
un centenar de claves. Resultado: pudiera permanecer ignoto: las claves solo hablan cuando se les
congrega en pareja.

Por demás, si la escritura de la crítica debe adoptar el género literario que más se acerque a la naturaleza
del objeto que intenta considerar, entonces, la de Glexis Novoa debería formalizarse como una sucesión de
enigmas. Enigmas de contundencia.

Me gusta preguntar al artista por él mismo; me place indagar incluso por temas donde no se le reconoce
autoridad. Es un error: en la modernidad la conciencia histórica ensaya como conciencia estética antes de
atreverse a actuar como conciencia política. El crítico debiera hacer al artista las preguntas que se hace a
él mismo. El egoísmo metodológico es más fértil de lo que uno supone; nos da la comunión, la mimesis.

Glexis Novoa está "plantado" en el mundo; quieto, enraizado. Como he dicho otras veces, reconozco en él
una de las genealogías de la casta samurai; esa que pelea afincada a la
tierra (mejor rinoceronte que elefante: las dos máquinas de pisotear más perfectas de la naturaleza:
¡cuidado con ellas!) y desecha el vuelo de la grulla o la fibra del bambú. Entre los siete de Kurosawa, Glexis
Novoa es quien guarda la pistola y limpia el sable entre dos trenzas rafta-raffta-rafffta...

Si la felicidad es una pistola caliente, Glexis Novoa encartucha el invento antes de tronar. No cree en
felicidades sino en el pesimismo. Aún más: se ha impuesto el pesimismo como una enzima de la creación.
Y es así que ese pesimismo, por permitirle crear, termina por hacerlo feliz.

Donde Glexis Novoa todo está feliz. El billar que unos vecinos haitianos rompen en el portal; la hoja de
metal que en una esquina esgrimen a destiempo; los perros, las flores, las ardillas. Su lema, expuesto en
una pared de donde solo puede desalojarlo el derecho de una herradura, dice para balancear: "No existe
actitud de más flagrante estupidez que el optimismo. Por más que te vaya mal, siempre te puede ir peor."

Es una frase de Guillermo Fadanelli que tiene en verdad un significado muy ambiguo: entre la pesadumbre y
la invencibilidad. Frase inocente y genial, vecina de esta otra que se le escapó a un buen hombre en
American`s Sweetheart: "El éxito es saber ir de fracaso en fracaso sin perder el optimismo." !Imagínese
usted!.

La mayoría de los artistas que Glexis Novoa admira doblan el turno como amigos personales; por eso su
opinión es casi siempre admirativa; y también asimilativa, pues los pone a funcionar en el sistema de su
propio pensamiento.

Es difícil hacer hablar positivamente a un pintor de otro. Prefieren incluso cuestionarse a ellos mismos
antes de dar la alternativa al de al lado. Pueden, en cambio, ser respetuosos ante una obra aislada; ahí,
frente a frente, como quien juzga un cuadro despersonalizado, sin autoría. Pero como decía, Glexis es
apasionado en sus admiraciones. Lo creo justo, no le es un problema rectificarse a sí mismo ni exaltar el
trabajo de sus cómplices: he aprendido gracias a él méritos de Carlos Cárdenas, Aldito Menéndez, Lázaro
Saavedra, Consuelo Castañeda, Arturo Cuenca, Mendive...

Solo hay una cosas que lo transforma: unas gafas "montadas al desaire" que lo solemnizan; deja entonces
de ser el samurai y se vuelve el monje, la persona que contesta el teléfono, la que pone la alfombra y,
aunque le pese, hace la reverencia. Una genuflexión de cínica maraña.

Emilio Ichikawa. Enero-2005.
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Spiral, DETAIL XVIII, December 2003
Worcester allI, October 2003