Glosas conceptuales al Informe Ejecutivo de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre.

(Publicado por el Buró de Asuntos del Hemisferio Occidental. Departamento de Estado. mayo/6/2004. Washington DC).

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En estos momentos el "injerencismo" y, claramente, el anexionismo son mal vistos por la propia parte norteamericana. Se crea así una situación paradójica: la única manera de poder acceder a un sistema de relaciones ventajosas en términos de beneficios con Estados Unidos es que a este país, a su gobierno y a su opinión pública le quede bien claro que Cuba considera, cree, confía en que puede prosperar con gobierno propio.

Aquella vieja duda todavía persiste pues, si bien el gobierno castrista ha cobrado cuotas importantes de eso que se llama "independencia" política, está claro que tal estatuto no le ha servido para alcanzar la prosperidad.

La duda acerca de si el pueblo cubano puede prosperar solo con gobierno ajeno debe ser superada junto a esa otra que establece conformistamente que, aunque en la miseria, los cubanos somos capaces al menos de autogobernarnos. No hay independencia, y menos aún soberanía, sin una estructura económica que garantice cierto nivel de prosperidad. Y eso le ha faltado al castrismo. Cuando el Kremlin cambió de política, en el hogar cubano se rectificaron las marcas de jabón, de pasta dental (de la Pomorín y Neo-Pomorín a la Maxam) y hasta las dietas; se trata entonces, bajo el castrismo, de una dependencia real que persiste bajo los discursos independentistas formalmente desafiantes de la clase política.

Ni el independentismo ofreció convicentes argumentos prácticos, ni fue muy elocuente el anexionismo en el plano moral. El nacionalismo cubano podría moverse de forma oportuna entre estos polos; podría indagar, determinando lo básico del "interés nacional" (hasta que se delibere y legisle una "definición" precisa), qué ventajas puede sacar el gobierno norteamericano de ponerse en práctica este documento y qué puede ganar en consecuencia la parte cubana.

Si se estableciera un compromiso efectivo, un sistema de cláusulas de cumplimiento con lo que prescribe este Informe de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre, las medidas en cuestión, incluso siendo "crueles", podrían ser también un elemento a considerar en la negociación. En cualquier caso debe tomarse en cuenta que aspirar a una negociación donde se mantenga lo que beneficie, y se elimine todo aquello que perjudica real o equivocadamente al interés cubano, es casi lo mismo que hacer una guerra encima de un escritorio. No hay pacto sin ofrecimiento.

El Informe Ejecutivo de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre tiene, no obstante, un grupo importante de incógnitas y zonas polémicas. Nosotros apenas tratamos de vislumbrar algunas, sobre todo a nivel general.

Consideramos que lo primero que hace creíble este informe es que a cada paso se puede comprobar el interés norteamericano; es decir, no se trata de un texto altruista, demagógico, de "solidaridad". Los norteamericanos saben muy bien lo que quieren. Castro ha sido hasta ahora un factor que, si bien no es ideal, tampoco es totalmente indeseable. El sabe pactar, mueve su diplomacia secreta y da pruebas de buen comportamiento. Por ejemplo, jamás ha hecho nada contra la Base Naval de Guantánamo, a pesar de todo el antinorteamericanismo verbal de sus discursos; y hemos de recordar que en los días inmediatos al 11 de septiembre, cuando la Base de Guantánamo fue convertida en prisión de guerra, Raúl Castro prometió que cualquier prisionero que escapara a la parte cubana, sería un prisionero que devolverían de inmediato a los norteamericanos.

Una Cuba postcastrista debe hacer creer que es más conveniente al interés Norteamericano que la Cuba que le antecedía; debe dar al menos la impresión de que tiene más responsabilidad negociadora que Castro. Debe incluso hacérselo creer a los amigos de Castro. Los Norteamericanos han precisado sus intereses en este Informe; los cubanos deben ir precisando los suyos.

La parte norteamericana, está claro, quiere colaboración en todos los campos; es decir, no pretende dejarse robar la iniciativa en el establecimiento de un sistema de relaciones con Cuba. Sabe, por ejemplo, que podrá acceder a níquel y cobalto más barato; tampoco quiere una emigración masiva al sur de La Florida; desea compartir información científica y tecnológica; quiere convenios en el campo de la salud, el medio ambiente, el control fitosanitario, intercambio artístico y deportivo. Y, claro está, quiere expandir sus criterios civilizatorios. Pero este nivel "filosófico" no es el principal, al menos a corto plazo.

Desde el punto de vista estratégico hay algo que resulta cuando uno estudia el concepto general que conforma cada una de las propuestas de negociación concreta; me refiero al concepto de regreso sin regreso. Desde nuestro punto de vista, y sea cual fuere la decisión de cada quien, este Informe reclama tanta participación de la comunidad cubana en Estados Unidos desde este momento que no siempre es necesario un desplazamiento geográfico hacia la isla para considerarse totalmente integrado a la transición, un agente de cambio, un sujetro de la democratización de Cuba.

No es esencial aquí definir los requisitos que se establecerán para adjudicarse puestos y posiciones en la política cubana, por lo que de entrada este Informe es un criterio para eliminar desavenencias en cualquier caso postergables. Aquí se trata generalmente de las posibilidades de hacer negocios, del establecimiento de empresas, de creación de infraestructura, de la génesis de nuevas zonas participativas en el sistema educativo, en la seguridad social, en la medicina. La política no es el fin sino el medio de este Informe; cuando se avanza en su lectura, lo político casi acaba disolviéndose en los problemas concretos.

La comunidad cubana puede aprovecharse de este Informe si es capaz de precisar su propio interés; si quiere ser soberana hay aquí una base clara; un espacio para tratar de negociar con ventaja, para exigir conveniencias en el conjunto de esta propuesta del Departamento de Estado. Quizás a la comunidad cubana en Europa, en Asia, en América Latina, en Africa, le corresponda un empeño análogo. No sabemos. Lo que está en discusión aquí son dos cosas fundamentales:

1-El interés norteamericano en un momento de transición en Cuba.

2-El propio interés cubano, que no puede dejar de tener en cuenta a su vez el interés generado por la nación norteamericana en que reside.

El establecimiento de equipos y oficinas para el estudio de conveniencias e intereses para la prosperidad sería una alternativa interesante, toda vez que despolitizaría gradualmente el enfoque del llamado "problema cubano"; a la vez que pondría a hombres de empresas, financistas, inversores, economistas, en la primera línea del pensamiento cubano. Los elementos estéticos, antropológicos, politológicos, filosóficos y religiosos no serían entonces condiciones primarias sino ingredientes acoplados a una proyección pragmática sobre el asunto cubano, lo que de alguna manera corregiría algunos de los tradicionales descarríos de nuestro pensamiento.

Si algún presupuesto filosófico tiene el Informe de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre es el "ambiente privatizador" que transpira. Desde nuestro punto de vista esa filosofía, enemistada con el sacrificialismo y autovictimización de la política nacional sería suficiente para presidir espiritualmente una transición en Cuba.

No hace falta más filosofía que el sentido común. Como decía el legendario empresario japonés Konosuke Matsuchita: "Una reacción natural ante los fenómenos naturales". Apoyar al político que beneficie, rechazar al que perjudique. ?Beneficiar respecto a qué? Pues respecto a la libertad y la prosperidad, que son la base de la decencia. Sin una cuota elemental de bienestar, todo lo que se proponga en el campo moral acaba siendo mentira. Al menos "en lo que a la común naturaleza humana se refiere", como gustaba acotar José Martí en su trabajo Maestros ambulantes.

Antes de adentrarnos en el estudio de este Informe de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre hay elementos conceptuales que hay que tener en cuenta. En primer lugar, debe considerarse que en el texto el orden castrista es tipificado como del tipo totalitario, en la lógica general del que existía en el Este de la Europa Comunista. De manera tal que transiciones logradas desde dictaduras capitalistas de mercado son solo experiencias a tomar en cuenta. Una dictadura instaurada sobre una sociedad de mercado se supera fundamentalmente cambiando la formalidad política; en esos casos, la transformación de los hábitos, costumbres, moralidad, etc, son cuestiones de fondo (a veces hasta resueltas) de la instauración de la democracia.

En el caso de los sistemas totalitarios de proyección explícitamente "anticapitalista", una transición a la democracia exige un enfoque en sistema pues no existen bases firmes sobre las que instaurar una política democrática. Se trata, en sentido general, de "fundar" un nuevo país.

El movimiento transicional en Cuba debe tener en cuenta que la información disponible tiene carácter relativo por la propia naturaleza del sistema que se trata de superar. Las estadísticas, por ejemplo, no son confiables; por lo que a veces ni se conoce a ciencia cierta el objeto de la reforma. El propio Fidel Castro ha legitimado públicamente el derecho de su gobierno a tergiversar los datos por "problemas de seguridad". No obstante, para algunos casos específicos el Informe considera que, en efecto, "hay estadísticas creíbles y realistas". Al respecto el Informe alerta:

Es importante no dejarse llevar por los relatos de la

prensa o los informes de individuos sin entrenamiento

técnico: ésa es la vía más rápida para la desinformación.

Debe considerarse además que el Informe trabaja con tiempos, con ciclos y plazos. Contempla un período llamado "crítico" que abarca unos 6 meses. Será este un período intenso donde se pondrán bases importantes; no se puede improvisar, por lo que hay que prepararse para el mismo. Al menos, prepararse para tener serenidad. Se habla además de "medio" y de un largo plazo, que en algunos casos se entiende como un período de tiempo "indefinido".

Ahora bien, desde el punto de vista conceptual lo más polémico que contempla el Informe es que se refiere al "gobierno de transición" como algo que, sin estar aparentemente constituido, tiene la fuerza jurídica del protagonismo. Es decir, no sabemos aún quiénes conforman ese gobierno de transición, o quienes lo conformarán (carecemos incluso de los perfiles políticos de la Cuba postcastrista); sin embargo, este documento no podrá operar en toda su amplitud hasta que ese "actor político central", el gobierno de transición, no solicite explícitamente la implementación de sus propuestas. Aunque por esta vez el documento no se centra en sus tareas, también se refiere explícitamente al asunto de un gobierno cubano de post-transición.

La escritura del texto apela continuamente como prerrequisito a la cláusula de que un gobierno de transición "pida", "solicite", "reclame" que tal o cual propuesta entre en vigor. Entonces, ¿qué se va a considerar "gobierno de transición" legítimo?, ¿cómo se conformará?, ¿existe ya aunque sea una definición general de la naturaleza de ese gobierno, de su composición social, de su base social?. Creo que este es un punto importante a discutir.

Por demás no estaría mal que los políticos cubanos con pretensiones en la política insular comiencen ya a mostrar públicamente un interés explícito en participar de ese gobierno de transición. La política cubana necesita dejar atrás la forma conspirativa, policial, de secta, en que ha venido desarrollándose hasta ahora. La nueva política cubana debe contemplar además una nueva ética; un elemento importante de la misma es la conversión de la "transparencia" en valor. Los políticos cubanos han convertido el ocultamiento en virtud, en prueba de sagacidad y "viveza", hasta el punto de que consideran una picardía virtuosa el pasar una cosa por otra, el hablar con medias verdades, el utilizar sofismas. Lo demás es como si fuera una ingenuidad imperdonable. Esto es más grave aún en el caso de políticos cubanos que hacen sus aspiranturas al poder desde el puesto en una universidad, desde las páginas de un libro, el estrado de una iglesia o la columna de un periódico.

II.

En sentido estricto el Informe es un documento que el Presidente George Bush pidió a la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre para analizar formas de instrumentar nuevas modalidades para viabilizar la relación de EE. UU. con el pueblo cubano. Es un documento que se elaboró por el Departamento de Estado bajo la secretaría de Collin Powell.

Es evidente que al plantearse "nuevas modalidades" de relación, la propia formulación del pedido implica una crítica a (al menos una insatisfacción con) las formas anteriores, las cuales considera demasiado inconexas. El punto de vista del Informe es el "enfoque de marco integrado". Y ese "marco integrado" implica 6 tareas fundamentales relacionadas entre sí:

1-Potenciar a la sociedad civil cubana. Según el documento esta primera tarea recibiría, por ejemplo, 41 millones de dólares. Ese tipo de ofrecimiento, de carácter bien concreto y puntual, es el estilo formal que habría que garantizar en un sistema de negociación con el gobierno norteamericano. Hasta donde se observa este objetivo se podría lograr incluso en el marco de las diferencias políticas entre cubanos. Si se fija el interés nacional, el interés político pasaría a ocupar un lugar subordinado. Otra cosa que hace visible este documento es la obsolescencia de la vieja polémica en torno al embargo. Los argumentos en ese debate se hacen demasiado evidentes; previsibles.

2-Romper el bloqueo de la información.

3-Negar recursos a la dictadura cubana. No se trata de un simple cierre o bloqueo de la ayuda a los cubanos de la isla, sino de su segura orientación. El espíritu de que "quien reparte se lleva la mejor parte", que en verdad se llama corrupción, está demasiado arraigado en el estilo castrista de administrar. La corrupción hasta tiene rango de "normalidad" bajo el régimen. El Informe de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre avanza en este punto dos conceptos sensatos y complementarios:

a-"Ayuda razonable".

b-"Restricciones razonables".

Si, por ejemplo, los límites en que se han fijado los viajes a Cuba o la escala de remesas no resultaran adecuados para algunos, pues en los propios marcos de este documento podría discutirse la "razonabilidad" de esas restricciones. Es decir, hay que ver este documento con carácter inclusivo, hacerlo capaz de absorver hasta sus propias disidencias. No se trata pues de un dogma, de un archivo doctrinario, sino de una guía metodológica para la acción.

4-Poner de relieve la realidad cubana bajo el régimen de Castro. El régimen de Castro ha logrado algunos éxitos a nivel propagandístico. No se puede negar que hay gente que cree que, en efecto, Castro es un gobernante justo o justiciero, con criterio propio y cierta legitimidad; o que hay logros sociales en materia de educación, medicina y deportes; o que se ha logrado una convivencia racial, clasista y sexual razonable.Ahora bien, más allá de todo esto, los cubanos saben acerca de la falibilidad de esa reputación. Es necesario continuar denunciando el carácter injusto y violador de los derechos humanos de ese régimen, que cada vez tiene más dificultades para mantener su propaganda.

5-Apoyar los esfuerzos diplomáticos internacionales para dar soporte a la sociedad civil cubana y poner en retaguardia al régimen castrista. Este punto, sin embargo, debe tener en cuenta una exigencia al exilio cubano. Es necesario reconocer positivamente cada esfuerzo que en favor de los cubanos haga la comunidad internacional, sin reparar previamente en la parcialidad o insuficiencia de esa ayuda. Nadie que no sean los mismos cubanos va a liberar a Cuba de la traba institucional que significa el castrismo; ni tiene esa responsabilidad, aunque a veces se la auto-atribuyan terceras personas; ni es tampoco interés de primer orden de los demás, ni es bueno que sea. De tal manera es preciso que el exilio se proyecte de forma coherente, si es posible unida; por lo que es necesario que pueda negociar internamente y llegar a acuerdos.

También es muy importante que se entienda que si bien puede ser negativo el llamado "protagonismo", la lucha por protagonizar la batalla contra el protagonismo es igualmente negativa. A veces la queja por el protagonismo no es más que la incapacidad propia por reconocer un liderato alternativo, o ser capaz de entablar negociaciones con otros grupos de fuerza equivalente.

6-Socavar los planes de sucesión del régimen.

Conociendo que "el viaje" es toda una institución social en el marco de una sociedad totalitaria cerrada, y que en la Cuba de hoy es el índice máximo de realización social, la presión sobre los mismos es una adecuada palanca de acción que avanza este documento. Más aún tratándose de los viajes a los Estados Unidos, pues la fascinación por la nación del norte (que abarca su deporte, sus bebidas, sus universidades, sus modas) es una de las sensibilidades más paradójicas que ha generado el castrismo, particularmente entre sus sectores privilegiados, incluyendo a los intelectuales.

Es pertinente por tanto la creación de listas de funcionarios que hayan cometido excesos punibles bajo legislación democrática internacional y que se circulen a otras cancillerías del mundo, así como a la prensa y las universidades del país con el fin de limitar sus movimientos. Se evitará, por supuesto, que tal condicionamiento sea interpretado como incapacidad para restablecerse en una Cuba libre; cada sanción personalizada debe dejar abierta una puerta de interés en un beneficio dado para cuando el cambio se produzca.

Es perfectamente legítimo que se controlen los viajes de supuestos intelectuales que en realidad son censores de la libertad académica en la isla. Los intercambios de estudiantes deben ser cuando menos supervisados y establecidos en plazos extensos; es lo único que garantizaría una cuota razonable de conocimiento efectivo de la verdadera realidad cubana. Los contactos a corto plazo son más manipulables por la propaganda oficial y la policía cultural de la isla.

Para que estas tareas se cumplan, como establece el Informe, sería efectivamente necesario el nombramiento de un Coordinador de la Transición en el Departamento de Estado. Debería quedar claro también que esta figura nada tendría que ver con una suerte de interventor de facto, pues el valor nacionalista está muy extendido entre cubanos y es, de hecho, uno de los fantasmas que más utilizan Castro y sus amigos para desacreditar al exilio cubano residente en los Estados Unidos.

Es necesario que el exilio cubano no permanezca indiferente ante este posible nombramiento y empiece a discutir, como un tema concreto de la política práctica hacia Cuba, una lista crítica- mínima de aspirantes a esa candidatura.

Repito que son las concertaciones para cumplir estas tareas concretas y no el debate de ideas y de prestigio lo que puede entrenar a los cubanos en un pluralismo eficiente. Hay que discutir en primer lugar hechos, problemas, situaciones, y en en ese marco, solo en ese marco, confrontar valores, creencias, costumbres y filosofías.

El documento también acierta al situarse teórica e históricamente ante el castrismo como un régimen totalitario latinoamericano-caribeño con matriz "comunista". La exaltación de sus singularidades, así como la remisión a situaciones históricas o modelos distantes, más que un marco aclaratorio puede funcionar como un elemento inmovilizador.

Hay que partir del principio de que todo puede hacerse en Cuba en aras de la libertad y la prosperidad. No existe ninguna tara racial, climática, histórica, consuetudinaria, religiosa o de otra ídole que impida una renovación cubana en los marcos del derecho moderno.

Hay instituciones en Cuba con pensadores dotados en el choteo y el sarcasmo que, temerosos de la libertad y partidarios de una suerte de despotismo ilustrado (la sucesión), se limitan a restar confianza en un cambio rezando con miedo: "No somos Suiza". La falta de fe en la nación no es ciertamente un delito, pero es un error espiritual; una cobardía. Cuba puede hacer lo que se proponga.

III.

Resulta interesante el pragmatismo del punto de vista norteamericano que inspira este documento. Tratándose de un Informe para modelar un sistema de relaciones con una Cuba post-Castro, es significativo que asuma como presupuesto que al pueblo cubano le caracteriza un notable sentimiento nacionalista. Es lógico entonces que manejen este hecho, incluso que lo manipulen, lo que en cualquier caso es provechoso para la parte cubana si también se sabe manipular con oportunidad. Ese presupuesto nacionalista se puede traducir en respeto; solo faltaría entonces que el respeto sea interpretado por la parte cubana como reconocimiento de parte, y esta como soberanía responsable. Es decir, no se trata solo de la forma en que se proyecte la parte norteamericana, sino de la manera en que lo haga el sector político profesional cubano, que en ningun caso habría que confundir nuevamente con esa elusiva abstracción llamada "pueblo de Cuba".

El espíritu de este Informe (así solo sea por la cortesía diplomática de compartir un código de intercambio) debe forzar a los políticos a hablar en nombre de fuerzas concretas, de sectores, de empresas, de intereses, y abandonar la clásica retórica, carente de contenido real, que se proyecta en nombre de todos los cubanos, de Dios, la Historia, la Patria.

En el Capítulo 2, que contiene una suerte de preámbulo de todo el Informe, queda establecido el reconocimiento norteamericano al sentimiento nacionalista cubano. Pero lo importante aquí es el espíritu de ese reconocimiento: se valora para fundamentar una política de interés norteamericano sobre la isla, no una política de interés cubano. Y esto es correcto. Lo que corresponde de la otra parte es verificar hasta qué punto el nacionalismo puede reportar una ventaja negociadora que conduzca a un interés, y no defender el presupuesto nacionalista de manera principista, lo que acabaría funcionando más como obstáculo que como virtud. Dice el Informe:

Todo lo que se disponga debe tener como objetivo potenciar

al pueblo de Cuba. Cuba tiene que ser libre y soberana, y hay

que reafirmar el orgullo del pueblo en su cultura, su historia y las

esperanzas en el futuro.

Vale la pena reiterarlo: es de interés norteamericano que Cuba sea "libre y soberana". Es decir, no les interesa lo contrario. No les conviene, no necesitan una Cuba anexada ni un protectorado. Y no por hacer un favor a Cuba, sino por favorecer su interés nacional. Esta forma de pensar debe quedar clara a la parte cubana.

Para instrumentar este proyecto de intereses norteamericanos en una Cuba postcastrista se perfila como gran protagonista, junto a decenas de organizaciones e instituciones más particulares, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USIAID, por sus siglas en inglés), aunque también se apelan a los organismos internacionales vigentes. Por ejemplo, se dice en el texto:

El gobierno de EE.UU. puede trabajar a través de la OEA y

de sus agencias regionales, y con las Naciones Unidas y sus

respectivas agencias, y otras organizaciones y países.

Desde el punto de vista interno el Informe apela a tres fuerzas fundamentales:

1-Lo que llama "el pueblo potenciado"; es decir, una sociedad civil activada desde el presente, aunque no conformada totalmente.

2-Empresas privadas.

3-Iglesia.

4-Exiliados cubanos y otros ciudadanos de EE.UU.

El papel del exilio cubano en EE.UU. en una Cuba postcastrista se torna polémico, confuso y hasta obstaculizador cuando se enfoca desde el punto de vista político. Ahora bien, si miramos ese rol de manera amplia, como propone este Informe, las vías de participación se tornan más claras y aparece como posibilidad el referido concepto de regreso sin regreso. Dice el texto:

La diáspora cubana querrá participar en la reconstrucción de

la Patria. Quizás sea útil establecer una supraorganización que

coordine la ayuda de la diáspora, algo así como una Fundación

de Ayuda a una Cuba Libre.

Este párrafo, que parece alentado por algún asesor de origen cubano por la forma de referir el "país" como "patria", establece un presupuesto importante: que en verdad el exilio quiere colaborar en la reconstrucción de la isla. Este hecho debe estar dictado por una motivación de doble naturaleza: la motivación sentimental, y aquella fundamentada en un sistema de intereses. Entre estos intereses, por supuesto, es muy importante el lugar que ocupa el interés moral donde lo afectivo es también un ingrediente visible.

La actitud norteamericana en el momento de lanzamiento de un programa transicional para Cuba queda definido en su nivel estratégico en el siguiente párrafo:

Tanto EE.UU. como el resto del mundo debe aprestarse para ayudar

a Cuba a despolitizar sus instituciones y a promover la justicia y la

reconciliación. El gobierno de EE.UU. puede ser útil en el proceso de

eliminar los politizados libros de texto escolares de la era castrista y otros

materiales docentes escritos o grabados, al igual que puede apoyar a la

red de bibliotecas independientes de Cuba con materiales diversos que

mejoren su existencia y la libre circulación de ideas. Puede que los cubanos

quieran establecer un proceso de justicia y reconciliación para lidiar con

los crímenes de Castro, identificar a las víctimas del régimen, y así facilitar

un proceso de recuperación social; puede que para ello los cubanos

soliciten ayuda externa.

Es importante considerar que la "identificación de víctimas" parte de un enfoque más constructivo que la "identificación de culpables"; así solo sea porque le sigue un resarcimiento positivo más que un castigo. El proceso de definición de estas figuras dependerá de instituciones jurídicas más específicas.

En el Informe se deja entrever también que, en efecto, los EE.UU. han precisado un intrerés político en el marco del asunto cultural referente al libro y las bibliotecas. Las bibliotecas independientes de Cuba son percibidas, más allá de su natural función como promotoras de cultura, como un modelo bajo el que pueden surgir otras células de la sociedad civil; por otra parte, tratándose de un estado totalitario, una red de bibliotecas alternativas a las oficiales puede cumplir tareas que trascienden las tradicionales. Es lo que sucede también en el enfoque que se hace en el documento de las instituciones religiosas.

El problema educativo es fundamental a la hora de plantearse un programa de transición. La educación es a largo plazo, pero los bloques de entrenamiento para cumplir tareas concretas pueden diseñarse en plazos muy razonables; de varias semanas, o meses, por ejemplo. Mientras tanto, el empleo de asesoramiento extranjero es una alternativa imprescindible. A pesar de todo, el Informe de la Comisión para la Ayuda a una Cuba Libre insiste a través de sus páginas en que Cuba cuenta desde ya con personal muy bien calificado en algunos campos; es más, contempla también la posibilidad de lograr beneficios concretos a partir de un intercambio profesional sostenido y bien programado. La transición en Cuba, insistimos, es un proceso que le conviene a las dos partes y, por supuesto, a todos los cubanos en general, independientemente de las simpatías políticas que profesen o digan profesar en este momento.

El proyecto educativo de una Cuba postcastrista debe tener en cuenta también que es un proyecto para hacer la transición. Al respecto dice el documento:

El gobierno de EE.UU. debe crear un proyecto que lleve

por nombre "Proyecto Docente sobre la Sociedad Civil

en Cuba", mediante el cual puedan canalizarse los recursos,

el entrenamiento y los materiales necesarios para educar a

los cubanos en el quehacer de la democracia, los valores

cívicos y el desempeño empresarial, a todos los niveles.

La insistencia en que todos estos acercamientos deben traducirse en la parte cubana como formas de encontrar espacio y beneficios en una Cuba futura, se debe a que ha sido precisamente el castrismo quien ha inculcado definitivamente en los cubanos, para su mejor manipulación, una mentalidad sacrificial que considera una debilidad el planteamiento de un sistema de intereses. Un pueblo indigente es un pueblo más fácil de dominar que un pueblo próspero; de ahí que muchos de los análisis realizados sobre los países comunistas del este europeo acabaran considerando que el atraso económico era de alguna manera autoimpuesto. Los pasos que hay que dar para lograr de inmediato una mejora en el nivel de vida de la población cubana son tan básicos, al menos en la primera instancia, que solo es posible creer que hay un interés político en repremir los intereses que pueden estimular a la libertad.

Por esta razón es positivo que los agentes cubanos de la transición se pregunten la manera en que podrían insertarse en ella; los modos de innovación y prolongación de los beneficios actuales. Algunos proyectos presentes podrían encontrar su lugar en una Cuba postcastrista sin necesidad de experimentar reformulaciones radicales. El propio informe refiere un caso de continuidad ejemplar:

Radio y Televisión Martí pueden continuar transmitiendo información

sobre la transición para la sociedad civil, y capacitación para los periodistas

de esa nueva Cuba libre.

Se trata de un caso de regreso sin regreso múltiple pues, aunque inscriba corresponsalías en La Habana, deberá seguir funcionando como una agencia norteamericana.

El asunto de la ayuda, su estructura y monto se trata en el Capítulo 2. No es un epígrafe abstracto sino que aparece desglosado por tipos de ayuda, sectores y áreas. Hay un análisis diferenciado de dicha ayuda que comprende cinco sectores básicos: Salud Pública, Educación, Vivienda, Alimentación, Servicios Humanos.

Un problema de definición del punto referido a las ayudas es que estas solo podrán funcionar si se ubican en un contexto social activo y transparente que no repita, en lo fundamental, los resortes distributivos del castrismo. Por eso aparece con énfasis la tesis sobre la "potenciación del pueblo cubano", quien deberá recibir y en lo esencial distribuir esos recursos. El concepto de "estado policial totalitario" se introduce precisamente en este problema pues en una estructura estatal de esta naturaleza cualquier tipo de ayuda tendría un efecto multiplicador casi nulo, pues se usaría como medio, como pretexto para ejercer aún más férreamente el control sobre las personas. En manos de un "estado policial totalitario" la ayuda podría ser utilizada como un mecanismo de chantaje.

En el sector de la educación, sobre todo en el nivel primario, las tareas pueden diseñarse de manera pormenorizada. Entre ellas es fundamental la despolitización de los libros de texto. La mejora del sector educativo contemplará la participación estatal, donde el gobierno cubano ha alcanzado una notable experiencia, pero se desarrollará también la educación religiosa y vinculada a las instituciones religiosas; así como aquella que correrá a cargo del sector privado.

En el sector educativo hay que considerar la politización del currículum. Aunque aquí también es necesario hacer especificaciones pues igual que hay zonas de la enseñanza extremadamente politizadas, como es el caso de las humanidades, hay otras donde la profesionalización (el especialismo) ha retardado positivamente el proceso de ideologización. El propio documento reconoce al referirse a los libros de texto: "... salvo los libros técnicos y científicos más avanzados, el contenido del resto es cuestionable".

La parte correspondiente a la educación tiene como base el trabajo que en ese campo hizo la Dra. Graciella Cruz-Taura para el Proyecto Cuba y la Transición, de la Universidad de Miami, por lo que, entre otras cosas, tenemos aquí un caso típico de interrelación directa entre la institución de poder político y la academia. El título de su informe es: "Cómo rehabilitar el sistema de educación cubano-2002".

Como decíamos anteriormente, el sujeto principal de todos estos proyectos de cambios es "el gobierno de transición" en Cuba. Es este quien debe solicitar la colaboración del gobierno norteamericano. Creo que ningún prejuicio político debe obstaculizar un paso diplomático formal que inauguraría un sistema de relaciones favorables en dos sentidos.

Un obstáculo en la preparación de una conciencia razonable en esta dirección es la fascinación que los intelectuales cubanos y la misma prensa siente por el antiamericanismo y el planteamiento negativista de la independencia nacional. No es simpático al estado de ánimo general el compromiso con una posición que sugiera la necesidad de un entendimiento explícito con Washington respecto al futuro de Cuba, aún cuando el mismo Fidel Castro ha sido un fiel seguidor de esta regla de la actual política internacional.

El prurito nacionalista es por demás favorecido por la izquierda internacional y aquella intelectualidad que puede ofrecer a los escritores y figuras públicas cubanas de la isla y el exilio un prestigio que es muy difícil conseguir en el marco de los EE.UU.; sobre todo si es el reconocimiento de una obra que se hace o se promueve en idioma español. El español, por ser una lengua con un referente geopolítico tan definido, actúa también como forceps de nuestra libertad intelectual y política. Latinoamérica y España tenderán a rechazar la gravitación de la cultura cubana hacia el polo anglosajón. Y eso se comprende.

Y se comprende también que nuestros intelectuales y periodistas jueguen con ese factor. Una visión práctica que haga comprensible este documento lleva ella misma un largo proceso de maduración. De ahí la necesidad de que los obstáculos enumerados acerca de este informe sean evaluados con la serenidad y oportunismo que merecen. En fín de cuentas, no habría mejor "antiyanquismo" que ser capaces de lograr de EE.UU. lo que más nos conviene, aunque para esto deba considerarse también (!no faltaba más!) lo que les conviene a ellos.

Se propone entonces en el sector educativo que se introduzca la educación cívica moderna con componentes conceptuales y prácticos a todos los niveles. Además, la introducción de estudios comerciales actualizados sobre economía y empresa.

Resumiendo: la transición exigirá un componente educativo que combine dos elementos esenciales:

a-Moral.

b-Empresa.

El Informe señala que para cumplir tales objetivos podría emplearse el programa de intercambio Fulbright. Este programa de intercambio posee cláusulas importantes. Una de ellas es la restitución de los beneficios de la oferta becaria con servicios en el país de origen, previendo algunas cuestiones relativas al incumplimiento del requisito. En algunos casos específicos, como es el caso del intercambio de conocimientos en el campo de la medicina, el Informe cuenta con el natural regreso a Cuba de los profesionales que se formen en EE.UU. con el objetivo de participar en el proceso de transición. Señala al respecto:

Se puede también ampliar el radio de apoyo a esos

investigadores una vez que hayan regresado a Cuba de

sus cursos de capacitación en EE.UU.

La Oficina de Educación no-Pública de EE.UU. tiene una experiencia suficiente para ayudar a encontrar alternativas complementarias a la educación estatal. La aparición de más opciones será un elemento liberador en una Cuba futura. Incluso, un mecanismo capaz de atemperar muchas de las deficiencias morales acumuladas a lo largo de nuestra historia, como son esos vicios de la comunicación vinculados a la adulación, la envidia, el rumor que muchas veces dependen de una falta de opciones. Al respecto poco se ha dicho en Cuba. La educación moral cubana debe llevar también a una relación más sincera del intelectual con la realidad que le circunda.

Como se ha dicho, uno de los nuevos protagonistas de la educación en Cuba será la Iglesia, que ya cuenta con una amplia experiencia en el asunto. Al respecto el Informe sugiere:

Averiguar entre las entidades religiosas que tenían

escuelas anteriormente en Cuba cuáles son las que

tienen planes de reabrir sus planteles, como por ejemplo

la prestigiosa escuela jesuíta de Belén en La Habana.

El Informe hace visible que las palancas para movilizar una activa sociedad civil en Cuba no son solo (ni quizás primordialmente) políticas. Se emplearán en ese empeño instituciones socioculturales como:

1-La escuela.

2-La iglesia.

3-Las biliotecas.

4-La empresa.

5-Las consultas médicas en formación, lo que significaría entre otras cosas una recuperación de las instituciones tradicionales de prestigio local.

Como parte del enfoque integral que propone este informe, el desarrollo de la escuela tendría importancia estratégica, pero también importancia táctica en el proceso de transición cubano hacia la democracia. Dice el texto:

La asistencia escolar sirve de prevención para que los

adolescentes no caigan en actividades delictivas y aporta

un grado de normalidad a la vida hogareña. Aunque la

ayuda a las escuelas no es parte de los programas de ayuda

humanitaria, las escuelas son un factor estabilizador del

orden social en períodos de tensión.

El documento propone que el sector educativo puede programar concretamente su participación a través de las "juntas escolares de distrito":

Después de la transición, una Cuba libre ha de

formar a una nueva generación de líderes docentes

y cívicos a medida que reorienta a los estudiantes, a

los educadores y a los líderes locales de la actualidad.

En cuanto a la colaboración norteamericana en este sector el Informe establece que el propio proyecto Fulbright contempla el programa IVLP; es decir, el International Visitor Leadership Program. También establece claramente que el Departamento de Estado, a través del Bureau of Educational and Cultural Affairs, prestaría colaboración si se le solicita en:

a-Dinero.

b-Tiempo.

c-Pericia.

Suficiente ayuda habría si se decide enseñar el inglés como segunda lengua, decisión que recientemente ha adoptado Chile. En este caso el Departamento de Educación concretaría los pasos a dar a través de su Office of English Language Acquisition.

La implementación de estos programas debe tener presente los dos errores fundamentales que en el sector educativo padecieron otras transiciones; a saber:

a-El fraude docente.

b-Planteles de baja calidad; por ejemplo, que no alcanzan a que sus asignaturas se convaliden en el exterior. Con insuficiencias como esta la institución en cuestión quedaría fuera del (macro) sistema, por lo que habría una falla en el enfoque integral.

En sentido general es posible afirmar que a lo largo de estos casi cincuenta años de totalitarismo Cuba ha estado bajo el influjo de tres paradigmas metropolitanos que han marcado el planteamiento de su proyecto educativo:

1-El paradigma ruso-soviético.

2-El paradigma español reactivado tras la caída del campo socialista este-europeo.

3-El arribo coherente de la academia norteamericana a partir de 1997 y más específicamente de 1998 tras el diferendo entre Fidel Castro y José María Aznar.

El Informe reconoce de alguna manera este hito:

Desde 1997 universidades y organizaciones no-gubernamentales

estadounidenses, algunas con financiamiento de donaciones

provenientes de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo

Internacional y otras a través del sector privado, han fomentado dicho

intercambio.

Además de perseguir sus propios fines doctrinarios y como instituciones de poder, las iglesias cubanas participarán en los proyectos educativos y sociales teniendo en cuenta el prestigio que poseen como sedes de la conciencia ciudadana y su probada honestidad y nivel organizativo. El Informe reconoce y cuenta con lo siguiente:

La importancia especial de las instituciones religiosas en la

transición se basa más bien en que ellas son de las pocas ONG

intactas en la isla en que la población confía y que además poseen

la infraestructura necesaria para organizarse mediante una red

social de comunicaciones y vías de distribución en todos los

ámbitos de la sociedad.

El problema de la corrupción es precisamente un tema que, si bien trata el Informe, debería hacer mucho más énfasis en él. La corrupción pudiera ser el mayor enemigo de una transición en Cuba; este problema alcanzaría a rebajar la moral, la confianza de las personas en el nuevo gobierno, incluso, hasta el punto de que empezaran peligrosamente a considerar que la transicion es "más de lo mismo". Un mecanismo de supervisión riguroso es necesario para el futuro cubano. Existen empresas y firmas cubanas en el exilio espacializadas en los mecanismos de control internacionales anticorrupción que, unidos al conocimiento cabal de la psicología y la historia de la nación, conformarían el mecanismo ideal para instrumentar este capítulo.

Es muy importante que un documento propiciado a tan alto nivel en la política norteamericana considere acertadamente que un "principio operativo" de la conducta social bajo el castrismo depende de la capacidad de funcionar en un ambiente corrupto. Dice al respecto el Informe:

Los cubanos bajo el régimen de Castro se desenvuelven

mediante el concepto "resolver".

IV.

En una era de globalización tecnológica es perfectamente deseable, como hace el Informe, que los lazos culturales se diseñen bajo el concepto general de "preservación cultural".

Es por demás muy curiosa la definición de partida de este Informe respecto a la naturaleza de nuestra cultura. Este concepto podría mostrar en líneas generales, más allá de si está equivocado o no, lo que el punto de vista norteamericano se propone esperar de los cubanos en una Cuba postcastrista. Dice respecto a nuestra dimensión cultural:

La cultura cubana es reconocida por su contribución

a las bellas artes, la música, el folclore, las artes

decorativas, la arquitectura y los deportes.

Es decir, que no es considerado como de interés fundamental aquí el plantearse un intercambio cultural con Cuba que incluya el beneficio científico-tecnológico. Lo que puede ser una omisión, un aplazamiento o simplemente una elección.

El enfoque de la preservación urbana y cultural en sentido general contiene una paradoja. El proceso de despolitización del patrimonio cultural que se propone emprender no puede olvidar que fue la ineficacia generada por esta misma politización quien propició el resultado colateral de que se preservara en sus formas originales, ajeno a los procesos modernizadores, dicho patrimonio. Es una paradoja que de forma implícita contempla el Informe de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre. Despolitizar en este caso va a implicar de alguna manera modernizar, y estos son procesos que deben sujetarse a control.

Ahora bien, ese control contiene una nueva paradoja. Si el control lo va a ejercer una junta de especialistas en arquitectura, historia del arte y gobierno que, a pesar de las necesidades primarias y urgencias habitacionales de los vecinos, tenga capacidad para velar por los intereses de la nación a largo plazo, entonces estaríamos reincidiendo en una nueva forma de autoritarismo, cierto que más racional, en detrimento de la democracia.

Son solo paradojas que, entre otras muchas, encerrará el proceso de transición en Cuba. Y como se sabe desde hace tiempo, una sociedad, un cultura o civilización, no tiene necesariamente que estar en condiciones de resolver las propias contradicciones que genera. Hay que adaptarse a vivir con ellas.

El problema de la preservación patrimonial y cultural es típico para entender lo que significa un enfoque en sistema de los procesos de la transición en Cuba. La conservación urbana, por poner un caso dentro del problema, lleva aparejada también los problemas de la salubridad, ambiente y seguridad.

Por demás participa de este asunto también la dimensión política pues el interés común en la conservación del patrimonio puede jugar un rol de cohesión entre cubanos de todas las latitudes y matices políticos; incluso, puede despertar interés y facilitar negociaciones y consenso entre cubanos y cubanoamericanos identificados en un sentimiento o un símbolo.

Al tratar el problema de la conservación urbanística vale aclarar que el Informe, sin llegar a ser "habanocentrista", sí se ubica en la realidad de que La Habana es el centro y quizás el foco inicial de la transición.

El Informe de la Comisión para la Ayuda a una Cuba Libre menciona explícitamente a la Organización Herencia Cultural Cubana como un modelo de institución que puede cumplir el rol de la preservación patrimonial. También otras experiencias institucionales, por supuesto, deben ser estudiadas y tomadas en cuenta.

Es interesante que el punto de vista norteamericano relacione el asunto de las relaciones culturales, los problemas de la naturaleza demográfica de la isla cubana (el más importante de los cuales es el envejecimiento de la población), con un tema de seguridad nacional tan importante como es la inmigración.

Un punto de partida del punto de vista norteamericano que no parece ser negociable es el siguiente, y también a los cubanos nos debe quedar claro: los EE.UU. no están interesados en una emigración masiva de cubanos desde Cuba y le pedirá colaboración para ello a un gobierno de transición y a un gobierno de postransición.

En el punto titulado "Un mercado de seguridad nacional" el documento precisa:

El gobierno cubano de la postransición podría querer adoptar

algunas o todas las propuestas anteriores. EE.UU. tiene interés

en evitar tanto una crisis humanitaria dentro de Cuba como una

situación que pudiera provocar a millones de cubanos a tratar de

migrar hacia donde los beneficios son más generosos y a donde

cuentan con un respaldo económico más fiable.

El mensaje de este párrafo es harto elocente: neo-anexionistas y nacionalistas pueden estar tranquilos: ni habrá que "luchar" para independizarse ni habrá que bregar para anexarse. Estamos solos por dos razones: porque hay un sentimiento patriótico subyacente en la política cubana a pesar de toda la corrosión manipuladora del castrismo, una fuerza centrípeta enorme en nuestra sensibilidad política, y porque no está en el interés de los norteamericanos probar con formas imperiales modernas en una era global, diseñada para ejercer un neo-imperialismo a su medida.

Como decíamos al principio de estos comentarios, la manifestación del interés común es el mejor argumento a favor de la reputación de este informe.

Ahora bien, el regreso a Cuba, es decir, el movimiento en sentido contrario solo es tratado en el Informe como un asunto más bien vinculado a la ancianidad y la seguridad social. Un breve párrafo titulado "Campaña de información pública" trata de advertir problemas que los ancianos deberían saber; entre otras cosas que durante la transición y después de ella podrían ser más vulnerables. Indudablemente será un grupo social de suerte bastante incierta durante la transición. La atención a este problema debe ser general, puesto que no está temporalmente definido el momento en que efectivamente comience una transición en Cuba. De esta suerte, muchos de los problemas planteados en el informe para los ancianos podrían interesar a personas que hoy mismo no calificarían como tales.

Respecto a este asunto de las pensiones y la atención sanitaria en Cuba el Informe dice:

En el peor de los casos, estas crisis podrían conducir

a resultados sociales inaceptables que exigirían una

urgente respuesta humanitaria del gobierno norteamericano

y de la comunidad cubana exiliada.

V.

Desde hace medio siglo los cubanos desconocen, en rigor, lo que es la política. Como se desconoce lo que es el arte oratoria: la gran tradición tribunicia cubana ha desaparecido bajo la omnipresencia de Fidel Castro. En Cuba no hay política interna ni política exterior; se trata de cabildeos, favores y presiones que buscan satisfacer elucubraciones tácticas subordinadas al objetivo de la permanencia de un individuo en el poder.

De ahí que los potenciales políticos cubanos, aún los del exilio, repitan viejas fórmulas y continúen encerrados en viejos hábitos como la conspiración, el moralismo discursivo, la manipulación, la falsa modestia (que paradójicamente está complementada por la dureza y la insolencia), el tribalismo, el sectarismo, el clientelismo y una comprensión de la lealtad en términos de adulación.

Al faltar el objetivo último de “interés nacional”, está claro que por momentos será difícil establecer consensos; cuestión agravada por lo mencionado con anterioridad: la falta de entrenamiento de los funcionarios cubanos en el arte de la política práctica. El Informe de la Comisión para la Ayuda a una Cuba Libre no es ajena a esta posibilidad, la que se complica además por los lógicos conflictos de intereses que pueden surgir entre las numerosas partes implicadas en una transición en Cuba. Por eso recomienda:

…manejar la inevitable competencia por recursos

humanitarios y atención periodística, y coordinar los

conflictos programáticos entre las diversas agencias.

Los conflictos de intereses de la transición, que incluyen además los casos históricos de administración de justicia, pueden crear situaciones muy complicadas que alcancen el nivel de violencia localizada. Por eso el Informe advierte la necesidad de:

Prepararse para darle respuesta positiva al gobierno de

transición si pidiese ayuda en materia de seguridad pública

y fuerza policial durante las etapas iniciales de la transición,

para proteger a los trabajadores humanitarios y a la población

cubana.

El proceso de transición en Cuba deberá enfocarse hasta el nivel de la realización local. Todo pasa por la calidad específica que tenga el municipio, el pueblo, el barrio. Veamos el punto relativo a la administración de justicia o el de la reestructuración del orden. En un municipio determinado, digamos, por poner un ejemplo, en Artemisa, el jefe de la policía o el secretario del partido pudieran estar complicados en algún evento de abuso a la población; pero en San Juan y Martínez, en Cabaiguán o la Lisa, pudieran ser personas respetadas y en algunos casos hasta queridas. La transición microlocalizada tomará este testimonio como un dato esencial en su estructuración.

Con la recuperación económica pasa lo mismo. Existen pueblos de Cuba como Sibanicú o Cacocún donde la pobreza es un signo sobresaliente de la vida diaria; pero hay otros como Boca de Camarioca donde la cercanía al polo turístico de Varadero ha sido fuente de relativa prosperidad bajo el castrismo. El documento sigue esta pauta:

Los expertos en el tema de la democractización plantean

que como mejor se aprende el proceso de democratización

es através de los gobiernos locales.

No obstante, a pesar de esa diversidad, el Informe aboga porque el gobierno de transición sea capaz de proponer un interlocutor coherente y centrado que evite la disgregación de energías.

VI.

Todos estos lineamientos generales acerca de la transición están respaldados por una red institucional deseable y a la vez creíble; es decir, contempla la existencia de actores óptimos para llevar a cabo el proceso, a la vez que convalida muchas de las organizaciones y agencias cubanas existentes en la isla y en el exilio; así como un plan de nexos con ellas por parte de las oficinas norteamericanas correspondientes.

El documento no solo menciona las tareas que está dispuesto a realizar el gobierno de EE.UU. para apoyar a una Cuba en transición si se lo solicitan, sino que además refiere detalladamente la oficina gubernamental que se resposanbilizará con cada tarea. Aunque el Informe menciona más de una decena de ellas, creo que vale destacar a modo de ejemplo las siguientes:

a-Small Business Administration.

b-Overseas Private Investment Corporation.

c-Export-Import Bank.

Por supuesto que prevee la activación de muchas oficinas tras la reapertura de la embajada norteamericana en La Habana; varias de ellas serían nuevas si se las analiza en comparación con los específicos tipos de acción a que se ha visto limitada la representación norteamericana a través de la Embajada de Suiza en La Habana, en lo que se conoce como Oficina de Intereses de EE.UU.

Entre otras variadas acciones una vez ocurra el restablecimiento diplomático el Informe contempla:

El gobierno de EE.UU. debe estar preparado

para incluir miembros de su Servicio Agrícola

extranjero en su nueva Embajada.

En su política exterior tal parece que EE.UU. se centrará en el enfoque de Cuba como un país caribeño, considerando la pertinencia de la integración de Cuba en la Ley de Recuperación Económica de la Cuenca del Caribe (Caribbean Basin Economic Recovery Act).

Está en juego también la posibilidad de establecer un acuerdo de libre comercio entre EE.UU. y Cuba. La parte norteamericana no solo considera que este acuerdo les sería beneficioso, sino que recomienda que la parte cubana juzgue si le es conveniente a ella. El interés cubano en el asunto también es considerado como parte del interés norteamericano. Dice el Informe al respecto:

El gobierno estadounidense también debe considerar los pasos que

Cuba va a tener que tomar para poder cumplir con las normas de un

Acuerdo de Libre Comercio entre EE.UU. y Cuba, y colaborar con Cuba

para identificar la asistencia adecuada, incluyendo la proveniente de fuentes multilaterales y otras fuentes bilaterales. El objetivo sería poner a Cuba en

camino hacia la renegociación de un Acuerdo de Libre Comercio entre

Estados Unidos y Cuba.

Estados Unidos espera beneficiarse de su participación en el mercado de cítricos, azúcar y habanos (quizás incluso en el orden opuesto al que lo han expuesto); afirmando explícitamente que aspiran a un “acceso a níquel y cobalto menos caros”.

El gobierno de Estados Unidos prevee incluir una Oficina de Información sobre Comercio Exterior en su Embajada en La Habana, básicamente para recopilar información, identificar socios comerciales, crear negocios en común y realizar inversiones.

Las posibilidades comerciales entre Cuba y La Florida que abriría una Cuba en transición, también le dan vigencia al concepto de regreso sin regreso. El Infome asegura:

Como La Florida probablemente será uno de los principales

trampolines para hacer negocios con Cuba, una operación

paralela se podría establecer en Miami para brindar información

semejante antes de que los ejecutivos partan para Cuba.

En el marco del tiempo necesario hay que esperar y confiar en la solución del problema diferenciado de las expropiaciones; que las remesas apoyen ya no solo el consumo sino la emergencia del sector privado en Cuba y que los inversionistas norteamericanos se sientan realmente interesados en acudir a Cuba.

Es necesario confiar en las condiciones de apertura económina estable que propiciaría una Cuba en transición, toda vez que los pasos dados por el régimen de Castro hacia una economía de mercado son incoherentes y más bien dictados por los intereses políticos. Incluso el documento refiere el 1995 como inicio de un proceso de “re-centralización” de la economía cubana respecto a las “aperturas” anteriores de 1992-1993.

Ahora bien, EE.UU. mira con realismo la recuperación de Cuba en su red de socios comerciales. El Informe dice al respecto:

En 1958, a pesar de su pequeña economía, Cuba era un socio

comercial relativamente importante de los EE.UU., ocupando

el séptimo lugar en el mercado de exportaciones de este país y

la séptima fuente principal de importaciones al mismo. Incluso

bajo las hipótesis más optimistas, no es probable que esta posición

se vuelva a tener en un futuro inmediato.

En las actuales condiciones de embargo económico el comercio entre ambas partes no se produce libremente. De hecho, Estados Unidos sabe que esta situación tiene algún impacto sobre sus intereses, por lo que ha hecho un estudio de la situación. Referimos el informe “The Economic Impact of US Sanctions with Respect to Cuba (Investigation 332-413. Publication 3398-Feb. 2001)”, de la US International Trade Comission. En condiciones normales EE.UU. espera beneficios en las áreas de Comercio Marítimo, turismo, exportaciones de trigo, arroz y aceites.

Pero además del embargo comercial norteamericano, de la parte cubana estas relaciones son perjudicadas por los términos que plantea la Ley No.77-1995 (una suerte de "embargo" de la parte cubana) de Inversión Extranjera. Esta ley no permite entrever, por ejemplo, la posibilidad de trazar una “estrategia de salida” donde el inversionista no se sienta como rehén del estado cubano. Es arbitrario el artículo 3.3 de esta ley; así como el hecho de la imposibilidad de contratar a los trabajadores cubanos directamente. Respecto al comercio en una Cuba en transición el Informe insta a la utilización de la pericia y el poder de la comunidad cubanoamericana y está plenamente conciente de algunos obstáculos que inevitablemente se presentarán en la misma. Afirma al respecto:

Claramente, la ineficiencia del gobierno y la corrupción

van a ser algunos de los desafíos que confrontará a corto

plazo un gobierno cubano de transición.

Y más adelante señala el documento:

Después de cuatro décadas y media de dictadura personal de Fidel

Castro… Los cubanos tal vez no se encuentren en la posición ideal

para gobernarse a sí mismos mediante un proceso representativo con

eficacia, transparencia, profesionalismo, preocupación por los derechos

humanos básicos y acatando el imperio de la ley.

VII.

Como se sabe, los problemas de transporte y telecomunicación en Cuba son tan graves que en una transición habría que considerarlos bajo el concepto de “acción inmediata”, que comprende los primeros 90 días del proceso, y el concepto de “ayuda humanitaria”.

La transición en Cuba implicará una nueva visión del transporte y la “velocidad civil” (en momentos determinados la velocidad del desplazamiento por automóvil en Cuba es de 18 kms/hora); es decir, que la transformación política de Cuba exigirá una nueva comprensión del tiempo.

El tráfico aéreo entre Cuba y Estados Unidos se multiplicará, por lo que el Informe establece:

La Federal Aviation Administration y el Instituto de Aeronáutica Civil

de Cuba para acordar establecer posiciones de enlace tanto en el Centro

de Control de Tráfico Aéreo de la Habana como en el Centro de Control

de Tráfico y Rutas Aéreas de Miami para que haya un intercambio inmediato

de información entre los controladores y se desarrolle una unidad de gestión

de flujo.

Estados Unidos planea proponer a Cuba compartir una política de "cielos abiertos". Es bueno que los especialistas cubanos discutan si esa propuesta es de interés mutuo. Esa precisión del interés cubano debe ser una suerte de filosofía de análisis concreto que rija esta nueva etapa de relaciones entre Cuba y el vecino del norte.

Lo más "plattista" que se puede descubrir en la Enmienda de Platt es que se trató de un documento donde casi toda la iniciativa recayó sobre la parte norteamericana; los cabilderos cubanos deben cambiar la dirección de esta filosofía y ser capaces incluso de "imponer" movimientos legislativos en Washington a favor del "interés nacional cubano". Por esta razón está claro, y forma parte del concepto de "regreso sin regreso", que además de la embajada y otras oficinas diplomáticas en los EE.UU., una Cuba en transición debe ser capaz de mantener un activo "lobby" en la capital norteamericana que le permita cabildear ventajosamente por el "interés nacional", o mejor, por los "intereses nacionales".

En cuanto a la cuestión específica del tráfico aéreo, el asunto del "control de vuelos" es uno de los casos más convincentes a la hora de exponer el concepto de "regreso sin regreso". La cercanía geográfica y el mutuo interés permiten comprender lo que es una transición integrada; las torres de vuelo de Rancho Boyeros, La Habana, y la del aeropuerto de Maimi trabajarán en integración, por lo que el desplazamiento espacial del personal cubano que quiera participar en una trancisión cubana será de segundo orden comparado con el contenido de la acción a emprender. La cooperación militar (en el campo de la seguridad mutua) está gobernada por la misma lógica.

El vocabulario ético que se refiere a tópicos como la confrontación y el respeto, la anexión o la independencia, va incluso más allá de la política práctica y entra en la zona demagógica de la publicidad. Es el interés quien dictará (o deberá dictar) la filosofía de una relación mutuamente provechosa entre Cuba y los EE.UU. en una etapa de transición hacia la democracia; incluso en una etapa posterior a este movimiento transicional.

Cuando la transición esté en curso, Cuba debe funcionar con una filosofía orientada hacia el mercado. En ese caso, no solo los funcionarios, sino incluso el propio gobierno cubano debe ser considerado como "libre".

Son muy específicos también los pasos que se proponen para enfrentar la degradación ambiental. No hay mucho espacio para la especulación política cuando se quiere mejorar las condiciones de la salinización del suelo o las consecuencias del sobrecultivo. El Informe por demás reconoce la existencia en Cuba de una adecuada base científica para resolver los problemas ambientales. Incluso, en el punto dedicado a la conservación marina el Informe de la Comisión de Ayuda para una Cuba Libre puntualiza:

Cuba no parece necesitar la experiencia y conocimientos

estadounidenses tanto como los recursos para usar

eficazmente los suyos propios.

EE.UU. considera de su interés problemas cubanos de emisión y contaminación; la determinación de la existencia real de zonas aparentemente descontaminadas, solapadas en el concepto de "parques de papel"; así como muestra su preocupación por la proliferación de lo que se conoce como "especies introducidas", las cuales se pueden convertir a los efectos norteamericanos en "especies invasoras". 22 especies invasoras causan problemas hoy en Cuba; no obstante, es de monto menor que en otras islas del Caribe.

La riqueza ornitológica de Cuba, que es mayor por área que la de los propios EE.UU. y Canadá, es de interés norteamericano. Entre otras cosas, ese mismo interés debe ser de interés cubano. Y esto no es solo un juego de palabras. Los EE.UU. también tienen interés investigativo y turístico en la fauna cubana.

El diseño de los intereses comerciales norteamericanos también toma en cuenta estos elementos relativos a la ecología. Hay incluso planes concretos que dependen de los pasos que daría la parte cubana; al respecto considera el Informe:

Además podría desarrollar un mercado en el exterior para los

materiales de construcción cubanos en los próximos diez años

si las canteras de producción en el Sur de la Florida se usan como

cisternas para contener agua destinada a la rehabilitación del

ecosistema de los Everglades.

En resumen, se debería abrir una época de beneficios mutos; al menos una etapa en que debería pensarse de esa manera. Es una era global en que para los parámetros norteamericanos Cuba cuenta potencialmente con la dimensión de Pensilvania.

VIII.

En el espíritu del Informe de la Comisión para la Ayuda a una Cuba Libre rige una filosofía que no deben desaprovechar las partes aludidas en el mismo: la política, el poder, no es el fin sino el medio para alcanzar un interés superior: la libertad y prosperidad de cada uno de los cubanos. Las palabras "todos" y "felicidad", que tantos documentos fundacionales han marcado de manera favorable, se vuelven sospechosas en el caso de una cultura como la cubana donde el moralismo, el parroquialismo y la demagogia han llegado a muy altos niveles.

"Todos" debería ser en verdad "cada uno", no sobra nadie en una democracia inclusiva. La democracia, con los apellidos que una Cuba futura quiera ponerle, debe ser vista también de manera piadosa: no es infalible; solamente, acaso, la mejor opción que nos quedaría.

"Felicidad" es aún un término demasiado ambiguo en nuestro imaginario; y puede ser fuente de equívocos en nuestra escritura política, específicamente en nuestra escritura constitucional.

Este Informe, a la vez que traza una estrategia política claramente antitotalitaria y pro-capitalista para Cuba, está en la línea de la concertación y conciliación de intereses. Es evidente que no se propone un cuestionamiento demagógico de la estructura institucional de esa sociedad emergida de los eventos de 1959 y que reconocemos como castrismo. Es más, en muchos casos existe hasta un reconocimiento de las correspondientes instituciones actuales de la isla muy cercano a la legitimidad; la continuidad y la ruptura, cuando el análisis se hace concreto, es un asunto que hay que enfocar diferenciadamente.

El documento contempla implícitamente la necesidad de coordinar, a fin de evitar duplicidades y pugilatos innecesarios (aunque comprensibles) de poder, las nuevas instituciones de la sociedad civil con otras que ya están fijadas en la red oficial de ministerios. Es el caso de la relación de las bibliotecas independientes y la red de bibliotecas subordinadas a la Biblioteca Nacional de Cuba; también, de la presna oficial y la prensa independiente, de las organizaciones religiosas de base y el Arzobispado de La Habana, de los nuevos consultorios independientes y aquellas oficinas adscritas o semi-adscritas al Ministerio de Salud Pública, como es el caso del Grupo de Estudios de Psicoanálisis Lacaniano de La Habana.

Por demás, el Informe piensa a Cuba en términos político-administrativos de 14 provincias y en un tono suficientemente constructivo y respetuoso que invita a ser considerado de buena fe por las fuerzas políticas cubanas que pudieran estar involucradas como agentes de la transición. Más allá de esto, es también un documento de interés general para los cubanos y ciudadanos del mundo interesados en el problema.

No es tampoco, como advierte el siguiente párrafo, un Informe realizado para beneficiar a un grupo o fuerza política determinada. Es una herramienta de trabajo para enfocar las relaciones de una Cuba democrática con los EE.UU., uno de los polos históricos y culturales más importantes de la isla. Dice el Informe:

Si el gobierno de transición aspira a alcanzar un estatus

permanente mediante campaña electoral en una contienda

con otros partidos democráticos legítimos, entonces el

programa de ayuda debe mantenerse neutral durante la

campaña y poner distancias entre sí y los partidos políticos,

incluyendo el gobierno titular.

Los proyectos que esboza el Informe, así como la ayuda humanitaria que sugiere, contienen también una suerte de filosofía de la administración: planificar para la peor de las cincunstancias y confiar en que estas seran óptimas. Esta mezcla de realismo y optimismo puede resultar un buen ambiente para concretar un proceso de transición.

Como se sabe, este Informe de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre fue redactado mientras Collin Powell era Secretario de Estado del Gobierno de EE.UU.; será ahora heredado por un Departamento de Estado dirigido por Codoleezza Rice, debemos esperar que esos cambios redunden incluso a favor del espíritu en que el Informe fue redactado.

Las relaciones con EE.UU. están hoy suficientemente libres de la sospecha de un anexionismo; en verdad lo estuvieron siempre, pues Cuba jamás se hubiera contentado con ser una estrella de la bandera americana. En cualquier caso, respecto a los EE.UU., la isla cubana ha tenido siempre la dimensión de una franja.

Emilio Ichikawa.

 

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