Glosas conceptuales al Informe Ejecutivo de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre.
Publicado por el Buró de Asuntos del Hemisferio Occidental. Departamento de Estado. mayo/6/2004. Washington DC
I.
Si hubiera que señalar al cubano común de la Isla, de Miami o de cualquier lugar del mundo, cuál es el documento que queremos reseñar, es decir, qué es el Informe Ejecutivo de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre, bastaría con identificarlo como "el informe donde aparecen las medidas sobre los viajes a Cuba".
Se trata de medidas que han sido sometidas a adjetivaciones sucesivas: "famosas medidas", "necesarias medidas", "crueles medidas"... En cualquier caso hay que señalar que esas "medidas" son apenas un segmento del documento en cuestión y que han sido los intereses políticos situados en el nivel propagandístico quienes las han puesto a prevalecer sobre todo el resto del contenido.
Esa descontextualización, operada sobre un informe que rebasa el medio millar de páginas, ha traído una vez más la confusión en la conciencia política cubana, que en el caso de las relaciones con los Estados Unidos suele ser más reactiva que reflexiva. Una conciencia política que está atravesada por prejuicios que comparten por igual posiciones políticas formalmente contrapuestas, de dentro y fuera de la isla.
Uno de esos "prejuicios" es el de la "independencia nacional", muchas veces entendida de manera esquemática y confusamente ligada a otros conceptos como "plattismo", "antiyanquismo", "antinjerencismo", "soberanía", etc. En verdad, el nacionalismo cubano sigue siendo más "separatista" que independendista; es decir, no se plantea un plan de soberanía entendida positivamente sino que trata de desmarcarse de un alguien que previamente ha presupuesto como metrópoli real o imaginaria.
Uno de los elementos centrales que avalan esta falta de propositividad en la conciencia cubana (que se traduce en una política exterior de remiendo que pueden ejecutar incluso personas de pocas aptitudes estratégicas en el arte de la negociación en pos de objetivos sistémicos), es la ausencia de un concepto claro de lo que significa "interés nacional". Y si falta claridad en el planteamiento general del asunto del "interés nacional", falta aún más en la definición de los contenidos concretos del mismo.
En la política cubana actual, de dentro y de fuera, no acaban de precisarse aquellos intereses de última instancia que justificarían avanzar, retroceder, guerrear o pactar sin perder el sentido político. Excepto la sobrevivencia del poder personal de Fidel Castro, que se ha traducido a muchos nombres (revolución, patria, socialismo, nación), no se ha elaborado algo más duraderro en casi medio siglo de historia. Entre la lucha por mantenerse en el poder, y la lucha por cuestionarse ese poder, se han gastado demasiadas energías cubanas.
Cuando hemos hablado acerca del informe de la "Comisión de Ayuda a una Cuba Libre" la primera cuestión que surge es si se trata de un documento "plattista". No, no es un documento "plattista", no se trata de una Enmienda que se adjunta en calidad de Apéndice a una Constitución. No se trata tampoco ni del espacio ni del tiempo legislativo en que operaba el senador Orville Hitchcock Platt, Republicano por Connecticut.
En estos momentos el "injerencismo" y, claramente, el anexionismo son mal vistos por la propia parte norteamericana. Se crea así una situación paradójica: la única manera de poder acceder a un sistema de relaciones ventajosas en términos de beneficios con Estados Unidos es que a este país, a su gobierno y a su opinión pública le quede bien claro que Cuba considera, cree, confía en que puede prosperar con gobierno propio.
Aquella vieja duda todavía persiste pues, si bien el gobierno castrista ha cobrado cuotas importantes de eso que se llama "independencia" política, está claro que tal estatuto no le ha servido para alcanzar la prosperidad.
La duda acerca de si el pueblo cubano puede prosperar solo con gobierno ajeno debe ser superada junto a esa otra que establece conformistamente que, aunque en la miseria, los cubanos somos capaces al menos de autogobernarnos. No hay independencia, y menos aún soberanía, sin una estructura económica que garantice cierto nivel de prosperidad. Y eso le ha faltado al castrismo. Cuando el Kremlin cambió de política, en el hogar cubano se rectificaron las marcas de jabón, de pasta dental (de la Pomorín y Neo-Pomorín a la Maxam) y hasta las dietas; se trata entonces, bajo el castrismo, de una dependencia real que persiste bajo los discursos independentistas formalmente desafiantes de la clase política.
Ni el independentismo ofreció convicentes argumentos prácticos, ni fue muy elocuente el anexionismo en el plano moral. El nacionalismo cubano podría moverse de forma oportuna entre estos polos; podría indagar, determinando lo básico del "interés nacional" (hasta que se delibere y legisle una "definición" precisa), qué ventajas puede sacar el gobierno norteamericano de ponerse en práctica este documento y qué puede ganar en consecuencia la parte cubana.
Si se estableciera un compromiso efectivo, un sistema de cláusulas de cumplimiento con lo que prescribe este Informe de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre, las medidas en cuestión, incluso siendo "crueles", podrían ser también un elemento a considerar en la negociación. En cualquier caso debe tomarse en cuenta que aspirar a una negociación donde se mantenga lo que beneficie, y se elimine todo aquello que perjudica real o equivocadamente al interés cubano, es casi lo mismo que hacer una guerra encima de un escritorio. No hay pacto sin ofrecimiento.
El Informe Ejecutivo de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre tiene, no obstante, un grupo importante de incógnitas y zonas polémicas. Nosotros apenas tratamos de vislumbrar algunas, sobre todo a nivel general.
Consideramos que lo primero que hace creíble este informe es que a cada paso se puede comprobar el interés norteamericano; es decir, no se trata de un texto altruista, demagógico, de "solidaridad". Los norteamericanos saben muy bien lo que quieren. Castro ha sido hasta ahora un factor que, si bien no es ideal, tampoco es totalmente indeseable. El sabe pactar, mueve su diplomacia secreta y da pruebas de buen comportamiento. Por ejemplo, jamás ha hecho nada contra la Base Naval de Guantánamo, a pesar de todo el antinorteamericanismo verbal de sus discursos; y hemos de recordar que en los días inmediatos al 11 de septiembre, cuando la Base de Guantánamo fue convertida en prisión de guerra, Raúl Castro prometió que cualquier prisionero que escapara a la parte cubana, sería un prisionero que devolverían de inmediato a los norteamericanos.
Una Cuba postcastrista debe hacer creer que es más conveniente al interés Norteamericano que la Cuba que le antecedía; debe dar al menos la impresión de que tiene más responsabilidad negociadora que Castro. Debe incluso hacérselo creer a los amigos de Castro. Los Norteamericanos han precisado sus intereses en este Informe; los cubanos deben ir precisando los suyos.
La parte norteamericana, está claro, quiere colaboración en todos los campos; es decir, no pretende dejarse robar la iniciativa en el establecimiento de un sistema de relaciones con Cuba. Sabe, por ejemplo, que podrá acceder a níquel y cobalto más barato; tampoco quiere una emigración masiva al sur de La Florida; desea compartir información científica y tecnológica; quiere convenios en el campo de la salud, el medio ambiente, el control fitosanitario, intercambio artístico y deportivo. Y, claro está, quiere expandir sus criterios civilizatorios. Pero este nivel "filosófico" no es el principal, al menos a corto plazo.
Desde el punto de vista estratégico hay algo que resulta cuando uno estudia el concepto general que conforma cada una de las propuestas de negociación concreta; me refiero al concepto de regreso sin regreso. Desde nuestro punto de vista, y sea cual fuere la decisión de cada quien, este Informe reclama tanta participación de la comunidad cubana en Estados Unidos desde este momento que no siempre es necesario un desplazamiento geográfico hacia la isla para considerarse totalmente integrado a la transición, un agente de cambio, un sujetro de la democratización de Cuba.
No es esencial aquí definir los requisitos que se establecerán para adjudicarse puestos y posiciones en la política cubana, por lo que de entrada este Informe es un criterio para eliminar desavenencias en cualquier caso postergables. Aquí se trata generalmente de las posibilidades de hacer negocios, del establecimiento de empresas, de creación de infraestructura, de la génesis de nuevas zonas participativas en el sistema educativo, en la seguridad social, en la medicina. La política no es el fin sino el medio de este Informe; cuando se avanza en su lectura, lo político casi acaba disolviéndose en los problemas concretos.
La comunidad cubana puede aprovecharse de este Informe si es capaz de precisar su propio interés; si quiere ser soberana hay aquí una base clara; un espacio para tratar de negociar con ventaja, para exigir conveniencias en el conjunto de esta propuesta del Departamento de Estado. Quizás a la comunidad cubana en Europa, en Asia, en América Latina, en Africa, le corresponda un empeño análogo. No sabemos. Lo que está en discusión aquí son dos cosas fundamentales:
1-El interés norteamericano en un momento de transición en Cuba.
2-El propio interés cubano, que no puede dejar de tener en cuenta a su vez el interés generado por la nación norteamericana en que reside.
El establecimiento de equipos y oficinas para el estudio de conveniencias e intereses para la prosperidad sería una alternativa interesante, toda vez que despolitizaría gradualmente el enfoque del llamado "problema cubano"; a la vez que pondría a hombres de empresas, financistas, inversores, economistas, en la primera línea del pensamiento cubano. Los elementos estéticos, antropológicos, politológicos, filosóficos y religiosos no serían entonces condiciones primarias sino ingredientes acoplados a una proyección pragmática sobre el asunto cubano, lo que de alguna manera corregiría algunos de los tradicionales descarríos de nuestro pensamiento.
Si algún presupuesto filosófico tiene el Informe de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre es el "ambiente privatizador" que transpira. Desde nuestro punto de vista esa filosofía, enemistada con el sacrificialismo y autovictimización de la política nacional sería suficiente para presidir espiritualmente una transición en Cuba.
No hace falta más filosofía que el sentido común. Como decía el legendario empresario japonés Konosuke Matsuchita: "Una reacción natural ante los fenómenos naturales". Apoyar al político que beneficie, rechazar al que perjudique. ?Beneficiar respecto a qué? Pues respecto a la libertad y la prosperidad, que son la base de la decencia. Sin una cuota elemental de bienestar, todo lo que se proponga en el campo moral acaba siendo mentira. Al menos "en lo que a la común naturaleza humana se refiere", como gustaba acotar José Martí en su trabajo Maestros ambulantes.
Antes de adentrarnos en el estudio de este Informe de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre hay elementos conceptuales que hay que tener en cuenta. En primer lugar, debe considerarse que en el texto el orden castrista es tipificado como del tipo totalitario, en la lógica general del que existía en el Este de la Europa Comunista. De manera tal que transiciones logradas desde dictaduras capitalistas de mercado son solo experiencias a tomar en cuenta. Una dictadura instaurada sobre una sociedad de mercado se supera fundamentalmente cambiando la formalidad política; en esos casos, la transformación de los hábitos, costumbres, moralidad, etc, son cuestiones de fondo (a veces hasta resueltas) de la instauración de la democracia.
En el caso de los sistemas totalitarios de proyección explícitamente "anticapitalista", una transición a la democracia exige un enfoque en sistema pues no existen bases firmes sobre las que instaurar una política democrática. Se trata, en sentido general, de "fundar" un nuevo país.
El movimiento transicional en Cuba debe tener en cuenta que la información disponible tiene carácter relativo por la propia naturaleza del sistema que se trata de superar. Las estadísticas, por ejemplo, no son confiables; por lo que a veces ni se conoce a ciencia cierta el objeto de la reforma. El propio Fidel Castro ha legitimado públicamente el derecho de su gobierno a tergiversar los datos por "problemas de seguridad". No obstante, para algunos casos específicos el Informe considera que, en efecto, "hay estadísticas creíbles y realistas". Al respecto el Informe alerta:
Es importante no dejarse llevar por los relatos de la
prensa o los informes de individuos sin entrenamiento
técnico: ésa es la vía más rápida para la desinformación.
Debe considerarse además que el Informe trabaja con tiempos, con ciclos y plazos. Contempla un período llamado "crítico" que abarca unos 6 meses. Será este un período intenso donde se pondrán bases importantes; no se puede improvisar, por lo que hay que prepararse para el mismo. Al menos, prepararse para tener serenidad. Se habla además de "medio" y de un largo plazo, que en algunos casos se entiende como un período de tiempo "indefinido".
Ahora bien, desde el punto de vista conceptual lo más polémico que contempla el Informe es que se refiere al "gobierno de transición" como algo que, sin estar aparentemente constituido, tiene la fuerza jurídica del protagonismo. Es decir, no sabemos aún quiénes conforman ese gobierno de transición, o quienes lo conformarán (carecemos incluso de los perfiles políticos de la Cuba postcastrista); sin embargo, este documento no podrá operar en toda su amplitud hasta que ese "actor político central", el gobierno de transición, no solicite explícitamente la implementación de sus propuestas. Aunque por esta vez el documento no se centra en sus tareas, también se refiere explícitamente al asunto de un gobierno cubano de post-transición.
La escritura del texto apela continuamente como prerrequisito a la cláusula de que un gobierno de transición "pida", "solicite", "reclame" que tal o cual propuesta entre en vigor. Entonces, ¿qué se va a considerar "gobierno de transición" legítimo?, ¿cómo se conformará?, ¿existe ya aunque sea una definición general de la naturaleza de ese gobierno, de su composición social, de su base social?. Creo que este es un punto importante a discutir.
Por demás no estaría mal que los políticos cubanos con pretensiones en la política insular comiencen ya a mostrar públicamente un interés explícito en participar de ese gobierno de transición. La política cubana necesita dejar atrás la forma conspirativa, policial, de secta, en que ha venido desarrollándose hasta ahora. La nueva política cubana debe contemplar además una nueva ética; un elemento importante de la misma es la conversión de la "transparencia" en valor. Los políticos cubanos han convertido el ocultamiento en virtud, en prueba de sagacidad y "viveza", hasta el punto de que consideran una picardía virtuosa el pasar una cosa por otra, el hablar con medias verdades, el utilizar sofismas. Lo demás es como si fuera una ingenuidad imperdonable. Esto es más grave aún en el caso de políticos cubanos que hacen sus aspiranturas al poder desde el puesto en una universidad, desde las páginas de un libro, el estrado de una iglesia o la columna de un periódico.
II.
En sentido estricto el Informe es un documento que el Presidente George Bush pidió a la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre para analizar formas de instrumentar nuevas modalidades para viabilizar la relación de EE. UU. con el pueblo cubano. Es un documento que se elaboró por el Departamento de Estado bajo la secretaría de Collin Powell.
Es evidente que al plantearse "nuevas modalidades" de relación, la propia formulación del pedido implica una crítica a (al menos una insatisfacción con) las formas anteriores, las cuales considera demasiado inconexas. El punto de vista del Informe es el "enfoque de marco integrado". Y ese "marco integrado" implica 6 tareas fundamentales relacionadas entre sí:
1-Potenciar a la sociedad civil cubana. Según el documento esta primera tarea recibiría, por ejemplo, 41 millones de dólares. Ese tipo de ofrecimiento, de carácter bien concreto y puntual, es el estilo formal que habría que garantizar en un sistema de negociación con el gobierno norteamericano. Hasta donde se observa este objetivo se podría lograr incluso en el marco de las diferencias políticas entre cubanos. Si se fija el interés nacional, el interés político pasaría a ocupar un lugar subordinado. Otra cosa que hace visible este documento es la obsolescencia de la vieja polémica en torno al embargo. Los argumentos en ese debate se hacen demasiado evidentes; previsibles.
2-Romper el bloqueo de la información.
3-Negar recursos a la dictadura cubana. No se trata de un simple cierre o bloqueo de la ayuda a los cubanos de la isla, sino de su segura orientación. El espíritu de que "quien reparte se lleva la mejor parte", que en verdad se llama corrupción, está demasiado arraigado en el estilo castrista de administrar. La corrupción hasta tiene rango de "normalidad" bajo el régimen. El Informe de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre avanza en este punto dos conceptos sensatos y complementarios:
a-"Ayuda razonable".
b-"Restricciones razonables".
Si, por ejemplo, los límites en que se han fijado los viajes a Cuba o la escala de remesas no resultaran adecuados para algunos, pues en los propios marcos de este documento podría discutirse la "razonabilidad" de esas restricciones. Es decir, hay que ver este documento con carácter inclusivo, hacerlo capaz de absorver hasta sus propias disidencias. No se trata pues de un dogma, de un archivo doctrinario, sino de una guía metodológica para la acción.
4-Poner de relieve la realidad cubana bajo el régimen de Castro. El régimen de Castro ha logrado algunos éxitos a nivel propagandístico. No se puede negar que hay gente que cree que, en efecto, Castro es un gobernante justo o justiciero, con criterio propio y cierta legitimidad; o que hay logros sociales en materia de educación, medicina y deportes; o que se ha logrado una convivencia racial, clasista y sexual razonable.Ahora bien, más allá de todo esto, los cubanos saben acerca de la falibilidad de esa reputación. Es necesario continuar denunciando el carácter injusto y violador de los derechos humanos de ese régimen, que cada vez tiene más dificultades para mantener su propaganda.
5-Apoyar los esfuerzos diplomáticos internacionales para dar soporte a la sociedad civil cubana y poner en retaguardia al régimen castrista. Este punto, sin embargo, debe tener en cuenta una exigencia al exilio cubano. Es necesario reconocer positivamente cada esfuerzo que en favor de los cubanos haga la comunidad internacional, sin reparar previamente en la parcialidad o insuficiencia de esa ayuda. Nadie que no sean los mismos cubanos va a liberar a Cuba de la traba institucional que significa el castrismo; ni tiene esa responsabilidad, aunque a veces se la auto-atribuyan terceras personas; ni es tampoco interés de primer orden de los demás, ni es bueno que sea. De tal manera es preciso que el exilio se proyecte de forma coherente, si es posible unida; por lo que es necesario que pueda negociar internamente y llegar a acuerdos.
También es muy importante que se entienda que si bien puede ser negativo el llamado "protagonismo", la lucha por protagonizar la batalla contra el protagonismo es igualmente negativa. A veces la queja por el protagonismo no es más que la incapacidad propia por reconocer un liderato alternativo, o ser capaz de entablar negociaciones con otros grupos de fuerza equivalente.
6-Socavar los planes de sucesión del régimen.
Conociendo que "el viaje" es toda una institución social en el marco de una sociedad totalitaria cerrada, y que en la Cuba de hoy es el índice máximo de realización social, la presión sobre los mismos es una adecuada palanca de acción que avanza este documento. Más aún tratándose de los viajes a los Estados Unidos, pues la fascinación por la nación del norte (que abarca su deporte, sus bebidas, sus universidades, sus modas) es una de las sensibilidades más paradójicas que ha generado el castrismo, particularmente entre sus sectores privilegiados, incluyendo a los intelectuales.
Es pertinente por tanto la creación de listas de funcionarios que hayan cometido excesos punibles bajo legislación democrática internacional y que se circulen a otras cancillerías del mundo, así como a la prensa y las universidades del país con el fin de limitar sus movimientos. Se evitará, por supuesto, que tal condicionamiento sea interpretado como incapacidad para restablecerse en una Cuba libre; cada sanción personalizada debe dejar abierta una puerta de interés en un beneficio dado para cuando el cambio se produzca.
Es perfectamente legítimo que se controlen los viajes de supuestos intelectuales que en realidad son censores de la libertad académica en la isla. Los intercambios de estudiantes deben ser cuando menos supervisados y establecidos en plazos extensos; es lo único que garantizaría una cuota razonable de conocimiento efectivo de la verdadera realidad cubana. Los contactos a corto plazo son más manipulables por la propaganda oficial y la policía cultural de la isla.
Para que estas tareas se cumplan, como establece el Informe, sería efectivamente necesario el nombramiento de un Coordinador de la Transición en el Departamento de Estado. Debería quedar claro también que esta figura nada tendría que ver con una suerte de interventor de facto, pues el valor nacionalista está muy extendido entre cubanos y es, de hecho, uno de los fantasmas que más utilizan Castro y sus amigos para desacreditar al exilio cubano residente en los Estados Unidos.
Es necesario que el exilio cubano no permanezca indiferente ante este posible nombramiento y empiece a discutir, como un tema concreto de la política práctica hacia Cuba, una lista crítica- mínima de aspirantes a esa candidatura.
Repito que son las concertaciones para cumplir estas tareas concretas y no el debate de ideas y de prestigio lo que puede entrenar a los cubanos en un pluralismo eficiente. Hay que discutir en primer lugar hechos, problemas, situaciones, y en en ese marco, solo en ese marco, confrontar valores, creencias, costumbres y filosofías.
El documento también acierta al situarse teórica e históricamente ante el castrismo como un régimen totalitario latinoamericano-caribeño con matriz "comunista". La exaltación de sus singularidades, así como la remisión a situaciones históricas o modelos distantes, más que un marco aclaratorio puede funcionar como un elemento inmovilizador.
Hay que partir del principio de que todo puede hacerse en Cuba en aras de la libertad y la prosperidad. No existe ninguna tara racial, climática, histórica, consuetudinaria, religiosa o de otra ídole que impida una renovación cubana en los marcos del derecho moderno.
Hay instituciones en Cuba con pensadores dotados en el choteo y el sarcasmo que, temerosos de la libertad y partidarios de una suerte de despotismo ilustrado (la sucesión), se limitan a restar confianza en un cambio rezando con miedo: "No somos Suiza". La falta de fe en la nación no es ciertamente un delito, pero es un error espiritual; una cobardía. Cuba puede hacer lo que se proponga.
III.
Resulta interesante el pragmatismo del punto de vista norteamericano que inspira este documento. Tratándose de un Informe para modelar un sistema de relaciones con una Cuba post-Castro, es significativo que asuma como presupuesto que al pueblo cubano le caracteriza un notable sentimiento nacionalista. Es lógico entonces que manejen este hecho, incluso que lo manipulen, lo que en cualquier caso es provechoso para la parte cubana si también se sabe manipular con oportunidad. Ese presupuesto nacionalista se puede traducir en respeto; solo faltaría entonces que el respeto sea interpretado por la parte cubana como reconocimiento de parte, y esta como soberanía responsable. Es decir, no se trata solo de la forma en que se proyecte la parte norteamericana, sino de la manera en que lo haga el sector político profesional cubano, que en ningun caso habría que confundir nuevamente con esa elusiva abstracción llamada "pueblo de Cuba".
El espíritu de este Informe (así solo sea por la cortesía diplomática de compartir un código de intercambio) debe forzar a los políticos a hablar en nombre de fuerzas concretas, de sectores, de empresas, de intereses, y abandonar la clásica retórica, carente de contenido real, que se proyecta en nombre de todos los cubanos, de Dios, la Historia, la Patria.
En el Capítulo 2, que contiene una suerte de preámbulo de todo el Informe, queda establecido el reconocimiento norteamericano al sentimiento nacionalista cubano. Pero lo importante aquí es el espíritu de ese reconocimiento: se valora para fundamentar una política de interés norteamericano sobre la isla, no una política de interés cubano. Y esto es correcto. Lo que corresponde de la otra parte es verificar hasta qué punto el nacionalismo puede reportar una ventaja negociadora que conduzca a un interés, y no defender el presupuesto nacionalista de manera principista, lo que acabaría funcionando más como obstáculo que como virtud. Dice el Informe:
Todo lo que se disponga debe tener como objetivo potenciar
al pueblo de Cuba. Cuba tiene que ser libre y soberana, y hay
que reafirmar el orgullo del pueblo en su cultura, su historia y las
esperanzas en el futuro.
Vale la pena reiterarlo: es de interés norteamericano que Cuba sea "libre y soberana". Es decir, no les interesa lo contrario. No les conviene, no necesitan una Cuba anexada ni un protectorado. Y no por hacer un favor a Cuba, sino por favorecer su interés nacional. Esta forma de pensar debe quedar clara a la parte cubana.
Para instrumentar este proyecto de intereses norteamericanos en una Cuba postcastrista se perfila como gran protagonista, junto a decenas de organizaciones e instituciones más particulares, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USIAID, por sus siglas en inglés), aunque también se apelan a los organismos internacionales vigentes. Por ejemplo, se dice en el texto:
El gobierno de EE.UU. puede trabajar a través de la OEA y
de sus agencias regionales, y con las Naciones Unidas y sus
respectivas agencias, y otras organizaciones y países.
Desde el punto de vista interno el Informe apela a tres fuerzas fundamentales:
1-Lo que llama "el pueblo potenciado"; es decir, una sociedad civil activada desde el presente, aunque no conformada totalmente.
2-Empresas privadas.
3-Iglesia.
4-Exiliados cubanos y otros ciudadanos de EE.UU.
El papel del exilio cubano en EE.UU. en una Cuba postcastrista se torna polémico, confuso y hasta obstaculizador cuando se enfoca desde el punto de vista político. Ahora bien, si miramos ese rol de manera amplia, como propone este Informe, las vías de participación se tornan más claras y aparece como posibilidad el referido concepto de regreso sin regreso. Dice el texto:
La diáspora cubana querrá participar en la reconstrucción de
la Patria. Quizás sea útil establecer una supraorganización que
coordine la ayuda de la diáspora, algo así como una Fundación
de Ayuda a una Cuba Libre.
Este párrafo, que parece alentado por algún asesor de origen cubano por la forma de referir el "país" como "patria", establece un presupuesto importante: que en verdad el exilio quiere colaborar en la reconstrucción de la isla. Este hecho debe estar dictado por una motivación de doble naturaleza: la motivación sentimental, y aquella fundamentada en un sistema de intereses. Entre estos intereses, por supuesto, es muy importante el lugar que ocupa el interés moral donde lo afectivo es también un ingrediente visible.
La actitud norteamericana en el momento de lanzamiento de un programa transicional para Cuba queda definido en su nivel estratégico en el siguiente párrafo:
Tanto EE.UU. como el resto del mundo debe aprestarse para ayudar
a Cuba a despolitizar sus instituciones y a promover la justicia y la
reconciliación. El gobierno de EE.UU. puede ser útil en el proceso de
eliminar los politizados libros de texto escolares de la era castrista y otros
materiales docentes escritos o grabados, al igual que puede apoyar a la
red de bibliotecas independientes de Cuba con materiales diversos que
mejoren su existencia y la libre circulación de ideas. Puede que los cubanos
quieran establecer un proceso de justicia y reconciliación para lidiar con
los crímenes de Castro, identificar a las víctimas del régimen, y así facilitar
un proceso de recuperación social; puede que para ello los cubanos
soliciten ayuda externa.
Es importante considerar que la "identificación de víctimas" parte de un enfoque más constructivo que la "identificación de culpables"; así solo sea porque le sigue un resarcimiento positivo más que un castigo. El proceso de definición de estas figuras dependerá de instituciones jurídicas más específicas.
En el Informe se deja entrever también que, en efecto, los EE.UU. han precisado un intrerés político en el marco del asunto cultural referente al libro y las bibliotecas. Las bibliotecas independientes de Cuba son percibidas, más allá de su natural función como promotoras de cultura, como un modelo bajo el que pueden surgir otras células de la sociedad civil; por otra parte, tratándose de un estado totalitario, una red de bibliotecas alternativas a las oficiales puede cumplir tareas que trascienden las tradicionales. Es lo que sucede también en el enfoque que se hace en el documento de las instituciones religiosas.
El problema educativo es fundamental a la hora de plantearse un programa de transición. La educación es a largo plazo, pero los bloques de entrenamiento para cumplir tareas concretas pueden diseñarse en plazos muy razonables; de varias semanas, o meses, por ejemplo. Mientras tanto, el empleo de asesoramiento extranjero es una alternativa imprescindible. A pesar de todo, el Informe de la Comisión para la Ayuda a una Cuba Libre insiste a través de sus páginas en que Cuba cuenta desde ya con personal muy bien calificado en algunos campos; es más, contempla también la posibilidad de lograr beneficios concretos a partir de un intercambio profesional sostenido y bien programado. La transición en Cuba, insistimos, es un proceso que le conviene a las dos partes y, por supuesto, a todos los cubanos en general, independientemente de las simpatías políticas que profesen o digan profesar en este momento.
El proyecto educativo de una Cuba postcastrista debe tener en cuenta también que es un proyecto para hacer la transición. Al respecto dice el documento:
El gobierno de EE.UU. debe crear un proyecto que lleve
por nombre "Proyecto Docente sobre la Sociedad Civil
en Cuba", mediante el cual puedan canalizarse los recursos,
el entrenamiento y los materiales necesarios para educar a
los cubanos en el quehacer de la democracia, los valores
cívicos y el desempeño empresarial, a todos los niveles.
La insistencia en que todos estos acercamientos deben traducirse en la parte cubana como formas de encontrar espacio y beneficios en una Cuba futura, se debe a que ha sido precisamente el castrismo quien ha inculcado definitivamente en los cubanos, para su mejor manipulación, una mentalidad sacrificial que considera una debilidad el planteamiento de un sistema de intereses. Un pueblo indigente es un pueblo más fácil de dominar que un pueblo próspero; de ahí que muchos de los análisis realizados sobre los países comunistas del este europeo acabaran considerando que el atraso económico era de alguna manera autoimpuesto. Los pasos que hay que dar para lograr de inmediato una mejora en el nivel de vida de la población cubana son tan básicos, al menos en la primera instancia, que solo es posible creer que hay un interés político en repremir los intereses que pueden estimular a la libertad.
Por esta razón es positivo que los agentes cubanos de la transición se pregunten la manera en que podrían insertarse en ella; los modos de innovación y prolongación de los beneficios actuales. Algunos proyectos presentes podrían encontrar su lugar en una Cuba postcastrista sin necesidad de experimentar reformulaciones radicales. El propio informe refiere un caso de continuidad ejemplar:
Radio y Televisión Martí pueden continuar transmitiendo información
sobre la transición para la sociedad civil, y capacitación para los periodistas
de esa nueva Cuba libre.
Se trata de un caso de regreso sin regreso múltiple pues, aunque inscriba corresponsalías en La Habana, deberá seguir funcionando como una agencia norteamericana.
El asunto de la ayuda, su estructura y monto se trata en el Capítulo 2. No es un epígrafe abstracto sino que aparece desglosado por tipos de ayuda, sectores y áreas. Hay un análisis diferenciado de dicha ayuda que comprende cinco sectores básicos: Salud Pública, Educación, Vivienda, Alimentación, Servicios Humanos.
Un problema de definición del punto referido a las ayudas es que estas solo podrán funcionar si se ubican en un contexto social activo y transparente que no repita, en lo fundamental, los resortes distributivos del castrismo. Por eso aparece con énfasis la tesis sobre la "potenciación del pueblo cubano", quien deberá recibir y en lo esencial distribuir esos recursos. El concepto de "estado policial totalitario" se introduce precisamente