Tres “frases ambiente”

Una “frase ambiente” es una frase que flota, que levita ante los propios ojos. Una frase que, si no das con ella,
ella da contigo. No tiene que ser necesariamente verdadera: para que una frase califique como “ambiente” solo
debe ser útil, conteniendo en su seno una “creencia ambiente” que comparta sus adjetivaciones.

El Canal Gala Visión transmite hacia el anochecer un curioso programa titulado “Cien mexicanos dijeron”
(debiera anotar que es una versión de otro similar en inglés, pero resulta que la mayoría de los programas de
la televisión en español en los Estados Unidos hace copias de los originales en inglés, por lo que la cota sería
algo así como un sobrentendido); se trata de un programa de participación donde los integrantes de dos
equipos intentan responder “adecuadamente” las preguntas del conductor. Ahora bien, ¿qué quiere decir
“adecuadamente”?.

La respuesta del participante debe lograr la “adaequatio” respecto a otra respuesta ideal prediseñada a partir
de las ya dadas (dichas) por cien mexicanos. Entonces se establece una escala de valor a partir de un rasero
cuantitativo; por muy descabellada que sea la respuesta, si uno de los cien la enunció, empieza a puntear.

Hace unos días un competidor enfrentó la siguiente cuestión: “Mencione un animal que tenga más de cuatro
patas”. Y respondió: “El gato”. Dicha respuesta, que sorprendió al mismo presentador, punteó en la pizarra
dos puntos; prueba de que algunos de los cien mexicanos entrevistados lo habían considerado así.

La idea de que el gato tiene más de cuatro patas puede convertirse en una “frase ambiente” si tiene alguna
funcionalidad, poco importa si es o no es verdadera; lo hace si llena un vacío, si despeja una culpa, si corrige
un error, por ejemplo.

Refiero ahora tres frases ambientes de la cubanidad; ideas que flotan, que dan de cara, que (aunque sean
falsas) de alguna manera reparan, sanan o liberan traumas padecidos por nuestra historia reciente:

1- Todos llevamos un Fidelito Castro dentro: Esta “frase ambiente” cuando menos es bivalente. Por una
parte puede indicar la necesidad de reconocer cierta responsabilidad colectiva, de “todos” o de “cada uno”, en
la instauración de una dictadura totalitaria en la isla; por otro lado, ya que todos lo llevamos dentro, pudiera
debilitar la culpabilidad del Fidel Castro (que tiene dentro un Fidelito adicional, o no lo tiene porque lo
exteriorizó y lo que carga es otra persona que no conocemos). La frase es realmente muy poco imaginativa
comparada con la funcionalidad ambiental que ha alcanzado. En todo caso, si lo que se desea significar es
que para lograr una sociedad democrática los ciudadanos deben monitorear las tendencias autoritarias que
llevan dentro, entonces el problema no es de inclinación “histórica” (el Fidelito) sino “natural”. Parafraseando a
Poe: “El autoritarismo no viene de Cuba, viene de Elea”.

2- La cultura cubana es una. Muy bien, pero esa unicidad cultural solo tiene valor si alguien, previamente,
ha hecho una operación divisoria. Una división ilegítima, quiero decir, pues hay divisiones muy justificadas que
avalarían la diversidad de dicha cultura antes que su artificial congregación. Por esta razón, si la pretensión de
unidad viene de la parte divisionista, entonces, o se revisa críticamente como parte de su nueva intención o se
trata de un reclamo inválido. En estos casos, solo el excluido tiene potestad moral para reclamar la re-unión,
como ocurre con la víctima en el caso del perdón.

3- La literatura cubana la conforman todos los textos bien escritos independientemente de la posición
política que les comprometa. En este caso el alarde democrático en lo político vela el autoritarismo que se
ejerce en el nivel literario. La “escritura buena” no puede establecerse sino desde un comisariato que haga
prevalecer ciertas normas sobre otras, y esto no puede hacerse sino antidemocráticamente. Pero aceptemos
que, efecto, se pueda discernir, y de paso establecer, una literatura bien, regular y mal escrita; o para decirlo
de otra manera: una literatura de primera, segunda y tercera línea. Si eso se puede lograr, entonces, en virtud
del propio bienestar democrático y esta vez también estético, no se podría excluir de una literatura a un autor
que escriba regular, ni siquiera a quien lo hace mal. No es lo mismo Miguel de Cervantes que Antonio Gala,
Shakespeare que Chesterton, Tolstoy que Gorki, pero a nadie se le ocurrría negarle a alguno la condición de
escritores de su país. La literatura pésima, también es literatura cubana.

Las “frases ambiente” son significativas por las razones citadas en este artículo, pero también porque velan,
conteniéndolas, algunas claves del devenir cultural de las comunidades.

Julio-2006

 


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