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| Survey. A los del mapa. Medir. Mapear. Inventar el sitio de las cosas según la regla iniciática. El espacio como criterio del poeta. No categoría. El poema erguido en un punto del mundo. Y sintiéndolo todo. Pudiéndolo sentir todo. El poeta que dicta sus visiones al instrumentista. Al notario de esenciales. El instrumentista que lleva al dibujante las marañas del poeta. El ingeniero que diseña las interpretaciones de dibujante. El amor, los sueños que ya marcan los límites de propiedad del mundo. Acaso las corduras. El constructor que opera y erige con fe de piedra y de cemento los esquemas del ingeniero. El obrero que junta los roles del camino, palmo a palmo, verso a verso, amasijo contra amasijo. El peón que levanta y tumba el muro por unos milímetros impostergables en el interés del templo. Déjame que te cuente, ahora que se teje el ensueño, que estás parado en el mejor de los puntos posibles. Marcando el puente, y de ahí a la alameda. Despierta del sueño, levántate y anda que aquí tengo el centro; el criterio debo decirte de lo que dirán que ha sido tu estatura. El poeta al principio. Después el instrumentista (“aparatero”: le dice Maese Carlos), el ingeniero, el constructor, el obrero. Y final, cerrando las elevaciones, otra vez el poeta. El poeta recitando la ciudad. El poeta que bajo su miopía guarda el control. El pedazo de horizonte que le permite discernir, al menos por una vez, lo que vale y no vale en la vida. Para su vida. Emilio Ichikawa. Abril-2005. |
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