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POLITICA, DISCURSO Y PODER EPISTEMICO
(Sobre algunas propuestas de Román de la Campa)



En el volúmen Sociología del saber Max Scheler propone un capítulo sobre lo que llamó Sociología de la metafísica.
Con ello daba un paso en la dirección de Marx, quien había situado el enigma de la filosofía fuera de la filosofía
misma.

Si Metafísica es, según conceptuaba Aristóteles, una disquisición encaminada a determinar la(s) causa(s) ultima(s)
de lo existente, la propuesta de Scheler es radicalmente "deconstructiva", metodologicamente "fugitiva",
"centrifuga": lo importante no estaría en responder la interrogante por las causas ultimas, sino en  buscar los
móviles de dicha interrogación. Pregunta que, según la propia perspectiva marxista, seria histórica: ni existió
siempre en el tiempo, ni apareció en todos los espacios culturales. Respecto al "internalismo" metodológico, el
existencialismo seria una forma antropocéntrica de contextualismo: habría que desplazarse de la pregunta por los
fundamentos de lo humano, a la pregunta de por que el humano se inclina a interrogar por sus propios
fundamentos.

Y para nunca acabar, tenemos que cada perspectiva explicativa puede ser objeto a su vez de su propio
desmontaje; por ej., la clave de la simbiosis sartreana entre marxismo y existencialismo estaría, o en el contexto
social de Sartre, o en las apetencias (existenciales) de su propia vida.

Roman de la Campa, profesor del área de estudios latinoamericanos de Stony Brook University (State University of
New York), viene proponiendo desde hace algún tiempo (y varios libros) un descentramiento metodológico parecido
al que indica Scheler. El problema de los estudios latinoamericanos (y universitarios en general) ya no tendría que
ver solo con la participación creativa en algunos de los campus intelectuales establecidos, sino también con la
disquisición sobre  la apertura, legitimación, éxito, ocaso y fracaso (James) de los propios ámbitos donde un
"docente" procura realizar una actividad.

Es un empeño "deconstructivo" pues acaba por revelar impúdicamente el montaje del ámbito epistemocrático. Las
cátedras universitarias constituyen un sujeto emisor de sentido intelectual, pero pueden ser ellas mismas objeto del
estudio y del sentido emitido por "otro"; es decir, entrar como contenido en el ámbito de un circuito gnoseológico
subordinante.

En el caso especifico del trabajo que viene desarrollando el prof. de la Campa, (1) este esfuerzo por intelectualizar
el campo epistémico y su configuración burocrática en la estructura universitaria norteamericana, es un intento
por legitimar como discurso una autoconciencia profesional compleja que incluye por igual saber y administración.

Esta orientación tiene un antecedente visible en los trabajos "crítico-radicales" realizados una vez por Ch. Wrigth
Mills; si descontamos un cambio de contexto intelectual que permite al prof. de la Campa insertar la critica
curricular en el propio curriculum que critica. Esta claro que no intenta un sabotaje intelectual de la institución
donde produce como un académico-intelectual, sino que pretende el establecimiento (afianzamiento) de una
relación subversiva con la misma. La participación cuestionadora con el espacio intelectual universitario, es una
forma muy visible de conciliar tensiones propias de una generacion cuyo pasaporte al éxito fue la insurgencia
ideológica, teórica, artística y moral. El prof. de la Campa pertenece a ella y su influjo es perceptible en los más
diversos frentes que conforman su planteamiento intelectual: acercamiento cuestionador a los movimientos de
"izquierda" e incluso cierta militancia anárquica donde, supongo, la disciplina ritual existió como sacrificio;
participación distante en la otredad civilizadora; solemnidad irónica ante lo histórico; responsabilidad lúdica ante
la amistad; escritura coherentemente dislocada entre la narración libre y el yugo de la referencia bibliográfica
meticulosa.

Hay vertientes claramente localizables en el trabajo del prof.de la Campa. Estas pudieran conformar un archivo
bastante general que amerita una particularización analítica posterior:

1-Critica literaria. Trabajo con el texto e indagación sobre su "estatuto" o "rango" literario; construcción de un
discurso meta e intranarrativo (De la síntesis de ambos posicionamientos resulta la "transnarratividad". Entiendo
por ella una instancia que resulta de un conocimiento optimo del texto y contexto literario, alquimia muy valiosa
porque como señala el propio prof. de la Campa en un comentario titulado La dimensión espectral de lo
inconmensurable: relecturas de Rulfo: "Esa gestión hipercrítica (está) cada vez mas distanciada del texto literario y
sus contextos sociales".(2)

2-Realidad latinoamericana en términos de discursividad. El "problema cubano": cultura, política y teoría;
predominio de la perspectiva (auto)biográfica y crítica sobre la histórica, así como un culturalismo antropológico
vestigial. Presencia de la cultura latina en los Estados Unidos: asedio del objeto.

3-Sociologia del saber. Estudio de la estructura institucional del conocimiento, la estrategia disciplinar y las
tendencias del poder epistémico (epistemocracia). Particularmente atiende aquel campo espistémico e institucional
donde se estudian los puntos 1 y 2.

Puedo aventurar algunas hipótesis acerca de la unidad (tricefálica) de estos afluentes intelectuales; pero creo ver
que la conjunción orgánica de los mismos es una de las evoluciones posibles en el sentido de la conformación de
un  sistema de pensamiento, o por lo menos de una integración de sentidos. Teniendo en cuenta las lecturas
"postmodernas" realizadas por el prof. de la Campa, este previsible resultado muestra una suerte de veleidad
moderna, una reincidencia en el "metarrelato". De vuelta, como reeditando aquello que Hegel llamaba restitucion
superada del "principio" (origen, comienzo, punto de partida), se restablece la confianza en los items tradicionales
de la "racionalidad": objetividad, no-contradiccion y quizas "telos".

II

Los conflictos vivenciales e intelectuales que puede generar la dualidad entre la porosidad (permeabilidad) real y
el ideal de autonomía de la universidad, fue captado por Hermann Hesse en su novela El juego de abalorios. La
carta de renuncia del Magister Ludi, personaje básico de la trama, es un documento que por su valor pedagógico
debería discutirse regularmente en los ámbitos docentes.

La universidad es un ideal. Y no solo por su planteamiento intelectual, menos realista que el de las Academias,
Sociedades Económicas e Instituciones Científicas (la Royan Society, por ejemplo), también por la forma en que
pretende practicarlo. Su independencia respecto al ámbito político es mas que dudoso; seguirla postulando hoy en
ida, a pesar de todas las evidencias, es prueba de que constituye apenas un elemento del ritual ordinario de este
enclave de poder en el contexto general de la sociedad.

Una relación de poder ha escoltado al desarrollo histórico de la universidad. Ella tiene un hito ejemplar en
Alemania, en la contienda entre las facultades de filosofía y teología que con mucha habilidad trato de manejar
Kant, con razón más "hábil" (¿practica?) que "pura".

En una iniciativa de autoprotección para salvaguardar de las objeciones a su trabajo LA RELIGION EN LOS
LIMITES DE LA RAZON PURA (1794), Kant redacta una serie de protocolos que se conocen hoy como LA
CONTIENDA ENTRE LAS FACULTADES (CSIC, Madrid, 1992). Aunque se le representa con una apariencia
"dialéctica", ni siquiera se sabe si el tal conflicto existió como tal. Era del interés de Kant transmitir la diferencia
como discusión, y tal vez se deba a su imaginación su reconstrucción polémica. Suspicaz jugador político, estaba
interesado en hacer creer al gobierno prusiano que en la universidad, efectivamente, existía un problema.

Este texto kantiano es un manifiesto por la libertad de la razón y de la  filosofía en particular; ahora entendida no
como posibilidad gnoseológica o metodológica sino como practica en un contexto institucional (universitario)
concreto. Kant defiende a la universidad ante el gobierno, mas bien la protege, pero no reclamándole o
enfrentándolo frontalmente; lo que sugiere es un pacto entre la autoridad política y el ámbito académico, así como
un pacto de las divisiones facultativas entre sí.

Es decir, primero quiere independencia de la universidad ante el gobierno; después, independencia de la Facultad
de Filosofía ante otras que pretenden patrocinar sus atribuciones. Kant busca legitimar un ambiente universitario
donde sus juicios racionales sobre religión, moral y política puedan existir como "académicamente correctos". En
sentido estricto, lo que quiere es deslindar, para proteger el referido texto, entre la Facultad de Teología y la
Facultad de Filosofía; la primera como una institución de la división "Facultades superiores", que cree más
vinculada a los intereses del gobierno y sus instituciones afines (la iglesia, por ejemplo, ya que el emperador
prusiano se legitimaba "por la gracia de Dios"), y la segunda como perteneciente a las "Facultades inferiores",
regidas por el criterio de la razón.

Esta es la resonancia moderna del debate medieval entre la "fe" y la "razón", crucial entre tomistas y averroistas.
Fue una querella de naturaleza teológica, pero como ha revelado Phillippe Aries, representó también un serio
conflicto de intereses. En su libro EL NIÑO Y LA VIDA FAMILIAR EN EL ANTIGUO REGIMEN (Taurus, Madrid, 1987)
Aries destaca que la filosofía se enseñaba en las Facultades de Artes, que eran propedéuticas respecto a
facultades de mayor rango, y a las que asistían funciones subordinantes: Teología, Derecho y Medicina. Al reclamar
la independencia de la "razón" ante la "fe", lo que era evidentemente un problema teológico, se velaba otra
motivación: la emancipación  de los profesores respecto a un poder epistémico en el ámbito institucional. Los
profesores de la Facultad de Filosofía querían salir del tutelaje de los teólogos universitarios. Igual que Kant. (3)

A propósito de esta clasificación de las facultades creo conveniente citar un pasaje de interés perteneciente al
ESTUDIO INTRODUCTORIO que a la referida edición de la obra de Kant hace el prof. José Gómez Caffarena:
"Estaba, en realidad, consagrada en la tradicioó universitaria europea una situación adecuadamente
denominable como `inferioridad`. Hay que recordar el hecho, poco puesto de relieve, de que la Facultas artium
medieval y renacentista tenía, en sus conocidos curricula: trivium et quadrivium, un carácter en principio
propedéutico para las  facultades de Teología, Derecho o Medicina; y, correspondientemente, un alumnado de
menor edad. Su importancia real, y con ella la independencia, fue creciendo en la Alemania del siglo XVIII. Pero
quiza fue sólo con la fundación de la Universidad de Gotinga (1734, inaugurada en 1737), cuando quedó por
primera vez sancionada una cierta homologación, ahora ya con el título de Philosophische Facultat (y no el más
clasico de Facultat der artisten)". (4)

El filósofo dio copia de su estudio sobre la religión a la Facultad de Teología de Koenisberg y a la Facultad de
Filosofía de Jena. Es interesante como Kant evita conflictos de intereses con colegas de profesió, optando por una
comunidad filosófica relativamente ajena a la suya, precaución que no tomó en el caso de los docentes de teología,
con los que no tenía que rivalizar. En su libro Un banquete canónico (F.C.E. Mexico, 2000), el estudioso Rafael
Rojas ha abierto un interesante capítulo, muy pertinente en este caso, acerca de las "políticas de la amistad"; lo
que supone una crónica de las relaciones personales intra-académicas.

En líneas generales Kant alcanzó su objetivo; por lo menos en términos de política del saber: la autorización para
ejercer su intelecto excedió en el tiempo su capacidad de hacerlo; aunque no dejó de recibir un fuerte regaño por
parte de Federico Guillermo II.

Que el poder se derrama sobre el saber, y que este se reconfigura a su vez de manera política, lo muestra este
significativo fragmento de la correspondencia de Kant al Emperador prusiano: "La orden que vuestra augusta
majestad real me hizo enviar... me impone el respetuoso deber de ... presentar una concienzuda justificación por
haber abusado de mi filosofía para deformar y profanar algunos principios capitales de la Sagrada Escritura,
particularmente en mi libro LA RELIGION DENTRO DE LOS LIMITES DE LA RAZON PURA al igual que otros tratados
más breves, incurriendo con ellos en la falta de trangredir mi deber como maestro de la juventud..." (5)

Corromper la juventud le había sido objetado a Sócrates, y siglos después, en La Habana, a José Antonio Saco,
quien fue deportado por ello a Trinidad. Al racionalizar la religión Kant se hacía un lugar en esa tradición, pero su
capacidad "conspirativa" le permitió establecerse sólidamente en el pugilato por el poder epistémico que sus
colegas sostenían en la universidad bajo el pretexto del purismo de la fe. Kant hace explícita la lógica del discurso
de autoprotección: la fe es ajena a la razón como la Facultad de Teologí a la Facultad de Filosofía. En cuestiones
filosóficas la razón puede hacer cualquier cosa pues no afecta ni a la religión ni a la política; entonces, una de las
principales pruebas de amor a la disciplina que puede dar un filósofo es no inmiscuirse en problemas vinculados a
la iglesia o al gobierno. Es el mismo argumento autodefensivo que muchos escritores y artistas utilizaran después
en los contextos totalitarios; comunismo y prusianismo, como afirmó Spengler y concediera Hayeck, comparten
estrategias a veces muy próximas.

Indices claros de que las fronteras que pone el discurso autoprotector funcionan como un elemento legitimante de
la práctica profesional, lo tenemos en algunos reclamos de la comunidad intelectual cubana del momento. Los
escritores, por ejemplo, no dejan de recurrir a argumentos e incluso argucias para mantenerse al margen de una
política con pretenciones totalitarias. El “escritor comprometido” (modelo que el prof. Roman de la Campa alcanzó
a conocer muy bien en cierta etapa del socialismo cubano) se ha reinventado como “artesano” del oficio o
“académico” que es capaz de situarse al margen de los intereses de la política. Hay tretas tan socorridas como
infantiles para esquivar el compromiso político. Este sería, en general, un modelo de diálogo entre un periodista y
un escritor cubano: “P: ¿Qué me puede decir de la realidad cubana?. R: ¿Qué entiende Ud. por realidad? ”. En el
complejo mecanismo de autojustificación que asiste a los seres humanos, este ardid se reconvierte el habilidad e
incluso en inteligencia. Otro ejemplo. Cualquiera que haya estudiado las estrategias culturales totalitarias de corte
bolchevique, sabe que se llamo “reserva amarilla” a una sección de las bibliotecas donde se ubicaban libros de
acceso prohibido. Pues bien, después de caído el muro los funcionarios culturales no han reconocido esa
restricción como un error en el sentido de la pérdida de la libertad, sino que han reinventado el evento como una
táctica de las fuerzas “puras” de la inteletualidad para proteger a ciertos autores de un sector extremista del
propio totalitarismo; de militares y policías, dicen ellos.

Años después el joven Marx revelaría el trasfondo del protocolo universitario  kantiano: a diferencia de Inglaterra
donde las polémicas teóricas-ideológicas dejan ver los intereses concretos, en Alemania no se discute de política y
economía directamente, sino traduciendo el diálogo en códigos religiosos y filosóficos que velan el asunto. Bastaría
que Marx universalizara esa diafanidad británica, para que cayera en cuenta de lo que se dio en llamar
"materialismo histórico".

Es en esta tradición donde puede comprenderse el verdadero alcance de las tesis que ha venido proponiendo el
prof. Roman de la Campa en sus últimos trabajos. Tenemos una existencialidad implicada en el tema cubano y una
carrera intelectual que tiene por objeto, básicamente, la realidad latinoamericana desde la perpectiva de la
universidad norteamericana; aun cuando se tenga el cuidado de reconocer más o menos regularmente esa
realidad latinoamericana “en vivo”. En consecuencia, se cuenta con una participación directa en la fabricación de
esa visión y una comprensión de los giros y rectificaciones que experimenta. Giros y rectificaciones que se
relacionan con una estructura institucional en una complaja interacción de causa-efecto. Las definiciones
intelectuales que en este contexto se dan no pueden entenderse, como en época de Kant, al margen del tejido
institucional de poder epistémico.    

III

Operando con una "noción" o incluso una "impresión" (más que teoria exacta) de lo que es (o puede ser) América
Latina, podemos distinguir algunos órdenes del problema. Esto permitirá ubicar los intereses reflexivos del prof. De
la Campa. Así tenemos:

1-Un primer orden que podemos calificar de "substrato". Es lo que suele llamarse "realidad"; la creencia en un
ámbito que es efectivo con independencia de su propia representación. Más que una idea, se trata de una
convicción ontológica.

2-La representación que existe en Latinoamérica de lo que es Latinoamérica misma. Orden muy heterogéneo, que
abarca las representaciones académicas y populares, narrativas, simbólicas, artísticas, orales, etc.

3-La representación que existe en los Estados Unidos de la Latinoamérica, académica y no académica; que puede
formarse pretendiendo el orden 1 y/o el orden 2.

4-Produccion y reproduccion de lo latinoamericano en los Estados Unidos, dentro de la academia en forma de
"produccion discursiva" en un determinado "campo de estudio"; y en un sentido mas general (que incluye lo
academico mismo) como parte de una regeneracion cultural transgeografica en sentido inverso.

En sentido general el trabajo del prof. De la Campa se localiza como una producción discursiva en el área de
estudios latinoamericanos en el ámbito de la academia norteamericana, pero que recorre y participa los cuatro
ordenes mencionados. Su actitud es tanto reflexiva como vivencial, y no deja de contemplar interesantes capítulos
de participación activa en la performatividad politica de los mismos.

Ahora bien, el centro emisor de sentido discursivo en dos de sus últimos libros lo constituye el propio campo de
estudios latinoamericanos en la academia norteamericana; es ese, como diría Hegel, el camino estrecho que le
permite la remisión a un mundo ancho. Esta perpectiva es explícita en el libro AMERICA LATINA Y SUS
COMUNIDADES DISCURSIVAS (Venezuela, 1999), cuyo   último capítulo, titulado "Nación, exilio y diáspora: un
testimonio" anuncia, al elegir la clave autobiográfica, el más reciente CUBA ON MY MIND (JOURNEYS TO A SEVERED
NATION) (London, 2000).

Revisando el trabajo de otros profesionales del "campo de estudio" en cuestión, me atrevo a decir que la obra del
prof. de la Campa se desprende del interés histórico. En este sentido, y lo que voy a afirmar es muy visible en sus
recientes criterios sobre el tema cubano, su perspectiva es más "ilustrada" que "romántica". No obstante, habría
que discutir hasta que punto lo "biográfico", que en su caso es fundamental, no constituye de hecho una versión
sintética de lo histórico. Esto sería como reconsiderar la conocida unidad entre ontogénesis y filogénesis, llevada
aquí al límite del estudio de lo "inmediato".

Entre las vertientes mas fructiferas (intelectual y mercantilmente hablando) de la historiografia contemporanea se
encuentra esa que el estudioso frances Jean Lacouture identificara como "historia inmediata". Gran biógrafo,
Lacouture considera al relato de vida una forma legitima de hacer historia; ya no de "larga", “mediana” o "corta"
duracion, sino historia puntual, efimera; en fin, "inmedita". Si se establece un consenso en torno a esta hipotesis,
pues tendría que reconsiderar era carencia de dimension histórica que percibo en los trabajos del prof. de la
Campa; particularmente en los que se refieren al tema cubano, pues la biografico calificaria también dentro de lo
historiografico. Pudiera ser que la historia que le interesa es esa misma que refrenda el historiador frances, y que
para el se presenta en clave personal, mas exactamente, autobiografica.(6)

De la Campa tiene en cuenta, pero no asume centralmente, la interrogante "¿Qué es America Latina?" que
muestra, como diria Jurgen Habermas, un afan de verificacion o autocercioramiento tipicamente moderno. Se
concentra en el discurso que adjunta ese bloque heterogéneo que identificamos como Latinoamerica y que en el
contexto postmoderno ha hecho metástasis en el mundo global. Para el prof. de la Campa es de maximo interes el
discurso (filosofico) cultural de la latinoamericanidad; diferenciado por superacion de lo que tradicionalmente se
llama "latinoamericanismo", un sentimiento historico atravesado por la culpa.(7)

En un valioso ensayo titulado "El epitafio de Saco", Rafael Rojas se defendia a principios de los años `90 de la
acusacion que un ideologo cubano le hiciera de "neoanexionismo". Rojas, en efecto, despejó las dudas. Pero lo
interesante de la riposta no es que se distanciara del anexionismo, sino que aclarara que él no era anexionista. Es
decir, lo importante no era defenderse de la acusacion sino de la falsedad de la acusacion. Paradojicamente, con
el castrismo el anexionismo ha pasado en Cuba de significar un dogma del catecismo moral de la politica a una
variable administrativa que exige argumentacion, tanto a favor como en contra. El prof.de la Campa radicaliza esta
logica y refiere sin remordimientos un universo latino que se ubica legitimamente (ya como un hecho consumado)
en el centro mismo del capitalismo postmoderno; que ahi produce y reproduce su cultura “latinoamericana”,
"identifica" sus valores en un espacio que no tiene, frente al "locus" original, que legitimarse como transitorio ni
arrepentirse como espacialmente dislocado.

De la Campa se construye como hablante, y esa construccion, a la vez, funciona como legitimación al convertir el
paisaje en un espacio cultural: "Mi acercamiento a este problema es academico pero ello no implica una distancia
inquebrantable entre mis enunciados y el objeto de estudio". (8) La universidad es una suerte de "patria chica"
desde la que se maneja el ansia que tiene "el otro" de acceder al "ser"; y el estudioso se impone un programa
minimo de etica que contempla, por lo menos, el acercamiento a "espacios de diferencia en vivo".(9)

Esa participación "en vivo" en la logica del objeto deberia reducir las distancias entre la cultura latinoamericana y
la re-construccion de esa cultura en los ámbitos academicos del primer mundo. Sin olvidar, claro esta, que esa "re-
construccion" participa en la definicion de la propia geocultura latinoamericana de manera activa;(10) quizas mas
de lo que los propios estudiosos suponen. En un articulo escrito y publicado en La Habana me he referido a la
forma en que se reinventa una sensibilidad en los espacios “alternos”, con el objetivo de lograr una sintonia
conveniente con esos ámbitos academicos norteamericanos que refiere el prof. de la Campa.(11)

Estas relaciones intelectuales han quebrado el sentido tradicional de la dicotomia centro-periferia; la formacion
dual, en general, se mantiene, pero hay un elemento de seduccion que minimiza notablemente el discurso de
redencion que se gestaba en la subregion. El "canon occidental" deja de tener connotación hegemónica cuando la
sensibilidad subregional se muestra ansiosa por inscribirse en él. (12) El libro de Eduardo Galeano LAS VENAS
ABIERTAS DE AMERICA LATINA contiene una de esas categorías cuya reconversión muestra el cambio de condición
en el sentido de la relación intelectual norte-sur, si así puede llamarse. En el mundo actual, la insersión de
profesionales latinoamericanos en la academia norteamericana no es de ninguna manera un despojo sino un
negocio mutuamente ventajoso; por demás, un índice de éxito desde el punto de vista de quien lo alcanza. La
sensibilidad postmoderna, inclinada a reivindicar voces marginadas, a dar historia a gente sin historia, empeñada
en una glorificación de los vencidos, debería dejar hablar por si mismos a esos científicos del tercer mundo que
trabajan en las grandes instituciones del norte; tampoco es legítimo usurpar el discurso de la “alternidad exitosa”.
Un gran profesor universitario proveniente del sur, resulta sin dudas todavía “alterno”, pero no “sub”.

La propia academia norteamericana, como ha sugerido el prof. de la Campa al destacar el horizonte nacional que
determina la representación de lo latinoamericano en Latinoamérica (casi siempre como ideología), es ya, de
hecho, un poder espiritual transnacional que no se agota en la dualidad norte-sur. Igual que no podemos decir
que la división Chevrolet de Buenos Aires es inocente respecto al capitalismo global por el solo hecho de ubicarse
en el sur, las instituciones “(sobre) alternas” en Santiago de Chile o La Habana participan de una posición (pre)
dominante en la emisión de discursos y en la repartición de prestigio; sobre todo aquellas que tienen legitimidad
como “multiplicadoras de ideas” producidas en los ámbitos metropolitanos.

La construcción de Latinoamérica desde la academia norteamericana, un dato importante en el "espacio en vivo"
de la vida en la subregión, posee algunos síntomas básicos. Entre los que señala el prof. de la Campa destacan los
siguientes:

-Trabajo con pocas incertidumbres políticas y con distancia de presiones nacionalistas. Vale la pena destacar que,
al menos respecto a Cuba, la estabilidad con que se efectua el trabajo intelectual es relativa. Pueden ponerse
suficientes ejemplos que muestran que en el interior de los propios EE.UU. uno no llega a librarse totalmente de la
sobredeterminación que en la isla actúa sobre la fabricación de discursos.

-Esos estudios se llevan a cabo con muchos más recursos financieros, hasta el punto que, según afirma el prof. de
la Campa: "...hoy se encuentran más profesionales dedicados tiempo completo a producir capital simbólico sobre
América latina en Estados Unidos que en todos los países latinoamericanos juntos." (13)

-La mayoría de los resultados en este campo se legitima en idioma inglés.

-La producción de discursos sobre latinoamerica en los Estados Unidos no toma en cuenta suficientemente a los
"espacios de diferencia en vivo".

Siguiendo la tradición "externalista" propia de la sociología del saber, que ubica la clave de la teoría fuera de la
teoria misma, el prof. de la Campa se atreve a hablar de una economía política del intelectual dedicado a los
estudios latinoamericanos (en Estados Unidos pero también en Latinoamérica), y se refiere al "auge" de este campo
de estudios en terminos de "nuevo mercado académico".

El citado libro AMERICA LATINA Y SUS COMUNIDADES DISCURSIVAS,  particularmente el capitulo segundo, aborda
el problema de la "economía política" de los estudios sobre Latinoamérica; pero el autor expone sus tesis con una
radical claridad en un ensayo posterior titulado "América Latina: confección y marketing de un campo de
estudios". (l4)           

IV

No tengo, como el prof. de la Campa, un conocimiento cabal del proceso de conformación de estos campos de
estudio que, como es manifiesto, se produce en un complejo sistema de intereses epistémicos. Pero si puedo hacer
notar que los mecanismos de recepción de estos estudios en algunas áreas académicas de Latinoamérica también
están regidos por las reglas del marketing, para no hablar ya del poder político explícito.

He tenido la oportunidad de formar parte de varias mesas de diseño de programas de intercambio con algunas
universidades norteamericanas y españolas. En este último caso, por ejemplo, se sabe que el financiamiento
proviene de instituciones políticas y financieras interesadas, al menos en Cuba, en crear un ambiente propicio
para las inversiones económicas. Las inversiones culturales, según se evalúan estratégicamente, deben dar
cobertura a un despliegue económico que garantice a su vez la hegemonía histórica una vez lesionada. Así, un
proyecto cubano debe seducir reactivamente a la parte española sugiriendo la posibilidad de construir una
"historia común" o un "pasado compartido". Se ha cuestionado, por ejemplo, si el ensayo de Manuel Moreno
Fraginals CUBA/ESPAÑA. ESPAÑA/CUBA no resulta demasiado prohispánico. Y en efecto, puede ser una de las
impresiones generales que deje su lectura; pero el resultado no debe evaluarse simplemene como un gesto de
complacencia hacia los españoles a proposito de la conmemoración de los sucesos del `98 en Cuba, es también,
sin dudas, una "jugada de inserción" (Lyotard) que muestra una posicion activa en las relaciones intelectuales en
el contexto global.

En cuanto al ritual académico específico en que esta política de la episteme se plantea, se tienen en cuenta
muchas tretas para seducir al evangelizador  postmoderno. Por ejemplo: el uso de epígrafes pertenecientes a
alguna tradición cultural hispánica notable (en cierta ocasión a un profesor de la Facultad de Filosofía e Historia
se le ocurrio encabezar una ponencia con una memorable estrofa de La verbena de la paloma), satisfacción de
algunos intereses nacionalistas muy bien ubicados en la España actual (se auxilia a lo político en  su presentación  
como evento artístico-cultural), referencias libros de la comunidad académica en cuestión, proyectos de antologías
bicéfalas, etc.

En cuanto a Estados Unidos se suele exigir menos en términos políticos pues sus universidades tienen un mayor
grado de autnomía. No obstante, se sabe de los limites políticos en que se configura lo "académicamente correcto".
Como parte del ritual, en los espacios latinoamericanos “en vivo” se sabe que a los profesores norteamericanos hay
que ofrecerles datos de archivos, tablas estadísticas y referir la mayor cantidad de bibliográfica; si ese material se
estudio o no, ya es otra cuestión. No esta de más, por supuesto, sugerir la posibilidad de una salida a la práctica
de la investigación en cuestión, ya sea docente o política; alternativa que propiciaría la aplicación de encuestas,
cuestionarios, sondeos de opinión y otras técnicas sociométricas muy apreciadas en el referido contexto.

Por un tiempo crei que tales estratagemas eran cuestionables desde el punto de vista de una ética intelectual. Mis
dudas me llevaron a exponerle la situación a  una profesora universitaria norteamericana de mi máxima confianza,
quien me respondio: "Nosotros lo sabemos, pero tiene que ser así". En efecto, el purismo intelectual es obsoleto,
acaso alguna vez fue patrimonio de excepciones y no de reglas. Si no se moviliza un amplio conjunto de intereses
concretos que motiven a un amplio grupo de profesionales, se tornará muy difícil elaborar una política de
intercambio intelectual integral. Esto es apenas preocupante en un punto: la propia habilidad con que se fragua la
participación oportunista en la creación de los "campos de estudios" de la academia norteamericana, también
estaría  previendo sus mismas disidencias. La capacidad de contestación debe ser vista entonces como "función",
pues forma parte del plan. Si esto es así, resurge una vez más la gran interrogante de la Escuela de Frankfurt a
nivel de filosofía social: ¿cuáles son los límites del capitalismo tardío?; aún más: ¿tiene limites o es la forma natural,
autopoyética, que significa el punto de llegada de la organización humana?.

Resulta curioso que, mientras las facultades de sociología "estetizan" su estilo, abriéndose paso hacia el mercado
en forma de "arte" (estudios culturales, sociología cualitativa, estudios de vida, testimonio. Resultado: libros de
cocina, catálogos de turismo, consejos para adelgazar, libros de béisbol, historias del corazón), las facultades de
artes y literatura operen cada vez más con nociones propias de la economía política, de la empresa y de las
finanzas.

En su ensayo AMERICA LATINA: COFECCION Y MARKETING DE UN CAMPO DE ESTUDIO, el prof. de la Campa
comienza articulando nociones como "presiones de producción", "flujos comerciales", "producción escritural", para
acceder al estudio de un problema de reajuste académico, tanto intelectual como administrativo-institucional. La
situación es claramente descrita desde el comienzo; no es el  estatuto del saber sino su significación misma lo que
está ahora en discusión: "Los estudios latinoamericanos actuales engloban una amplia comunidad de discursos
difícilmente reconocible desde marcos disciplinarios tradicionales. Se observa un caudal de proyectos teóricos que
buscan redefinir el campo radicalmente, no tanto en torno a nuevas configuraciones de áreas geográficas o
encuentros interdisciplinarios, sino más bien en pos de una relación entre flujos conceptuales y comerciales". (15)

Tenemos un hecho: es constatable una nueva configuración académica en el área de los estudios
latinoamericanos; esa configuración ha sido el resultado de la relación concepto-comercio y no, como pudiera ser
lo normal, entre áreas geográficas o intercambio interdisciplinar. El resultado de estas tensiones es irreconocible
desde una perspectiva tradicional; como señala el propio prof. de la Campa, existe un "quiebre disciplinar", un
“implote”.

Una de las direcciones más visibles de estos "quiebres" es la atomizacion del campo en núcleos cada vez más
basicos y desvinculados (autoprotegidos, según la intención kantiana) entre sí. La aparicion de órdenes cada vez
mas fraccionarios y de menor rango es coherente con el "ambiente relativista" propio del populismo micrologista.
Esto significa, por otra parte, no solo la renuncia a una tradicion intelectual "universalista" de raigambre
grecorromana, sino ademas la ruptura con una vocacion "imperial" especificamente norteamericana que se había
hecho acompanar por un programa espiritual tendiente a situar a su cultura en relacion directa con los origenes
de la civilizacion occidental. En en marco de esta sensibilidad relativista, la postulacion de un "canon" no es una
posicion hegemonica sino una "reaction" (Hirschman), una decision "reactiva" y defensiva ante el asomo de una
nueva (pre)dominancia. En el contexto teorico europeo esto se hizo muy visible, por ejemplo, en la polemica que
durante una decada sostuvo Habermas con la tropa postmoderna; el filosofo aleman estuvo replicando a la
defensiva, como si al defender una "modernidad inconclusa" se hubiera aferrado a un valor superado y, por
supuesto, fuera de moda. La racionalidad es canonica; o viceversa, porque el canon, igual que la razon, implica
telos y objetividad. Es decir, capacidad para medir y establecer, a pesar de Spengler, que todas las criaturas no
estan a la misma distancia de Dios.

El postmodernismo, a traves del relativismo, lleva a la equivalencia de los discursos. Ha dicho una verdad
incompleta: todas las criaturas son, efectivamente, iguales... pero solo a los ojos de Dios.

El influjo postmoderno en la redefinicion disciplinar es perceptible en la metastasis de las macrologias. Cada
investigador se ensenorea sobre un tema que funciona como disciplina y aspira a constituirse como
"departamento”. A estas alturas han logrado constituir una pequena red de investigadores afines, situado cada
uno en zonas bien distantes de su competencia intelectual; lo que sirve para manejar una legitimidad a nivel
interuniversitario global. En terminos de discusion cientifica esto significa un desplazamiento de la demostracion al
consenso, de este a la negociacion y despues al pacto. Es, como se ha dicho, el final de la supersticion cientifica
del positivismo.

Con mucho interes pude percibir esta tendencia en la Tercera Conferencia de Estudios Cubanos y
Cubanoamericanos celebrada en la Universidad Internacional de La Florida entre los dias 18-21 de octubre del
2000. Muy pocas de las mesas pueden ajustarse a una tradición curricular; quizás, la que intento "Relecturas" de
obras básicas de la literatura cubana; la dedicada a la Historia colonial y, por supuesto, la de estudios
económicos. La mesa en que participé, titulada "Repensando a la República", a pesar de ajustarse bastante a la
tradición intelectual en este tipo de estudios, dio sin embargo varias muestras de disposición a la permeabilidad
postmoderna. En este sentido fue muy interesante, por relacionar el oficio clásico de historiador con los nuevos
fraccionamientos  en la construcción discursiva, la posición de Alejandro de la Fuente, profesor de University of
Pittsburgh. Esta síntesis de tensiones opuestas, la novedad teórica y el oficio, es quizás la única propuesta
interesante en medio de este abandono de la gran tradición intelectual humanista.

Si descontamos foros como los citados, podemos decir que predominaron las perpectivas micrológicas en un grado
suficiente como para permitir hablar de un nuevo "paradigma" (Kuhn) en la concepción de los estudios de
sociedad. Varias mesas se dedicaron a los estudios de religión afrocubana, a la escritura femenina, a obras
específicas de la literatura, la música y el teatro en algunos de sus aspectos, así como dos dedicadas
explícitamente al estudio del "ajiaco" como metáfora de la identidad cubana: "Ajiaco a la Cubana and Beyond",
coordinada por el Dr. Carlos M. Alvarez, profesor de Florida International University, y "Sexualidad, mestizaje, y
relaciones amorosas en el ajiaco cubano: una mirada al siglo XX", coordinada por la Dr. Enid Lynette Logan, de
University of Michigan-Ann Arbor.

El proceso de atomización disciplinaria implica un "populismo epistémico"; da la impresión de que cualquier cosa
puede calificar como disciplina universitaria. Es un evento si no difícil, por lo menos si incómodo de contestar pues
la resistencia al mismo padece de veledidades ilustradas. La metástasis académica de las micrologías se presenta
con una apariencia de justicia intelectual, de democratismo, y sus cuestores son tomados como "elites"
usurpadoras de los discursos ajenos, política y académicamente incorrectos.

Paradójicamente, la usurpación discursiva en que caen muchas de estas nuevas "mónadas academicas" es aún
más escandalosa que la que efectivamente lleva a cabo la posicion universalista-ilustrada. Ello obedece a que el
despojo discursivo se produce en un orden situado más cerca de la "voz real". Por ejemplo, quien habla en nombre
del "pobre", como Cristo, es más inofensivo, por trascendental, que quien habla en nombre del "indio", como
pretendió hacer Miguel Angel Asturias y como hizo Rigoberta Menchu. El "pobre" está más lejos de un sujeto real
que el "indio", por tanto, el perjuicio es menos tangible y el despojo irreal.

Las micrologías de la raza, el sexo, la naturaleza, deberian probarse en el nivel de su consecuencia extrema para
que puedan verificar el grado de su consecuencia discursiva. Es un  viejo requisito de la lógica formal que, por
ejemplo, tampoco han podido sortear con todo el éxito deseable el nihilismo, el escepticismo y el anarquismo.

En 1844 Marx sostiene una aguda polémica con un grupo de amigos a quienes llama irónicamente, con ayuda de
su editor, "la sagrada familia". Bruno Bauer, un talento crítico que había iniciado a Marx en la filosofía en el seno
del "Doktor Club", procedía en filosofía a la manera alemana; es decir, tomando su especulación sobre la realidad
como la realidad misma. Marx objetó ese estilo insistiendo en que la clave de las ideas estaba fuera de ellas,
exigiendo en jerga hegeliana un "análisis concreto del objeto". En su obra LA SAGRADA FAMILIA (1844), que
concibió junto a Federico Engels, objeta a Bauer hablar, por ejemplo, de la "fruta", una entidad que cree
inexistente ante las frutas reales: la pera, la manzana, etc. Marx, efecto, tiene razón en lo que afirma, pero se
equivoca en lo que omite.

Es cierto que, frente a "fruta", que es una abstracción, "manzana" parece una realidad más tangible; pero
"manzana" no deja de ser otra abstracción o macrología que, aunque respecto a "fruta" representa efectivamente
un orden más concreto, es demasiado metafísica respecto a "manzana madura", "manzana del norte", etc. Algo
parecido conforma el trasfondo metodológico de los referidos quiebres disciplinarios. Si bien frente al esquema
marxista de "clase social" las representaciones de "negro", “asian”, “latin” o "mujer" son más especificas, estas
pueden atomizarse a su vez en otras; por ejemplo, "mujer" es un macrorrelato respecto a "cubana", y esta respecto
a "habanera". "Habanera" por su parte es una generalización que puede subdividirse según según la posición
clasista que ostentan en la vida de la ciudad. Así, al volver a la idea de "clase social", culminamos por el principio.

Lo que no observó Marx fue que al refrendar un enfoque más concreto se salía del circuito donde podía efectuar
un intercambio intelectual con Bauer. No se consigue nada tratando de mostrar, en distintos niveles de
abstracción, que uno es más legítimo que otro. Al no poder contrastar códigos de jerarquías distintas el resultado
es la incomunicación. En estas condiciones hay que acceder a moverse de rango, o aceptar una indiferencia
respetuosa.

Michel Foucault fue muy enfático en el cuestionamiento de la usurpación de discursos que se percibe tras la lógica
de la ilustracion. Hablar por otros es una veleidad presente en todo el proyecto moderno; es notable en el
programa educativo y la instrumentación de un sistema público de escuelas, para no hablar de los procesos de
evangelización (religiosa y atea) que adjuntan todas las variantes de colonización. Hablar en nombre de una
"clase" es ciertamente un despojo cuestionable, pero lo es también hablar en nombre de una "raza", de un
"género", de un "sector social" e incluso hablar en nombre de la naturaleza y de Dios.

Así, todo parece indicar que el unico estatuto espistémico para emitir una voz que legitima el postmodernismo es el
relativo a la primera persona del singular; de ahi que, como apunta el prof. de la Campa, en el ambiente
postmoderno se eleve la credibilidad narrativa del testimonio, la autobiografía, las memorias, el género epistolar y
esa forma administrativa de la confesión que es el informe; género en que J.F. Lyotard redacta el encargo
intelectual que le hizo hace un par de décadas el Consejo Superior de Universidades de Quebec: La condición
postmoderna(informe sobre el lugar del saber en las sociedades postindustriales). Este hecho sin dudas contribuyó
a que se haya desatado la polemica en torno a "el porvenir de la novela y la crisis de la ficción" , en la que
participaron con énfasis G. Steiner, M. Vargas Llosa, Salman Rushdie, Milan Jundera y otros.

El afan micrológico que propone la postmodernidad, y que se refleja como un "quiebre" en las disciplinas
académicas tradicionales, significa un obstáculo respecto al programa moderno de constituir una teoría con salida
a la práctica. La retórica postmoderna es válida en la critica a la ilustración moderna, pero sólo en el ámbito de
una teorización que cierra sobre si misma, que existe como "jugada". El propio J.F.Lyotard cuando desempeñó
funciones políticas se atuvo a criterios de acción tradicionalmente modernos. La crítica a la modernidad cuando
debe actuar lo hace de una manera vergonzantemente ilustrada. No hay, para el performance social, otra
alternativa que la modernidad ilustrada; ante ese hecho, no conozco actitud más edificante y a la vez suspicaz
que la de "pietas", propuesta por G. Vattimo.

El prof. de la Campa, es evidente, conoce cabalmente la crítica al proyecto ilustrado y a su programa educativo
contenido en el postmodernismo, pero su práctica académica (que es tanto intelectual como administrativa)(16) se
desarrolla generalmente al margen de esas objeciones teóricas. Una cosa es el contenido discursivo y otra, bien
distinta, la práctica del discurso. De ahi la paradoja que significa intentar una teoría postmoderna: el
postmodernismo trata de exponer de manera racional, sistemática y "objetiva" el cuestionamiento a la propia
racionalidad.

El propio "yo", como entidad sobre la que se constituye espistémicamente el testimonio, es ella misma "quebrada",
escindida. No es el "yo" el orden  inferior del relato posible; al contrario, el "yo" es uno de los metarrelatos más
tendenciosamente construidos por un autor. Hasta tal punto, que se ha revelado que cuando un escritor escribe
"generos testimoniales" ficciona más que cuando escribe "géneros ficcionales"; formalmente al menos, se supone
que su "yo" no esté comprometido en este último ámbito y puede exponerse con menos riesgo que cuando trabaja
en el primero. Y esto ocurre por igual en el "género testimonial" donde el "yo" funciona como espectador o en el
caso donde accede a ponerse como objeto de si mismo. De cualquier modo, como señala el prof. de la Campa, es
necesario seguir debatiendo el "estatuto literario del testimonio".

Algo ha sucedido para que un genero de expresion literaria tan tradicional como el "testimonio" sea tan discutido
en el ámbito academico. Y ya que lo que ha sido entendido y hasta "inflado" es un tipo de testimonio que trata de
montarse sobre la gran tradicion literaria, la comprension del fenomeno tiene que ver mas con la sociologia y la
politica que con teoria literaria y la estetica.

Este testimonio, que técnicamente es una suerte de recreacion literaturizada de la entrevista, busca innovar
sacando a la luz las voces de la subalternidad; es decir, la cara mas fea del "otro"; pero sin llegar a significar lo
políticamente incorrecto de la postcolonialidad. Como señala el prof. de la Campa, estos discursos mantienen la
distancia aséptica entre la realidad alterna "en vivo" y el centro emisor de sentido.

Al parecer, la comunidad académica prefiere "testimoniar” una subalternidad latinoamericana que asume como
discriminada, ligando la legitimidad a una zona específica de lo social. Este "requisito ontológico" es lo único que
justificaría calificar (apresuradamente) al género testimonial como de "izquierda"; el resultado es que al
entronizarse en los espacios disponibles en el nuevo poder epistémico, lo "izquierdista" deviene también un
fenómeno de marketing. Asi, el mercado se convierte en un mecanismo de discriminación discreta, un filtro sutil
que puede prescindir del más evidente "mcarthismo rosa". A la modernidad se la cuestiona entonces, como en su
momento hicieron Marx y Gobineau, desde la izquierda y desde la derecha.

El testimonio "multiculturalista" argumenta su formación hacia la "izquierda" por el tipo de realidad de que se
apropia; al convertir esa "realidad en vivo" (de la Campa) en un objeto de estudio se estable como poder y
discrimina en la academia como cualquier poder hegemónico lo hubiera hecho en política. Hay, de hecho, una
subalternidad académica, para no hablar de aquella intelectualidad que no ha podido inscribirse en ella ni
siquiera como margen. Uno de los pocos gestos de pudor que esa llamada izquierda académica ha mostrado, es la
modestia de no reconocerse como gran literatura. El ingreso en el gremio léxico de los "post", deja abierta la
posibilidad de incrustarle otros prefijos; asi, mientras  hablan de "postliteratura", otros prefieren hablar de
"subliteratura". Curiosamente, el Ministro de Cultura cubano Abel Prieto, que "per definitionem" puede considerarse
de "izquierda", ha sido muy pródigo en el uso del calificativo de "subliteatura" para referirse a estas
manifestaciones "post"literarias.

En su libro LO PEOR NO SON LOS AUTORES ( Taller de M.M., Barcelona, 1999), curioso testimonio sobrealterno por
esa excepcional participación que España tiene en lo europeo, destacada una vez por Américo Castro y hoy por
intelectuales criticos como Eduardo Subirats, Mario Muchnik revela los items que sirven a un editor para elegir que
autor vale la pena publicar y cual no según las "áreas lingüísticas". Todas las reglas del marketing editorial aplican
para la emisión discursiva que se hace desde las academias, más aún hoy cuando la propia sensibilidad
postmoderna establece zonas de reconocimiento y seducción situadas más allá de las fronteras universitarias que
interesan mucho al profesor.

Los espacios que resultan del "quiebre disciplinario" son afectados por el deseo de reconocimiento entre el amplio
público, pero también aquellas que se tienen por disciplinas mas apegadas al canon tradicional como la física
teórica, el derecho o la administración. Acerca de la escritura que se afianza en la academia en medio de esta
centrípeta sensibilidad postmoderna, y de la que el testimonio es un ejemplo visible, ha señalado el prof. de la
Campa: "...es un género compuesto por toda una serie de pactos escriturales entre autores, editores, locutores e
informantes que implica una condición profundamente imbuida por la confeccion literaria".  Al decir "confección"
se enfatiza en su carácter afectado, artesanal, manipulado. Claro, es justo que se ponga esta cota: "...también se
interesa por la particularidad subalterna de esos textos, es decir, los residuos coloniales en los cuales se encuentra
una historiciad indigena olvidada o desatendida por la crítica apegada a la postmodernidad más autorreferencial
de los textos del boom".(17)

Para alguien que ha estudiado con cierto detenimiento el devenir histórico y crítico de los sistemas filosóficos, es
curioso asistir a la conformación de un "sistema" de ideas. Al acumular uno sobre otros los estudios, diálogos y
textos del prof. de la Campa, es posible verificar la creciente complicidad entre las zonas intelectuales que
anteriormente se deslindaron analíticamente. Reincidiendo en una veleidad evolucionista (¿quién que es, no es
moderno?), el prof. de la Campa hace suceder dos ecuaciones de interes politico-disciplinar: el "estado(nacion)-
literatura" y el modelo "posnacion-posliteratura". Asi, este sistema de problematicas teoricas prepara un nuevo
"quiebre": la ruptura de la posibilidad cubana en terminos de pais politico y su desplazamiento como nacion
cultural; asunto este en que el profesor empieza a tomarse como su propio objeto testimonial, es decir, asume
abiertamente la clave autobiografica.

Estoy por creer que una conclusion semejante es metodologicamente posible solo desde la perpectiva "ahistorica"
que permiten los estudios literarios; mi experiencia en el marco de lo que podemos llamar historia de las ideas me
inclinan a creer que esa tesis es imposible de vislumbrar cuando la fuerza del origen se hace demasiado patente;
desplazandose de Fichte a Herder, y del paisaje a otro quiebre, esta vez geografico, se consigue desterritorializar el
concepto de nacion. El exceso de reverencia historica que caracteriza el paradigma intelectual de los "estudios
cubanos" (otro espacio académico sujeto a la "quiebra" o al quiebre), si exceptuamos un poco a los de tipo
económico y administrativo, impide avanzar sin prejuicios en una cubanidad cuya existencia diaspórica es ya
irreversible. Considero que sólo aceptando que lo que una vez fue urgencia política se ha convertido en condición
cultural, se podra evitar una "crisis identitaria" o una nueva andanada de culpas, cuando se agote por fin el
totalitarismo insular.

Los últimos trabajos del prof. de la Campa constituyen una suerte de descripción, con sabor a crítica y
complicidad, de una condición intelectual y administrativa que se derrama por el espacio social a traves de una
vocación individual. Aunque no es siempre explícito, ni caracterice el estilo de ejercer la escritura, estas reflexiones
son una verificación de la primera persona del singular; en cierta medida, una apología de la individualidad. Eso,
en la tradición filosófica, ha sido expuesto como un ideal normativo que, según Hegel, sólo satisfizo cabalmente
Sócrates: tener la vida en unidad con el principio.

Esa condicion emerge de una "implosión teórica" que lleva a un relativismo imposibilitado de radicalizarse en el
marco de la academia; un poder epistémico que, como poder, pretende la universalidad después que ya tiene la
universidad. Y la universalidad es abstracta, unilateral; es decir, muy poco relativista. Detras de todo ese proceso
esta un cambio en el equilibrio político de Occidente o, si se quiere, una consolidación de la correlación de
tensiones que se había insinuado hacia 1898 y que había previsto Tocqueville con anterioridad a esa fecha. De
cualquier modo, la gran teoría social siempre retorna; los derechos de las minorías se reivindican en un contexto
social que las incluye a ellas mismas y, por supuesto, a aquellas mayorías o minorías hegemónicas frente a las que
legitiman su afán justiciero. Las micrologías deberían preocuparse un poco más por el contexto teórico general en
que validan sus postulados; de lo contrario, puede suceder lo que hasta ahora se ha impuesto como tendencia
general: se encierran en los límites de la ideología.

Los núcleos disciplinares que resultan de esta "implosión", el resultado de la redistribución del espacio al interior
de esos ámbitos de estudio, tampoco constituye una tendencia intelectual muy coherente. De hecho, como revela el
prof. de la Campa, su heterogeneidad está condicionada por la dinamica de los intereses que determinan su
propia existencia: "Conviene notar que entre estos, más que alternativas esclarecedoras, hoy se reproducen nuevas
formas de engendrar y lanzar proyectos a un mercado académico cada vez mas necesitado de nuevas envolturas,
mercado que no siempre exige mayores distinciones entre estudios culturales, feminismo, marxismo occidental,
subalternidad, postcolonialismo, postmodernismo, performatividad, creación sin ficción, nuevas formas de hablar
por `el otro`, historias literarias y antologias representativas de todo lo anterior, y otros rótulos atendidos por
algunas editoriales universitarias." (18)

La conclusión sobre ese espacio académico en el que de alguna manera también participa el prof. de la Campa
no puede ser más sincera en el punto que se refiere a un autocercioramiento o autoverificación (en la más
genuina tradición moderna) de la propia individualidad: "Más que un campo de estudios, o comunidad de
especialistas, la nueva constelación de estudios latinoamericanos responde a una nueva lógica de producción
académica: promoción individual o de pequeños grupos y contínuo rendimiento de portafolios rentables de capital
simbólico".(19) En un ambiente de polivalencia radical, el relativismo se transforma en un dogmatismo de una
parte elevada a categoría de universal. La "globalización" se presenta aquí como un aumento del orden; también,
claro está, como un aumento de libertad. Pero a diferencia de lo que esperaba el liberalismo clásico, esa cuota
creciente de libertad adjunta una disminución de la responsabilidad. El proceso de deterioro del deber es
consecuente con una emancipación practicada en el infimo contexto de una asignatura donde "lo social" no
cuenta. Como apunta Gilles Lipovetsky, el deber acompaña a los dioses en el crepúsculo postmoderno. Aunque
claro, algunos desvelos intelectuales, como este que nos ocupa, demuestren lo contario; lo que sucede es que,
después de la crítica a la modernidad, a su proyecto ilustrado y los valores epistémicos de telos, racionalidad,
progreso, verdad, historia, asumir una actitud optimista roza el ridículo de lo académicamente incorrecto.

Sucede también que los críticos postmodernos están inmersos en una paradoja. La critica a la modernidad implica
una objeción a la ilustración y, por consiguiente, al proyecto educativo que se desprende de su propia lógica. Lo
más consecuente que deriva de una posición postmoderna y anti-ilustrada es el cierre de las escuelas y el
abandono de las universidades. Por suerte, queda la argucia del argumento de que la “consecuencia” y la
“coherencia” son tambien rezagos modernos que no tienen que observar los primeros postpensadores. Es decir, el
cuestionamiento a la ilustración lleva de la mano al cuestionamiento del espacio institucional desde el que se
emite. Dar clases, conferenciar, escribir y publicar libros contra la ilustración es un escandaloso contrasentido. Al
igual que al existencialismo y al marxismo, semejante, a la "decostrucción" del prof. de la Campa le asiste la
posibilidad de ser objeto de ella misma, toda vez que la exhibición del montaje del marketing de los "nuevos
espacios" de estudio no impiden ver que ese "streep tease" es también parte de la puesta en escena; que el
cuestionamiento post-academicista es igualmente académico.

Con su libro CUBA ON MY MIND el prof. de la Campa accede a un nivel de consecuencia razonable: el sujeto
emisor de sentido intelectual en la academia norteamericana se "subalterniza" en un espacio donde se ubica
como un yo tan imaginario como participante. Se incorpora e implota dentro de la "realidad en vivo"; la teoría
deviene memoria y el testimonio una vivencia intelectualizada por una primera persona donde convergen todos los
momentos del ciclo. Pero esto es ya un paseo con el profesor por las calles del Vedado, la Biblioteca Nacional, la
Universidad de La Habana, el Cementerio de Colón y el pueblo de Bauta. Una suerte de revancha donde el gestor
de sentido aparecerá como parte del testimonio en el poder del otro.

NOTAS Y REFERENCIAS:

1-A partir de este momento se me presenta un problema relacionado con el arte de nombrar. Roman de la Campa
ofrece, como  autor, dos atributos ordinarios y significativos a la vez: es un profesor y está vivo. Llamar a un escritor
cubano, amigo por demás, “profesor”, corre el riesgo de parecer en exceso solemne, además de recordar aquella
preferencia lezamiana (falaz por cierto) por ser considerado un “maestro en broma” antes que un profesor, sobre
todo si es “en serio”. Decido conservar esa “distancia” porque un intercambio intelectual obliga a poner las lindes
en un lugar adecuado. No creo en la necrofilia como filtro infalible de la calidad intelectual. Me gusta hacerme,
como los filósofos alemanes que construyen la universalidad en base a la familiaridad, de un universo referencial
tangible y me encanta citar a mis amigos. Amo la inteligencia de los seres cercanos y, por demas, cada cual tiene
los contemporaneos que se merece. Cuando se aplican criterios bibliometricos a la obra monumental de algunos
profesores y eruditos comprobamos algo esencial: un enorme prociento de los trabajos referidos y autores
criticados pertenecen a un contexto cercano, casi inmediato; se adelanta mucho apelando a la “cultura en vivo”,
es decir, asumiendo sin complejos las fuentes directas que ofrece la conversacion, el dialogo agil y la confesion
profesional.

2-Ver: de la Campa, Roman. “La dimension espectral de lo inconmensurable: relecturas de Rulfo”. En: Revista
Canadiense de Estudios Hispanicos. Vol.XXII, 2 Invierno 1998.

3-Durante los años `80 humanidades estaban aun de moda en la sensibilidad del socialismo cubano, algunas
Facultades de la Universidad de La Habana, como las de Geografia y Psicologia coquetearon con la idea de que
sus disciplinas eran mas “sociales” que “naturales” o “exactas”. Pero con la despenalizacion del dolar y su entrada
al centro mismo de la vida universitaria, el propio Consejo de Estado se, mientras las vio en la necesidad de regular
los manejos de los profesores en el ambito de lo que se conoce en la isla como “relaciones internacionales”. Asi, se
circulo una resolucion muy restrictiva con el area de ciencias sociales (asociada por algunos informes con la caida
del comunismo en la Europa del Este) y mas flexible con el area de ciencias exactas y naturales. Frente a esta
nueva realidad, aquellas facultades rectificaron la estrategia y   dirigieron sus esfuerzos a legitimarse en este
segundo grupo, con mas movilidad dentro de la supervision politica. “En fin de cuentas, Freud era un medico”, dijo
en una ocasion un amigo muy suspicaz.

Esto ilustra que, a su manera, en el contexto totalitario cubano las jugadas de legitimacion universitaria tambien
tienen en cuenta los procesos de “marketing”.

4-Gomez Caffarena, Jose. “Estudio introductorio” a: Kant, I. La contienda entre las Facultades de Filosofia y
Teologia. C.S.I.C. y Editorial Debate S.A. Madrid, 1992. pp.XXXV-XXXVI.

5-Kant, I. Op.cit. pp.56-57.

6-Ichikawa, E. “Un comentario a La Historia Inmediata”. En: La Historia y el Oficio del Historiador. Ediciones Imagen
Contemporanea, Univ. de La Habana, 1996.

7-Sobre este asunto puede colsultarse el libro del prof. de la Campa titulado Latin Americanism (University of
Minnesota, 1999). Tambien se recomienda el ensayo “Norteamerica y su mundo latino: ontologias, globalizacion,
diasporas” En: Apuntes postmodernos, vol.8, USA, falls 1999-spring 2000.

8- Ver: de la Campa, Roman. America Latina y sus comunidades discursivas. Coleccion La Alborada, Fundacion
Centro de Estudios Latinoamericanos Romulo Gallegos, Venezuela, 1999. p.3.

9-Ibid. p.6.

10-El termino “geocultura” es muy cómodo para referir a esa dimensión civilizatoria que se acumula en un area
geográfica determinada. Aqui la configuración espacial es restrictiva y no admite especulaciones en este sentido.

11-Ichikawa, E. “Estudios postcoloniales y pensamiento postcolonizado”. El Caiman Barbudo. La Habana, 32-edic.
293.

12-Ichikawa, E. “La sutil comunion con la cubanidad”. Artes y letras. El Nuevo Herald. 5 noviembre, 2000.

13-de la Campa, R. Op. cit. Venezuela, 1999, p.5.

14-Ver: de la Campa, R. “America Latina: confeccion y marketing de un campo de estudios”. Revista de critica
literaria latinoamericana. N.51. Lima-Hannover, 2000.

15-ibid.p.177.

16-La propia edición de Cuba on My Mind (Londres, Verso, 2000) lo presenta formalmente como: “chairs the
Department of Hispanic Languages and Literature and the Program on New American Studies at the State
University of New York”.

17-de la Campa, R. “America Latina: confeccion y marketing de un campo de estudios”. Edic. Cit. p.179.

18-ibid. p.186.

19-ibid. p.185.

Emilio Ichikawa-Homestead, nov.2000