Cuba 1902-1959: Un viaje por la República en sus libros

“raros”.


                                       
Para mi amigo Geandy Pavón,
                                       que surte tulipanes en la noche.



I-Introducción.

En 1896 apareció en Buenos Aires una recopilación de trabajos críticos de Darío con el título de Los raros. Se
ha dicho que la obra ensayística del escritor nicaraguense no ha merecido la misma atención que su verso o
su prosa poética, pero lo cierto es que ese título de Los raros reivindica un poco el referido olvido. El
establecimiento de “la rareza” como una condición de la escritura y del escritor ha tenido en compensación
un fuerte valor emblemático para varias generaciones de escritores hispanoamericanos, sobre todo jóvenes.

En la red mediática se pueden encontrar acometidas poéticas interesantes, revistas, e-mails, webs, etc.,
rotuladas con el emblema de “Los raros”. Recuerdo que en La Habana la revista de arte y literature El
caimán barbudo incluye una sección titulada “Los raros” que mensualmente se encarga de proponer un
artista ungido con el atributo de “la raritud”. Dicha sección la sostuvo el poeta y musicólogo Bladimir Zamora.

Pero el título de Los raros, que más que a Darío correspondió a un grupo de entusiastas seguidores y amigos
porteños, significaba la importancia de participar, frente a cierto canon epocal, de una triple disidencia:

1-Estética.
2-Psicológica.
3-Moral.

Los libros que aquí selecciono para emprender “el viaje” por la República cubana que duró, con achaques
de excepción, entre 1902 (año de emergencia como país independiente) y 1959 (año de la revolución de
verdeolivo), son en algún sentido también “raros”. No son totalmente desconocidos, sobre todo para los
especialistas y eruditos en el tema cubano, pero son libros que requieren un estudio más puntual, un análisis
más “internalista” (como decían los viejos historiadores de la ciencia como Alexander Koyré).

Puedo decir que el enfoque típico del “rastreo bibliográfico”, las llamadas “historias de discursividad” y
algunos ejercicos veloces en el campo de la “historia de las ideas”, a veces pasan por alto la lectura detenida
del texto en cuestión (por momentos ni se lee el documento sino solo se le registra). Por demás creo que en
nuestro viaje habrán referencias novedosas, así como guiños metodológicos con algún valor heurístico en este
tipo de trabajo.

Quiero decir que aunque mi quehacer ha estado signado por la especulación literaria y artística, hubo dos
hechos que me inclinaron a la investigación de archivo:

1-El haber estudiado y trabajado a lo largo de 16 años en la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad
de La Habana. La configuración administrativa de la institución permitía la coexistencia de profesionales con
distintas actitudes hacia las fuentes primarias (filósofos e historiadores), por lo que el mismo trato cotidiano
implicaba un intercambio de perspectivas. De ese ambiente surgieron lazos fecundos, como los que me unen
al historiador y escritor Enrique del Risco, que comparte hoy aquí con nosotros.

2-El entusiasmo con el postestructuralismo francés del que casi todos fuimos alguna vez vítimas. Así, como
“victimario” de la disciplina discursiva, le trató una vez en La Habana  el historiador norteamericano Ch. Tilly.
Entre todos los autores de ese rango, Michel Foucault mostró la “trampa” que, sin embargo, a él lo salvaba: el
uso de información primaria en la legitimación de sus aventuras teóricas. Foucault, pues, o estaba utilizando
alumnos para que le buscaran el material fáctico sobre el cual montar un discurso mínimamente creíble, o
visitaba él mismo los archivos. Como no estaba seguro, me decidí por esto último.

Pero respecto a los libros, “raros” es también un expediente burocrático y administrativo: son libros que no
todo el mundo puede consultar, que no están al acceso del gran público. Son textos que, por decirlo así, solo
pueden manosear los “iniciados” y eso, igual que discriminatorio, puede ser fascinante. Trabajé también en la
Biblioteca Nacional de Cuba, donde pude leer y estudiar a mi gusto. La Bilbioteca es, como diría Ovidio, el
“último mundo”; está fuera de sospecha y puede incubar, gracias a su soledad, el más heterodoxo
pensamiento.

En ella, “como en cualquier biblioteca del mundo”, existía la sección de “libros raros”, y otra que alguna vez se
llamó “reserva amarilla”. Era famosa esta reserva en la Biblioteca Central de la Universidad de La Habana;
recuerdo el día exacto en que se levantó la censura sobre esos fondos. Además de “Sala general”, de acceso
irrestricto, están también los respectivos espacios para incunables, exlibris, la “Sala cubana”, etc., donde se
atesoran páginas para “iniciados”. La selección de textos que presentaré a los estudiosos viene de unos sitios
y otros. En todo caso, sí quisiera establecer que, respecto a Cuba, queda aún mucho por estudiar.


II-Contexto.

Señalaba que la República cubana se extiende con interrupciones entre 1902 y 1959. Significo que,
cronográficamente hablando, cubre un tiempo equivamente al de la Revolución, por lo que contamos ya con
dos tradiciones políticas equivalentes sobre las que verificar cualquier tipo de fundación cultural cubana.

En el imaginario político cubano existen varias supersticiones, una de ellas es la de la revolución. Es tan fuerte
que a veces para hacer reformas y hasta para hacer contrarrevolución hay que proceder en nombre de lo
revolucionario. En Cuba se han superpuesto revoluciones verdaderas sobre revoluciones auténticas;
auténticas sobre revoluciones frustradas. La República sentirá en las revoluciones, con justificados motivos,
una amenaza a su estabilidad.

Su otro rival es la intervención; que no es ajena al elemento revolucionario. En el código político republicano
de la isla la intervención puede ser invocada para salvar la República de la revolución; o se puede combatir
la revolución, aplazarla y a veces hasta masacrarla, con el pretexto de evitar una intervención.

Sería interesante investigar en la Bilbioteca del Dpto. de Estado y otros archivos de interés, los motivos de
petición de intervenciones norteamericanas en la Cuba republicana. Solicitud que amparaba un Apéndice
constitucional que, para la parte norteamericana, significaba una enmienda propuesta por el representante
Platt, demócrata por Conetticut.

Lo que llamamos “intervencionismo”, a la par que el deseo de algunos intereses norteamericanos de
presentarse en la isla siempre que la situcaión lo ameritara, fue (y es) también un estado de ánimo, hasta un
estilo de ejercer la ciudadanía cubana. La primera intervención que se produjo en Cuba republicana (1906)
fue propiciada por el Pte.Tomás Estrada (se podía apelar al inciso 17 del artículo 68 de la Constitución de
1901). Y en efecto, los norteamericanos acudieron a su llamado, pero terminaron apoyando a su rival, el
general José Miguel Gómez, caudillo por Las Villas.

Por la abolición de la Enmienda de Platt se luchó en la contienda política de Cuba republicana, pero no solo
lo trágico y grave está ligado a este capítulo de nuestra historia, también lo cómico. Un ejemplo. La tradición
cuenta que en Perico, “devoto” poblado situado al interior de Matanzas, un asmático se “alzó” a tomar el
fresco en una mata de guayaba y se pensó que se tarataba efectivamente  de un “alzamiento”, pero de
carácter militar. Se movilizaron entonces los regimientos de Cárdenas, Matanzas, Limonar y, de paso, se
solicitó la intervención norteamericana. Algunas peleas de cantina también terminaron solicitando la invasión
yanqui para “desapartar” a la gente. Por supuesto, numerosos libros raros hablaron de esto.

La República generó temas recurrentes que emergían y se sumergían en su sensibilidad según los contextos y
los momentos. Cada uno de estos temas puede utilizarse para vertebrar un rastreo bibliográfico, así como
aceptar formulaciones y rectificaciones desde diferentes perspectivas metodológicas.

Algunas de estas recurrencias temáticas son:

1-Relación con los Estados Unidos. Lo que incluye la confrontación con otros paradigmas metropolitasnos, el
principal de los cuales es la hispanidad.

2-José Martí y la “martianidad”.

3-Los estados de ánimo sociales: frustración, pesimismo, decadencia, etc.

4-El comunismo y el tópico de las doctrinas foráneas. Cosmopolitismo vs. provincianismo.

5-La corrupción.

6-La economía y la modernidad. Institucionalidad y administración.

7-La educación.

8-El diagnóstico moral.

9-El pasado. La historia.

10-El ejército.

11-La religión. Dios.

12-La ciencia. El deporte. La cultura artística y literaria.

13-La revolución.

14-Raza. Clases. Inmigración. Identidad.

He mencionado en último lugar el tema relativo al “factor humano de la cubanidad”, como decía Fernando
Ortiz, pues alrededor de él se ha diseñado una suerte de género literario muy intenso en hispanoamérica y
que podemos llamar ejercicio de identidad. Es algo que ya no cuenta con con soporte teórico si lo intentamos
desde las ciencias sociales, pero que adquiere la fuerza de la costumbre por su recurrencia a niveles de
descarga discursiva cotidiana. El ejercicio de identidad es ya un hábito, casi una manía de nuestras letras. Se
trata de toda esa bilbiografía relativa a la cubanidad, argentinidad, guatemalidad, maxicanidad,
puertorriqueñidad, y en un plano más abstracto de la latinoamericanidad, panamericanidad, indigenismo,
nostramericanidad, etc., y que ha dado piezas tan diversas como El laberinto de la soledad, La expresión
Americana, El escritor argentino y la tradición, La jaula de la melancolía, etc.

Se trata de ejercicios discursivos muy entretenidos (en el sentido chileno de la palabra, que implica además
cierta hondura), en cualquier caso agudos, y que requieren del escritor un grupo de virtudes muy notables:

1-Capacidad de observación.

2-Escritura veloz, por lo general breve.
3-Alarde culterano para proceder a la sublimación de lo cotidiano.

4-Sentido del humor.

Solo quería anotar que, aunque he significado que estos ejercicios de identidad son obsesivos en el area
hispanoamericana, cuya identidad pararece resbalar en cajas de bolas amerengadas, también son comunes
entre ingleses y americanos, (pen)insulares y continentales, europeos septentrionales y meridionales. En las
Lecciones de historia de la filosofía de Hegel, por ejemplo, no hay portugueses, ni turcos; tampoco hay
italianos en la definición heideggeriana de “metrópolis ontológica”, y era crudelísimo el tono de Schopenhauer
con los franceses.

La República cubana entonces generó interesantes ejercicos de identidad, los cuales fueron, en sentido
general, muy críticos de la cubanidad. Existieron también muchos pronunciamientos apologéticos, pero estos
no serán de nuestra atención en este momento.

Francisco Figueras, por ejemplo, publicó un volumen titulado Cuba y su evolución colonial, donde se dicen
cosas muy significativas sobre “lo cubano”. Ahí, por ejemplo, se incursiona en el conocido tópico de la  
incapacidad criolla para pensar sistemáticamente. Es un hecho: no existen grandes tratados de filosofía
cubana; ni siquiera grandes tratados cubanos de filosofía. Por eso, cuando Medardo Vitier escribe su Historia
de las ideas en Cuba derrocha diminutivos en sus páginas y nos queda la impresion de que la “gran obra” de
ese linaje intelectual es la traducción que José del Perojo, un alumno del neokantiano Kuno Fischer, hizo de
la Crítica de la razón pura.

Ahora bien, suponiendo que tal predicamente sea verdadero, es decir, que al criollo le falte constancia
metafísica, ?por qué se verificó tal cosa?, ?cuál es la causa de ese fenómeno?. Y es entonces cuando
aparece el “ejercicio de identidad”, frecuente y a la vez “raro” en nuestras revelaciones bibiográficas: “Bueno,
?y por qué el cubano es tal o más cual cosa?”.

En el referido libro Figueras señala que el cubano no puede pensar con constancia porque consume
demasiada carne de cerdo. Estas explicaciones físicas, que incluyen también observaciones raciales, estaban
avaladas por la ciencia de la época. Con el tiempo Jorge Mañach enfatizará el asunto del clima: en un país
cuya temperatura promedio es 86 F, no puede haber filosofía; a lo que suma el tópico de la insularidad y la
“caribeñidad”.

Y aquí tengo una mala noticia; o buena, según se mire. He visto un documental sobre la interesante
comunidad cubana residente en Alaska y… nada de filosofía. Los cubanos han vuelto a aportar, esta vez
sobre el hielo cuasi perenne, sus destrezas favoritas: baile, música, béisbol y… política.

De principios de la República son también esos “ejercicios de identidad” de Fernando Ortiz compilados con el
título de Entre cubanos. Ensayos de psicología tropical. Sin entrar en detalles por cuestiones de tiempo
mencionaré, entre los numerosos títulos de libros y folletos de esta etapa de inauguración republicana, que
recoge aproximadamente sus diez primeros años, tres documentos a los que adjutno su clasificación en la
Biblioteca Nacional de Cuba. Si resultan de interés, después podemos conversar o intercambiar
correspondencia sobre ellos.

BNJM.   De Armas, J. Los dos protectorados (Observaciones al pueblo de Cuba).
F.            La Habana, Imprenta y Papelería de Rambla y Bouza, 1906.
9-072.
Arm.


BNJM. Randín, Amado. Cuba reivindicada. Imprenta Bolívar, La Habana 122, 1907 (?).
Folleto.
9-07.
Ran.
C.

BNJM. Salom Solbes, José. Psicología del estado cubano (Cuba por dentro).
9-073.   Cienfuegos. Imprenta y Fotograbados la Luz. 1910.
Sal.
P.


Pero bien, paso ahora a narrar brevemente un texto que, por su “rareza” y comicidad, amerita que
informemos sobre su contenido. Me refiero a Cubilinganga, de autor anónimo y  no precisado por nosotros en
alguna investigación posterior a la lectura del texto. En cualquier caso, se trata de un alguien con gran
conocimiento de la vida política de la República y sus principales personalidades.

BNJM. Cubilinganga (Historia Política Cómica Escrita en Inglés por Mr. James
Reserva. Toopinje Scaye). Imprenta y Papelería La Alianza de J.P. Camejo, Salud,
9-072.     No. 2, La Habana, 1908.
Sca.
C.

Publicado en 1908 pero escrito en 1906, Cubilinganga empieza con un epígrafe de Despaigne que dice: “Si el
ridículo matara, !cuántos muertos contemplaríamos ahora en el campo de nuestra política! Pero aquí el
ridículo no mata.” El autor afirma que va a emprender el libro y que, con tal decisión, afrontará una tarea
sumamente difícil: escribir acerca de lo que todo el mundo sabe.

Como en usuales libros de viajes y descripciones de utopías, un observador refiere la existencia de
Cubilinganga, una hermosa isla situada a la entrada del Golfo de México. Dice de sus habitantes: “… los
cubilangueses solo pescan para el consumo interior y eso no mucho, porque allí por suerte en tierra hay
muchos pejes, y !qué pejes!”. (edic. Cit. p.10).

Los habitantes de la isla le dicen “Cubilinga” y son indios “con levitas”. Dice: “sobrios, apenas comían otra
cosa que cativía y bolitas de fufú hecho con plátano hembra”. (p. 14).

Llama a los españoles “godos” rapaces de gran presencia en la isla, aunque allí se prefiere lo extranjero de
“yanquilandia”. Es un folleto decididamente antintervencionista y al mismo tiempo muy crítico de “lo cubano”.
Por ejemplo, de la propia historia de Cubilinganga dice: “Los cubilangueses dividen su corta historia en varios
períodos, que son: decubrimiento, conquista, población de la isla; piratería, dominación inglesa, reconquista
goda,; palenques de negros, revolución, autonomía (dos meses), república (cuatro años) y actualmente tutela
de Yanquilandia, pa` rato”. (p.17).

Muy sarcástico también con lo español. Por ejemplo, dice del descubrimiento: “Después de asegurada la
conquista y fomentada un tanto la población, trayendo la gente que estorbaba allá en la tierra de los godos,
los conquistadores mantuvieron a los pobladores nativos de aquella isla que quedaron, en un completo
estado de ignorancia y de sumisión”. (p. 18).

Admira la lucha contra el “godo” por la libertad y el valor mostrado en la Guerra de independencia por los
dos bandos: “godos” y cubilangueses. De la intervención yanqui dice que estos “…declararon ante el mundo
que iban a realizar hazaña igual a aquella que realiza el águila cuando ataca a la tiñosa…” (p 24).

Como es frecuente en el imaginario cubano utiliza una metáfora gastronómica para referirse a la
multiplicidad étnica de la isla. No le llama “ajiaco”, le dice “congrís sui géneris”. (p. 28).

Concluye el desconocido autor refiriendo un curioso recuerdo de su viaje a Cubilinganga: “Cuando estuve allí,
un periódico llamado El Choteo abrió un concurso ofreciendo un premio al que diera mejor respuesta a la
siguiente pregunta: ?Qué es la República?. A continuación voy a referir algunas de las respuestas que, según
nos dice, llegaron a la redacción de El Choteo (p. 57 y ss):

-La República sera con todos y para algunos. (PP Martí).

-Cuando ves la República trabada, digo parodiando a Napoleón: peor la vi en Ibarra. (Juana Guaveta).

-La República estuvo en un tris cuando fue a buscar a Juan Bruno y ahora la salvaré yo. (Alfredo).

-La República es un Central que aunque no muela da mucho azúcar. (Mario).

-La República es la única forma de gobierno que da maíz. (San Gul).

-La República de Majana es la única República positiva, por eso yo fuí un majá. (Andrade).
-La República es una camisa con más de 50 varas. (Palma).

-La República es un negocio que da el 200%. (Pote).

-La República es un accidente de la vida que le cae a uno encima sin esperarlo, quererlo ni merecerlo.
(Cárdenas).

-La República es buena en tierra ajena. (Don Máximo).

-La República es un juego que tié que durá, jata que ñáncue. (Morúa).

-La República es un barco sin brújula y con muchos brujuleros. (Núñez).

-La República es una hembra del género masculino. (Zayas).

-La República es una rumba de rabo y to cuento. (Zarrainza).

-La República es un Palais Royal. (Guinea).

-La República es un crimen, por eso soy criminalista. (Lanuza).

-La República es una pesadilla de los títulos nobiliarios. (Montoro).

-La República es una lata y por eso soy latero. (Aramburo).

-La República es un terri, digo: un tarro. (Luisito).

-La República es un manicomio, en que los locos hacen la fortuna de muchos cuerdos. (Cerize).

-La única República que sueño es la de mi naturalidad, Sodoma. (Eduardo).

-La República es una uva que a su tiempo caerá y ya está casi madura. (Jefferson).

-La República es una espada de dos filos: uno para cortar rabos y el otro para alquilarlos. (Pino).

-La República es un cementerio que hasta los mármoles bailan la suiza. (Frías).

-La República es un collar de perlas que se hace pasar por el triple de su valor. (Picabia).

-La República es una paja, que lleva el soplo de la brisa matutina. (Roig).

-República, en el concepto de las muchedumbres, quiere decir relajo; pero el verdadero sentido de su nombre
es: el congregado de ciudadanos dignos y amantes de ella. Cuando la República es compuesta de gentes sin
dignidad ni patriotismo, podrá con propiedad llamarse como se quiera, menos República. (Jomeca).

La obra termina otorgando el premio prometido (“diez mil guayacanes”) a San Gul.

III. 1909-1913. En el borde.

Estos años mantienen una significación liminal. En 1909 ha asumido la presidencia del país José Miguel
Gómez, caudilo militar por el Partido Liberal. Se produce una suerte de restitución de los viejos honores.
Tomás Estrada, primer presidente de Cuba, tenía historial épico, pero su credencial básica era haber
sustituído a Martí en la Delegación del Partido Revolucionario Cubano. Era, por demás, ciudadano
norteamericano. Gómez, en cambio, era todo un militar de campaña. Para decirlo de forma acostumbrada:
un verdadero revolucionario. El segundo presidente cubano ha ganado unas elecciones auspiciadas por otra
intervención norteamericana. Se abrió paso desde Las Villas dejando, entre sonadas anécdotas, una
interesante amistad con Orestes Ferrara, quien casi incendia al poblado de Vueltas para apoyarlo (por lo
menos redujo a su Ayuntamiento), y con Enrique Villuendas, joven político asesinado en el Hotel cienfueguero
de La Suiza en raras circunstancias. Sin dudas un interesante tema para la nueva novela histórica cubana.

Cerca del otro borde está el año 1912, en que se produce la llamada “Guerra de color”, uno de los episodios
más debatidos de la historiografía cubana contemporánea. De la versión historiográfica dominante (y esta
dominancia es suprapolítica, pues, como ha advertido Walterio Carbonell, esa historiografía tiene un punto de
vista “blanco”, lo que no depende del diferendo político en sentido directo) que se puede resumir en un “aquí
no ha pasado nada”, se procede a la afirmación de ese evento en términos de genocidio.

En 1913 un joven periodista reúne en un libro un grupo de artículos que son el primer testimonio
generacional de un rechazo a Norteamérica en la naciente República; me refiero a Contra el yanqui, de Julio
César Gandarilla. El estilo del libro se repetirá hasta hoy, tanto en la isla como en el exilio: fiscalización de la
influencia norteamericana en nuestra historia, desafío moral y cívico, defensa de la humildad e invocación
martiana.

Bien, en este contexto general voy a referir un interesante folleto escrito por Medardo Vitier, gran pedagogo,
moralista a historiador de las ideas cubanas. Lo encontré en una visita de intercambio a la Biblioteca
provincial de Matanzas Gener y del Monte. Significó en lo personal todo un hallazgo pues en una visita al
pueblo de Bauta le había preguntado a Cintio Vitier cuál había sido el primer texto publicado por su padre,
señalando uno de 1911. Yo tenía el regalo de poder referir uno de 1909. Veamos entonces ambos textos que,
en verdad, están en una estrecha relación.

BNJM. Vitier Medardo. Martí, su obra política y literaria. Matanzas, Imprenta
Sala Cubana.  La Pluma de Oro. Independencia 41, 1911).
Martí.
923.27271.
M.
Se trata de una Memoria premiada por el Colegio de Abogados de La Habana. En la misma destacan algunos
elementos con resonancia actual:

1-Resultan interesantes y a veces enigmáticos los calificativos que en dicho trabajo da Vitier a José Martí. Le
dice:

-“la figura más compleja del Nuevo Mundo” (p. .3).

-“primogénito de los Buenos” (p. .3).

-“hombre virgen” (p. 7).

-“vidente apasionado” (p. 8).

2-La presentación de concepto de “muerte moral”  (p. 46) que abrirá la posibilidad de vincular en el futuro la
tradición ideologica cubana, una interpretación sacrificial de las obras del joven Marx y el catolicismo.

3-La idea de elaborar unos “cuadernos martianos” que sirvieran de fundamento didáctico de la moralidad
cubana (pp. 70-71).

4-La crítica identitaria en términos de objeción a los llamados “bullangueros” de poca virtud” (p.70).

5-Por último encontramos aquí, desde nuestro punto de vista, la solución óptima para esa tensión que se
siente al leer los criterios de Martí acerca del arte. Vitier nos propone un razonable equilibrio: “Los juicios,
desde el punto de vista crítico, son elogios sinceros y tiernos. El decía que cuando hallaba algo digno de
aplauso lo aplaudía y cuando no, se callaba. No puede tenérsele, pues, como verdadero crítico.” (p.75).

Pero como decía, fue en a Biblioteca Gener y del Monte donde encontré un documento édito de Medardo
Vitier que antecede a este de 1911. Se trata de otro interesante folleto en conexión íntima con el referido:

B. Matanzas.  Vitier, Medardo. Reflejos. Cosas de la Escuela y de la Patria.
Folleto.                        Imprenta El Escritorio, Constitución 26, Matanzas, 1909.
Vit.
R.
(Fondo antiguo).

Al menos dos elementos de estas páginas deben ser destacados para entender algo de la actualidad
espiritual cubana:

1-Ya está presente aquí el planteamiento misionero de la actividad intelectual, el alterismo y sacrificialismo
que forman parte de la conducta, o al menos de la ritualidad de la discursividad política de ambas orillas.
Dice Medardo Vitier en el Prólogo, fechado en Matanzas el 21 de junio de 1909: “?Qué, pues, me guía?
Sencillamente decirle a mi Patria que poseo un ideal al cual consagraré mi vida porque pienso que los
ideales mejoran la vida del individuo y este alcanza el grande privilegio de vivir para los demás.” (p. IV).

2-En fecha tan temprana Medardo Vitier muestra una identificación con las dimensiones morales de los
Aforismos de José de la Luz y Caballero. De ellos Cintio Vitier adoptará la inspiración ética y hasta el título de
un ensayo epónimo: Ese sol del mundo moral: “Luz y Caballero es el firmamento de Cuba sembrado de astros
serenos en la noche de nuestros Dolores; José Martí la atmósfera en contacto con la tierra forjando el rayo en
las entrañas de la nube tempestuosa para que fulmine juntamente con el agua refrescante que ha de bañar
el suelo calcinado…” (p. V).


IV-La fundación discursiva: 1913-1920.

En sentido general, podemos ver que en los primeros 10 años de República se consagran los cimientos
temáticos de una discursividad cubana que ya cuenta con un estado nacional para cotejarse. Las antiguas
indagaciones cubanas de la época colonial tendrán ahora un referente cultural propio, es decir, el discurso
cubano de la colonia sufre una metarfosis en la República; mantiene constantes, pero ahora será de
orientación centrípeta, no centrífuga. La crítica moral e institucional tendrá entonces un nuevo sabor a
“autocrítica”, a veces a automutilación.

En la República siguen existiendo los discursos acerca de la cubanidad en sus dos sentidos axiológicos más
definidos:

1-El positivo y elogioso.
2-El negativo, el crítico, que estará en el fondo (y aspirando a erigirse como explicación causal) del llamado
“discurso de la decadencia”.

Estas dos orientaciones discursivas, la elogiosa y la cuestionadora, siempre han coexistido en la cultura
cubana; su sincronía se da incluso hasta en la propia textura emotivo-intelectual de cada sujeto. Al tratarse
de un estado de ánimo más que de una meditación racional, la “cubanología axiologica” se mueve de un
extremo a otro, del foro extranjero al foro nacional, de la conversación privada al canal televisivo, del género
epistolar al penegírico.

Por épocas una orientación predomina sobre la otra, o se le hace aparecer así. Entonces creemos que la
discursividad cubana aprueba eso que llamamos “carácter nacional”, o igual que le confronta. Pero hay un
elemento reivindicador en este asunto: en sentido general, sobre todo cuando este tema aparece fuera de la
política, cuando un cubano opina sobre la llamada “identidad” nacional, ya sea aprobando o cuestionando,
incluso calumniando a su propia especie, siempre lo hace con placer, con gusto. Rememoremos las escenas:
la evocación de los ridículos y las desgracias cubanas tienen siempre la función de reportar felicidad, no se
hace para sufrir sino para disfrutar. Hay centenares de ejemplos que lo demuestran.

En 1916 José Antonio Ramos publica el Manual del perfecto fulanista. Apuntes para el estudio de nuestra
dinámica politico-social (1916). En él se cuestiona eso que podemos llamar el “sistema de intereses creados”
por la propia República, así como la “nueva clase” emergida al abrigo de la nueva formalidad política. En
verdad no se trata de clases sino de familias; hecho que explica la urgencia cubana de una genealogía de lo
político, incluso para comprender los movimientos del presente y sus posibles definiciones futuras.

En 1913, en la Revista Cuba Contemporánea, Sixto de Sola publicará uno de sus tantos trabajos como
testimonio analítico de esa década. Se titula El pesimismo cubano, que reaparecerá en una importante
recopilación posterior titulada Pensando en Cuba (Edit. Cuba Contemporánea, La Habana,1917), con un
Introducción, Ensayo biográfico y notas de Carlos Velasco.

Entre los artículos de José Sixto de Sola ahí reunidos vale destacar:

-La falta de probidad de los gobernantes hispanos (marzo-1913), donde se expone el conocido tópico: cada
cual tiene los conquistadores que se merece.

-El pesimismo cubano (nov. 1913). Después de leer el texto queda la sensación de un escepticismo antes que
de un pesimismo. Al rebajar a Cuba al índice de la unidad productiva básica, incorpora el clisé de la factoría
al otro ya conocido de la finca. Esta es la definición que nos da del personaje (el pesimista): “… ser funesto
que tiene siempre el Quijote en los labios, a Sancho en el corazón y a caco en la conciencia”. (p. 31).

-Los extranjeros en Cuba (mayo 1915). Texto de un acentuado nacionalismo, donde critica el comportamiento
en la isla de algunos grupos de norteamericanos y españoles.

-Cuba y Hawai (nov. 1915) Previene aquí contra una colonización extranjera (en verdad norteamericana)
desde abajo, como la ocurrida en Hawai.

En ese mismo sentido, en un texto llamado El Congreso cubano (febrero 1915), dedicado a criticar la división
entre Cámara y Senado, lo que cree inadecudo para Cuba, afirma: “De ahí que nuestra Constitución, en sus
instituciones esenciales, esté calcada principalmente de la norteamericana, a tal punto, que contiene nuestra
Carta Fundamental preceptos e instituciones que en lo absoluto responden a nuestra realidad nacional”. (p.
293).

Otro artículo importante de la recopilación Pensando en Cuba es el titulado El deporte como factor patriótico.
No se trata de una crónica sino de un pretexto temático para introducir cuestiones de otro orden, como es la
doble gravitación metropolitana de la isla de Cuba: España por un lado, los Estados Unidos por otro. Esa
tensión la reproduce en el eje estadio de béisbol-valla de gallos, donde presagia (equivocándose) el exterminio
de la segunda por el primero.

Por la época el béisbol fue estudiado también por Raúl Díez Muro, quien en 1908 había publicado El béisbol
en La Habana; por los Sres. Herrero, Mendoza y Calcines, con El baseball en Cuba y América, y Enrique José
Varona con El baseball en La Habana. Como se sabe, el estudio sociológico y cultural del deporte es un
elemento de gran interés contemporáneo. El profesor de Yale Roberto González Echevarría ha dedicado
precisamente al béisbol una notable investigación.

Creo que es significativo, y “raro” en el referente bibliográfico general en el que se estudia su obra, el trabajo
de Fernando Ortiz titulado Bases para la organización internacional de la solidaridad de los estados ante la
delincuencia (Imprenta La Universal, La Habana, Obispo No. 34, 1917). No se trata de un estudio
criminológico convencional, tampoco de un informe burocrático o una formal invitación diplomática a la firma
de un pacto. Se sitúa en el cruzamiento de ambas cosas; es un resultado instrumental de una vision
antropológica, etnográfica y cultural en pleno desarrollo. Ortiz presupone que si se fueran a establecer  los
fundamentos teóricos de un orden jurídico internacional, habría que elaborar una etnología y una
antropología capaces de conducir a un universalismo rectificado en lo singular. Ese universalismo de baja
intensidad también le es dictado a Ortiz por una necesidad práctica. Entre el estudio de las peculiaridades
étnicas de los “factores humanos de la cubanidad” y el establecimiento de la posibilidad de ese orden
internacional Ortiz introduce categorías intermedias como el “delincuente internacional” (p. 4) o el
“delincuente cosmopolita” (p. 6).

A favor de ese “universalismo moderado” argumenta Ortiz: “Aún cuando no haya prosperado la teoría
garofaliana de un delito natural, propio de todas las civilizaciones y de todos los tiempos, no cabe dudar de
que en todos los pueblos que integran la comunidad jurídica internacional –aún en los que se apartan de
nuestra troncal ascendencia romanogermánica- se estiman como igualmente punibles determinados hechos
que provocan en todas partes análogas reacciones de defensa social, tan robustas y al propio tiempo tan
sutiles, que se extienden más allá de las fronteras de cada Estado, hasta afectar el sentimiento jurídico de los
Estados”. (p. 3).

La altura de esta reflexión, que forma parte del Informe leído ante la Segunda Sesión del Instituto Americano
de Derecho Internacional (La Habana, enero de 1917) contrasta con la política de “chambelona” que se
venía desarrollando por la época y que incluía planes de interferencia mutua entre Liberales y Conservadores
para el ejercicio del voto. En el Camaguey, en el colmo del ridículo politico, un partido llegó a poner animales
muertos (gatos, por más detalles) para que el mal olor disuadiera a los contrarios de ejercer el derecho al
voto; mientras, en respuesta, los otros regaron agua enjabonada para que resbalaran antes de llegar a las
urnas.

Para un acercamiento a las maneras de hacer política cubana puede consultarse el trabajo de Leandro G.
Alcorta !Mi conspiración!. Imprenta de J.B. Cerdeira, Obrapía y Aguiar, La Habana, 1911.

V-Interrupción del viaje.

Este viaje en libros por la República cubana debe ser interrumpido por cuestiones de tiempo. También por
recomendación del sano juicio: hay por fín primavera en New York después de tan largo invierno.

Dice el pintor Humberto Calzada que una cosa es viajar (algo que hemos tratado de hacer hoy) y  otra visitar.
El viaje deja, la visita pasa. Visitar es lo que hacen los personajes en la película If it`s Tuesday, it`s must be
Belgium.

Ahora no nos queda otra alternativa que suspender el viaje y, si acaso, hacer alguna visita a los libros que
nos restan en la sesión de preguntas.

 


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