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The Hawk.

                   Mi pájaro no es el Cuervo que mira
                   Con optimismo todo lo que pudre.

El Black Olive, certificado con tres pies de tronco, cuarenta de altura y lo mismo de fronda,
inquiere con arrogancia al ciprés y casi con desdén al pino. No considera, por supuesto, los
palmettos ni las rosas.

Sus hojas son lágrimas  verdes, con una defensa dispuesta al fin del canal por donde se
despeña  la lluvia.

Será porque usa copa curva, o por la angulosa avidez de los árboles adyacentes, pero un
Black Olive jamás ha merecido un rayo. Los rayos en La Florida pueden ser hiedras rubias que
germinan en los pantanos con una voz demencial. Pueden ser y son lo que pueden.

En el Black Olive, el árbol madre, aguarda el Hawk con su lingüístico disfraz  de Falcon y de
Halcón. Es más alas que cuerpo. Sus prismas de azabache y sol resaltan entre las plumas de
barro. Es un Alazán que vuela; es un moro que avanza. Y su pico, la metáfora está lista, un
bisturí de varios filos; más de cuatro cuando la lengua inyecta en saliva el corazón de la muerte.

Diez broches de nácar, cinco cabezas de buey, pueden caer sobre el lomo del conejo. Un
tejido punzante donde las agujas forjan nudos. Estaciones que harán de lo vivo una parálisis
discreta.

No fishing.
No swimming.
Natural Florida Wildlife Habitat.

El Hawk cae sobre una ardilla que cae sobre una piña que cayó sobre un hormiguero
destrozando el orden.

En un Ford Taurus apostado a la entrada del Archstone Preserve, el policía encubierto se
dispara por la Calibre Downlane de Tampa Beach detrás de otro comienzo de cadena. Barbarie
natural y barbarie.


Unlawful to feed Alligators.

No está en el lago el sándwich ni la barra de arroz. Ni está el rostro casual ni la huella ajena al
plan general.

Quizás la lata de “Cream soda” entre nenúfares sea un detalle de Dios. Se ve tan acoplada,
con un flotar tan certero... La lata de “Cream soda” del habitad no es cualquier lata.

Una lata cualquiera no se encuentra a un pie tres pulgadas y cuarto de una orilla que roe una
raíz naranja que no le pertenece al Oak que en cambio sí ofrece la sombra. Comprada en
Albertson`s, es reciclable y capaz de 355 mililitros de poción.

Más casuales que ella se ven el cartón de “Sunny D”, el cepillo de peinar muñecas y el balón
peregrino que unta pesticida en la floresta.

El Hawk curiosea sobre unos nivelados techeros que evitan goteras confiados en su equilibrio.
Observa la culebra que se retuerce en un  asfalto que ha tratado de cruzar equivocadamente.
Ahora no oberva: ahora mira. Ve. Pero su orgullo es superior a su hambre y opta por arreglarse
el cuello.

Parece escuchar música. Creo que mira flores.

Con toda ternura se retuerce, se desfigura, elabora una mueca y se derrumba a treinta millas
por hora en el orificio de un lomo por el que extrae un pedazo  de músculo. Es supervivencia.

La víctima está triste, pero en el balance el dolor no importa.

Welcome Center.
Speed Limit 10 miles.
No outlet.

Emilio Ichikawa.
Agosto-2005.