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| Cincuenta años de estudio de la filosofía en la República. (Un articulo en Bohemia de Medardo Vitier). Cuando a mediados de los anos 90 me pregunte para quien quería escribir, que franja social en Cuba me interesaba como continente de potenciales lectores (en su Fenomenologia del espíritu Hegel le decía sencillamente "publico") para mis trabajos, se me ocurrió significarle como "publico de El caimán barbudo". Según mi experiencia personal, en el caso cubano no vale la pena esperar lecturas amables por parte de los colegas de profesión; menos aun de aquellos que comparten con uno la misma zona de distribución de prestigio. Tengo, ciertamente, críticos muy amables y agudos entre compañeros de oficio, pero lo explico por una sencilla razón: el ejercicio de esa inteligencia esta mediada por la experiencia de una profunda amistad. Pero además de ellos, existe también un publico de profesionales, especialistas y técnicos con una vocación humanista muy interesados en los temas de la cultura y en las diversas ramas del saber. Cuento además a gente sencilla que gusta de la lectura, cristianos ilustrados, masones curiosos, santeros y paleros amables, ateos perplejos, pequeños propietarios, militares, amas de casa de una refinada sensibilidad. Es un publico más numeroso y, lo que es más importante todavía, mas franco. Es a ese espectro al que yo como escritor aspiro, y es al que llame "publico de El caimán barbudo". A veces, cuando estudio publicaciones de la etapa republicana, veo a este tipo de publico como participe de una historia intelectual de plena vigencia. Le llamo entonces "publico de la revista Bohemia". Es por eso que me resulta significativa la publicación en esa revista de un importante articulo de Medardo Vitier que es un optimo compendio del estado del filosofar en la isla hacia mediados de siglo; cuestión que ha recibido las mas disimiles valoraciones. Se titula Cincuenta anos de estudio de la filosofía en la República (Bohemia, 10-V-53) y, como se aprecia, es el mismo titulo que he escogido para esta nota que entrego al Boletín del Centenario de la República. En ese titulo vale la pena significar dos guiños importantes. Es curioso que Medardo Vitier se decida a compendiar el ámbito de producción filosófica en "la República" en los limites del ano 1953, dejando entrever implícitamente el grave problema que significa contemplar el ano 1952, el del golpe de estado de Fulgencio Batista, como un lindero legitimo dentro de la vida republicana. En segundo lugar, al hablar de "estudio de filosofía" y no de "filosofía" con toda resolución, demuestra una ya tradicional cautela en el tratamiento de una cuestión tan esencial como es el estatus filosófico de la cultura cubana; es decir, la indagación por el verdadero rango intelectual de nuestros discursos reflexivos. Es la flexibilidad de esa indefinicion la que le permite vertebrar un interesante archivo de los empenos filosoficos cubanos en la República. Como ya nos habia acostumbrado Medardo Vitier en sus anteriores libros sobre historia de las ideas en Cuba, en este articulo desliza juicios que muestran valentia, sagacidad y notable independencia de pensamiento. No hay edulcoracion de la filosofia cubana al servicio de un "globero" nacionalismo; tampoco hay sintomas de ese provincianismo que se ejercita rebajando inmerecidamente el esfuerzo ajeno. Aun entre los medios intelectules cubanos de la actualidad, los jucios de Medardo Vitier son "matados por silencio" (Otto Ottmar dixit) porque avanzan mas alla del simple lugar común, de la autocomplacencia. Tengo fresca aun la objecion de un joven editor cubano a un ensayo sobre los "atrevidos" juicios historico- filosoficos de Medardo Vitier: "Me parece bien, pero no era lo que yo esperaba". ?Y que es lo que esperaba de un juicio libérrimo como el de este pensador cubano?; ?Acaso una mentira piadosa para seguir con el "globo" de que en la isla cubana se hace el pensamiento mas profundo del universo?." La imprevisibilidad, por demás, es una cualidad latente en los espíritus vivos; a las mentes creativas no se las ve venir. En este balance del filosofar cubano Medardo Vitier comienza asegurando que en los ultimos veinte anos del siglo XIX cubano no se llega a producir nada de relevante interes filosófico; salvo la aparicion de algunas revistas importantes y el libro de Sanguily sobre Jose de la Luz y Caballero. Son dos decadas desarticuladas del merito filosofico que la isla acumula en ese siglo, y que cierra con la publicacion en 1880 del libro de Enrique Jose Varona titulado Logica. Psicologia. Moral. Lo evalua Vitier como un libro organico; distanciado de ese camino util, pero relativamente fácil, que sigue marcando aun nuestros resultados bibliograficos en el campo de la filosofia: la recopilacion de ensayos. Vitier le llega a dar importancia en este caso hasta a un elemento que nos puede parecer superfluo: la extencion de la obra. Sucede con la filosofia cubana lo mismo que con su poesia: la extension, aun cuando sea ella misma nada mas que una gesticulación en aras del volumen, demuestra cierta capaciadad para sostener, o tratar de sostener la imagnacion mas alla del hallazgo feliz, de la ocurrencia. Vitier elogia el trabajo intelectual de Varona; nada hay entre nosotros, afirma, que asemeje a ese esfuerzo "…por su coherencia, su unidad y hasta por su extension." (Bohemia. 10-V-1953. Op. Cit. p.32) Pero le hace tambien una importante objecion. Segun cree, la gran carencia de Varona radica en su "infecundidad relativa": no incita, no multiplica, no deja discipulos ni "crea ambiente". Esa falta de continuidad de la filosofia llega hasta nuestros días. Quienes hemos experimentado cierta propension intelectual a fabricar un linaje filosofico en el marco de la propia "cultura nacional" estamos concientes de la arbitrariedad metodologica que a veces supone el encumbramiento de figuras y obras de calidad dudosa. Se abre asi un abismo entre la realidad y la intencion que puede sujetarse a soluciones bien dispares, segun se mire desde la perspectiva cientifica o moral-politica. A diferencia de lo que sucede en otros anbitos de las disciplinas sociales, como es el caso de la historia, los estudiosos de la filosofia en Cuba no "sientan catedra". Los profesores más brillantes de la Universidad de La Habana en los tiempos mas recientes (que conozco de primera mano) no dejaron seguidores; ni siquiera, y esto es penoso, afectos profundos que duraran mas alla de los cursos que debian impartir. Cierto es tambien que, en lo que concierne a la ensenanza de la filosofia en la Universidad de La Habana en el periodo revolucionario, los departamentos de esa disciplina han sido descabezados periodicamente, con un rigor que normalmente se utiliza para encarar al enemigo. Por demas, Varona fue el instrumentador de un plan de modernización de la universidad cubana que relego el trabajo filosofico en la isla. Cuestiona la enseñanza del latín y casi lo excluye de ella. Según Vitier, era este un viejo plan de Varona pues, hacia 1873, en la revista El fanal de Puerto Principe, publica un trabajo titulado "Carta sobre la reforma de la segunda ensenanza", donde incluye esta senera frase: "El latin se va". Pero con la reduccion de la ensenanza del latin Varona buscaba también cuestionar el "ambiente latino" en que se habia desarrollado la Universidad hasta ese momento. Al parecer existio una reunion entre Fernando de los Rios y varios intelectuales cubanos, entre los que Vitier menciona a Fernando Ortiz y Jorge Manach, donde el maestro espanol inquirio sobre la influencia de Varona como filosofo. Se hablo entonces una vez mas de su "infecundidad", cosa que de los Rios atribuyo a la indiferencia metafísica del llamado positivismo de Varona. En su articulo Vitier informa tambien sobre los pensadores extranjeros de mayor difusion; no solo entre estudiosos profesionales de la filosofía, sino también entre lo que llamo "cultura filosófica de los escritores". Vitier no consideraba ni a Sanguily ni a Montoro "filosofos" en sentido estricto, pero llega a reconocer la importancia de su obra literaria en este campo. Habla de la gran influencia de Nietszche hacia 1920; huella que marco profundamente el pensamiento de Fernando Lles. Entre los latinoamericanos menciona al argentino Korn y al mexicano Caso. Se queja el autor tambien de la precaria disposicion de libros de filosofia a principios de la Republica. Dice que no se podian encontrar muchas mas cosas que las re-impresiones de Varona. Pero refiere algunas piezas valiosas como el texto de Lógica del profesor Dr. Mateo Fiol, fechado en 1912; aunque aparecio anos despues, en la misma linea de trabajo, menciona el libro del profesor del Instituto de La Habana Dr. Gustavo Aragon y ya en 1944 la Lógica de Miguel Belande. Destaca además el trabajo del Dr. Arturo Echemendia, quien publica su tesis sobre Lucrecio en la (desaparecida para la fecha) Revista de la facultad de Letras y Ciencias. La introduccion de la filosofia en los Institutos de Segunda Enseñanza incito a la produccion de textos interesantes destinados a la ensenanza, como fue el libro de Mercedes G. Tuduri. El Dr. Jose Maria Velazquez publico (a partir de 1943) varios cuadernos dedicados a los cursos de Psicologia y de orientacion filosofica de estos Institutos. (En las Escuelas Normales no se enseñaba filosofía en un grado que amerite ser tomado en cuenta aquí). A pesar de que hace extensivo el descenso de la filosofía en las primeras decadas a la Universidad, hacia la fecha de publicación de este articulo (1953) asegura que podía verificarse un despertar del interés filosófico en Cuba; afirmación que ilustra con algunos ejemplos. Por entonces se hace con la cátedra vacante de Varona el Dr. Roberto Agramonte. Aunque los programas principales en que trabajo correspondían a la Sociología, se puede percibir en ellos un gran interés por la Teoría Sociológica General, disciplina que suele ubicarse en las fronteras de la filosofía social; además de interesarse por el estudio de figuras con autoridad intelectual en ambos campos. Al Dr. Agramonte se debió también en gran parte a labor de edición de la Universidad, que rescato importantes clásicos del pensamiento cubano como José Agustín Caballero, Varela y José de la Luz y Caballero. Aun cuando los prólogos a estos autores solían ser ejercicios de entusiasmo desmedido, es loable toda la labor de estudio y veneración que esas ediciones muestran. Se destacaron además los profesores Luis A. Baralt y Jorge Manach, quien es considerado aun hoy como el mas destacado profesor de Filosofía en el siglo XX de la Universidad Habanera. En la Universidad se inauguraron también cátedras de Filosofía de la Educación, en la que gano prestigio el profesor Emilio Fernández, y de Filosofía del Derecho, ámbito en que se dio a conocer la obra de Mariano Aramburo y Machado. En 1940 Carlos Azcarate y Rosell publico sus Estudios de Filosofía del Derecho, ubicada en la perspectiva del derecho natural. Vitier destaca la influencia de los exiliados españoles en dos circuitos básicos: el de la Universidad y el de los grupos informales. Dieron cursos en Cuba José Gaos, Joaquín Xirau, María Zambrano y Luis Recasens; además del consagrado Fernando de los Ríos, que había muerto en fecha cercana a la que escribe Vitier. Entre los que estuvieron a punto de visitar La Habana y no lo hicieron destaco por su influencia José Ortega y Gasset, del cual María Zambrano se presentaba como discípula. Aunque no llegaron a La Habana, fue considerado también el trabajo de Zubiri y Morente. De este dice Vitier: "Las lecciones de Morente, originadas en cursos de la Universidad de Tucumán, en la Argentina, han circulado mucho en Cuba…" (Ibid. p.35) Sobre la influencia de María Zambrano en los círculos filosóficos habaneros dice Medardo Vitier: "Casi diría yo que deja discípulos, si no en lo tocante a doctrina, al menos por la simpatía que logra en los grupos de sus cursos." (Ibid. p.35) Hacia 1953 existía ya en Cuba un grupo de instituciones que se interesaron en el cultivo de la filosofía; entre otras destaco ahora a la Sociedad Cubana de Filosofía, las Universidades, los Institutos de Segunda Enseñanza, la Sociedad Económica de Amigos del País, la Academia Nacional de Artes, el Lyceum, el Ateneo de La Habana (que tenia una Sección de Filosofía) y la Universidad del Aire, cuya gestión en el campo de las ideas sobrevive hoy en el conjunto de cuadernos que publico. A todas ellas se debe la génesis de una protoestructura que comenzaba a dar solidez institucional a la filosofía en Cuba; pero hay algo aun mas importante: crearon condiciones para que asomara en la isla un interés que, como ha dicho el mismo Medardo Vitier, permitía hablar de la puesta en marcha de todo un "ambiente" filosófico. Emilio Ichikawa. Long Island. Dic. 2001. |
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