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Silencio.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Y en la mañana los más alegres.
Los más confusos siempre; a cualquier hora,
los versos más raros.

Lo puedo hacer, mas,
para qué.

Nadie va entender los versos míos:        
tristes, alegres, raros.

Ahora el amor es un amar mudo.
Silente.

Todavía habrá complicidad:
no escritura.

Y no serán estos los últimos versos que yo le sienta.
Pero serán los últimos que yo le escriba.

Emilio Ichikawa.
10 de junio-2004.