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Breve comentario sobre el tema “Miami en la prensa; la prensa en Miami”.*


En una nota publicada en El Nuevo Herald (Martes 11 de enero-2005), el director de ese periódico, el Sr.
Humberto Castelló, al anunciar la apertura de una sección regular sobre temas de educación, introduce
un párrafo de interés conceptual acerca de la naturaleza del periodismo. Dice ese párrafo:

“Los periódicos, a diferencia de los manuales de instrucción o de los catálogos, que tienen vida limitada
aunque larga duración, son un instrumento de aprendizaje y estimulante debate que imponen las
circunstancias y las nuevas ideas de cada día. En otras palabras, el ejercicio del pediodismo exige un alto
sentido de autoinstrucción continua.”

Hagamos un análisis del texto anterior:

1-Los periódicos se diferencian de los manuales de instrucción y los catálogos.

En principio se puede aceptar esta diferenciación; es más, parece hasta una evidencia. Pero son posibles
algunas marginalias:

1.a-Un manual de instrucción es un texto normativo, quizás imperativo o por lo menos de recomendación
muy fuerte. El periódico, respecto al manual, se mueve más en el nivel “propositivo”, aunque hay que
decir que leyendo el periódico con “suspicacia”, sobre todo un periódico que, como El Nuevo Herald,
apenas posee competencia en la comunidad, uno puede pulsar el “estado de ánimo” general, el
“ambiente”, las pautas de lo “(micro) políticamente correcto” y, con algún riesgo, imaginar lo que el buró
editorial considera como “deseable”. (1)

1.b-La proposición “Un periódico no es un catálogo” (y su contradictora: “Un periódico sí es un catálogo”)
la cambiaríamos por una más ajustada a la realidad: “Un periódico no es solamente un catálogo”.

La prensa cataloga, de manera intencional o no, pero lo hace; es un centro distribuidor de prestigio,
satisface y oferta cualidades, estatus. Sugiere lo que puede resultar canónico: en la dieta, la jardinería
(actividad que, por cierto, Kant consideró en su Crítica del juicio, junto a la decoración), las artes, los
deportes; hasta las calamidades.

Un ejemplo. El Nuevo Herald, en su edición del pasado sábado 9 de este mes de enero, publicó en su
portada y su página segunda un extenso artítuco titulado “Feria prolonga la fiebre del arte”. (2) El texto
estaba acompañado de cuatro excelentes fotos de Pedro Portal.

Se insiste cada día con más frecuencia (y creo que se habló de esto en el encuentro anterior del Grupo
Este-Oeste convocado aquí mismo por el profesor Alfredo Triff) en que Miami no es solo una comunidad de
cubanos, incluso, que no es ya “básicamente” cubana; se afirma además que, en lo que de cubana tiene,
no predomina en este segmento lo político sino lo cultural. Pues bien, de las cuatro fotos referidas, es
decir, el 50% de las imágenes, están referidas a artistas cubanos. Una muestra una instalación y un
carboncillo sobre lienzo de gran formato del pintor Kcho, residente en La Habana (3), que refiere el tema
de los balseros; otra, un gran formato del pintor Ismael González, un tema de paisajística urbana,
expuesto por la Galería Cernuda; que no se inscribe en Art Miami por por la ciudad de Coral Gables, por
lo que temo que me estoy decantando del tema de hoy.

Todos hemos visto trabajar al fotógrafo Pedro Portal. Lo hace a veces a dos, tres cámaras, por lo que
imagino que fue esa una selección muy especial hecha por la redacción a partir de un cuantioso
material fotográfico.  Por demás, tanto la Galería Juan Ruiz, de Zulia (Maracaibo, Venezuela), que
representaba a Kcho, como la Galería Cernuda, que representaba a González, casi ocupaban los mismos
metros cuadrados en el Miami Beach Convenction Center.

Bien, ¿hay aquí “catalogación” o no la hay?, ¿tiene la selección alguna implicación más allá de lo
estrictamente artístico o no la tiene?.

El periódico no es un catálogo, pero también cataloga. Yo creo que, desde el punto de vista axiológico, El
Nuevo Herald es algo más que un simple periódico de la comunidad.   

Pero sigamos analizando el párrafo del Sr. Castelló.


2-Los manuales y catálogos tendrían dos características aparentemente excluyentes:

2.a-Vida limitada.

2.b-Larga duración.

Es cierto, la propuesta de lo que “durará largamente” es, en tanto propuesta, ella misma efímera. Lo
sempiterno cambia de contenido con más celeridad que lo que prescribe: la cualidad de eternidad se le
ha ido otorgando a cosas que mueren con rapidez. La tendencia historiográfica francesa conocida como
“longe dureé”, padeció precisamente de ese paradójico síntoma.

Los periódicos, por su parte, y sigo citando al Sr. Castelló:

2.c- “…son un instrumento de aprendizaje y estimulante debate que imponen las circunstancias y las
nuevas ideas de cada día”.

Esta frase la sub-analizaría a su vez en dos elementos:

·        “los periódicos son un instrumento de aprendizaje y estimulante debate”. Aquí dejaría de lado el
enfoque de la instrumentalidad como “medio” y me centraría en su sentido de “técnica”, de auxiliar
curricular. Este rol lo cumplen con creces algunas secciones del periódico citado; entre ellas destaca, por
ejemplo, la titulada “Bien dicho”, que aparece regularmente en la página 3A de El Nuevo Herald, y que
constituye una suerte de lección de lengua castellana a domicilio.

·        La nota del Sr. Castelló acota que este rol de “instrumento de aprendizaje” e “instrumento de
debate” lo puede cumplir la prensa atendiendo a una inclinación que imponen las circunstancias y las
nuevas ideas de cada día.

Se trata, en efecto, de una “imposición”; hay también en la prensa (lo sabemos desde Churchill, Hertz y
Kane) razones de fuerza mayor que rigen con la puntualidad de lo cotidiano.

En cuanto a “lo nuevo” en la prensa, hay que decir que es un concepto muy polémico que se puede
discutir en otra occasion. La noción de “lo nuevo”, como un algo encontrado o como inducido por la
redacción, es a su vez de lo más viejo en el periodismo. En este sentido, uno de los museos más
interesantes por su concepción que se puede visitar en Washington es en Newseum; se trataría, desde el
punto de vista disciplinar, de una suerte de arqueología del instante.

Los periodistas, no obstante esa “novedad del día a día”, han invadido los espacios académicos, los
temas que antes se reservaban a teólogos y filósofos; incluso, han usurpado el normativismo ético de
curas y moralistas y el poder de los políticos.

Ante estos nuevos roles y desplazamientos aumenta la responsabilidad de quienes usan el espacio
público; en este sentido, habría que suscribir las palabras con las que el Sr. Humberto Castelló cierra el
texto en cuestión: “el ejercicio del periodismo exige un alto sentido de autoinstrucción continua”.

En un interesante estudio biográfico sobre Allan Greenspan, Director de la Reserva Federal, este dice
acerca de los periodistas: ya no podemos seguir dándoles la misma bobería que antes; ya no se
conforman, de verdad que han estudiado bastante.

Muchas gracias.



NOTAS:

1-La comunicación inicialmente preparada para este encuentro se titulaba Microfísica del poder y “peer
pressure” en la prensa, y trataba de  reflexionar  acerca de dos axiomas o prejuicios:

a-El “deber” ético del periodista es criticar al poder.
b-La expresión cumbre de esa crítica es la que se hace al presidente de Estados Unidos, el cual se
sobrentiende como el poder de los poderes.

Consideraba en ese texto que sendas afirmaciones soslayan por lo menos tres aspectos fundamentales:

a-El sabor a disculpa que tiene una formulación aparentemente beligerante, por ejercer la crítica al
presidente del país bajo la excusa de un imperativo moral; a saber, de la obligación y fatalidad de unas
reglas de oficio.

b-El olvido de que la prensa misma es un poder y debe acceder a su propia autocrítica; es decir, debe ser
capaz de revelar los límites de su competencia.

c-El ocultamiento de los conceptos de “microfísica el poder” (que divulgó como nadie M. Foucault) y “peer
pressure”; ejercicio que le hace obviar esta sentencia: la única crítica al poder que hace méritos (si es
que es un mérito criticar al poder), es aquella que se enfrenta a un poder que realmente puede
perjudicar al sujeto que critica.

Una crítica al presidente, a Dios o al Diablo suele quedar generalmente demasiado alejada y es inofensiva
para quien la ejecuta. En este caso, criticar a Bush es menos riesgoso que criticar al director del
periódico, al jefe del departamento, al redactor de una revista.

En el caso que refiere el propio Sr. Castelló hay que reconocer que para un maestro, incluso para un
periodista, será menos arduo criticar al Secretario de Educación, al Director de la Bibioteca del Congreso
o al Director del New York Times, que criticar al propio Sr. Castelló, o esas autoridades que cita en su
nota: el Dr. Rudolph F. Crew (Superintendente de la Junta Escolar), el Dr. Eduardo Padrón (Presidente del
Miami-Dade College) o el Ing. Modesto Maidique (Presidente de la Universidad Internacional de La
Florida).  

2-Ese titular: “Feria provoca fiebre del arte en Miami”, me recuerda el olimpismo de aquellos con que la
prensa cubana cubrió la visita del semiólogo ruso Iuri Lotman a La Habana. Uno decía: “Iuri Lotman: el
rey de la semiótica”; y otro resumía: “Iuri Lotman: un fuera de serie”. El profesor Jorge de la Fuente puede
dar más elementos acerca de los términos de esa visitación.

3-A pesar de que la modernidad y sus derramamientos históricos puede verse como un intento de fundar
campos autónomos, esta autonomía debe ser entendida como una cuestión normativa con un alto grado
de contrafactualidad. El arte, por ejemplo, nunca ha podido discurrir al magen de los elementos
mercantiles. De ahí que se vea obligado a operar con “jugadas de marketing”, con “fintas de inserción”,
aún en el caso de sociedades muy cerradas.

Por ejemplo: el arte cubano de los `80 fue político entre otras cosas porque en esa década, sobre todo en
su segunda mitad, lo político era comercial. Hoy la cuestión se ha revertido: lo que es comercial es el
apoliticismo; al menos su declaración. Puede hacerse también un enfoque inverso: el mercantilismo tuvo
en los `80 un sentido político, igual que la contramodernidad altruista del no-dinero y el desinterés.
Estos estados, de los que hablo aquí en dimensiones de pasado y presente, pueden estar sujetos a
nuevas muertes y renacimientos. Cuando haya que volver a politizarse alguien dirá: “Yo siempre lo fui,
miren lo que hice en los `80”.

El “marketing político” puede percibirse en varios gestos. Por ejemplo, en nuchas   instituciones de la isla
suele llamarse “ochentoso” al arte de marcado mensaje social, aún cuando no alcance lo político. Si tiene
“onda responsable”, aunque se haya realizado en el 2005, es “ochentoso”.

Como parte de ese “marketing  a-político” algunos pintores han decidido empezar a escribir en sus
curriculums que están “basados” (based) en el sur de La Florida, en New England, en M. Lakes, Little H. u
otro topónimo de difícil identificación. Otros, por la misma razón, indican en sus CV que viven “entre La
Habana y Miami”, “entre Toronto y Camaguey”, “entre NYC y Guantánamo”. Como no se ha precisado la
extensión del tiempo” que legitima una residencia compartida a dos patrias, pues bastaría técnicamente
con una escala en un aeropuerto de la isla para aseguurar, sin mentir, que uno vive entre el “dentro” y el
“afuera”.

Estos son temas que he tratado y, en lo fundamental, debo a un intercambio intelectual con el artista
Glexis Novoa. En una reciente entrevista (Glexis Novoa: el pesimismo creativo-Inédita) Novoa dice al
respecto: “El término `ochentoso` alude a las obras contemporáneas de artistas cubanos que tartan
temas politicos o socials, con rasgos irreverentes o contestatarios, en referencia directa a una parte de la
obra producida durante la década de los ochenta. Funciona como un adjetivo peyorativo, para esta
producció, que qrriesga oportunidades, Mercado y el establecimiento en la oficialidad cultural.”


Emilio Ichikawa.
Kendall-enero, 2005.

*Estas palabras fueron leídas en el Teatro Tower, como parte de la reunión del Grupo Este
Oeste-Miami Dade College, coordinado por el profesor Alfredo Triff, en la noche del jueves, 13
de enero-2005.