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Beso de árbol.
La ardilla que acaricia tu rama, hendida ya por mieles y farolas. El viento que rasca tu copa. La nieve que encanece tu esperanza y serena el vértigo de juventudes. El cielo que te corona. La nube que te acaricia y traspasa tus deseos. La savia que se derrama en tu tronco y cae a tus pies colmándote de ganas. El jugo que se adentra en tus canales. El grillo que te canta. El ave que te anida. El diablo que corrompe todo lo que tienes de virgen. La tierra que se deja abrir por tus raíces y te aprisiona hasta la sequedad. El cerco que te protege. La puerta que te libera. El paso que te anda. La curva que te mece. El mar que sostiene los barcos que en la tarde te envidian. Y el beso. Siempre el beso que absorve tu vida y se niega a morir.
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