Terrorismo y paganismo

Es una evidencia: ninguna religión, superstición o filosofia se vertebra en una sola imagen de Dios. No
sé por qué entonces se insiste en llamar monoteísta a un grupo de ellas.

Entre las razones que pueden haber estimulado la ilusoria aspiración a estructurar una religión a partir
de un Dios único, destaco tres:

1-        Un viejo motivo aristotélico según el cual un saber gana en cientificidad si se funda en el menor
número de principios posibles, sin llegar a cero. Y ese número, como se sabe, es el Uno.
2-        Un prejuicio estético que considera que el orden es preferible al caos y, en consecuencia, un
solo Dios a un grupo de ellos.
3-        La inevitable razón política que ve en la linealidad espiritual un elemento que contribuye al logro
del mandato y la obediencia. Un Dios único premia y castiga con mayor resolución.

Algunas religiones de Dios único han  sido el soporte cultural de civilizaciones humanas de duración
milenaria. Es el caso del cristianismo, en cuyo nombre Occidente erigió un arte bello, un derecho justo,
una ciencia verdadera. Pero en otro sentido, y como reconociera el mismo Papa Juan Pablo II en 1992,
fecha del medio milenio del “descubrimiento” de América, el estandarte del Dios único sirvió de
cobertura espiritual a gestas inescrupulosas y violentas, como el mismo proceso de conquista y
colonización.

El terrorismo contemporáneo aparece también relacionado (dicen algunos que ilegítimamente) con la
variante musulmana de religión monoteísta. Cuando se cree en un Dios excluyente, no es difícil
comenzar a odiar los dioses de los demás e inventarse misiones desmesuradas en pos de una justicia
divina.

El punto de vista de la eternidad se convierte entonces en  perspectiva histórica y esta, a su vez, se  
rebaja al nivel de los intereses personales de un grupo de personas más o menos fanatizadas con un
ideal de justicia. En el universo moral del terrorista el amor al Dios sublime se traduce en desprecio de
la vida humana corriente, incluyendo la propia, la cual se valora como una técnica o un medio que se
redime en el sacrificio. En la lógica terrorista es preferible la destrucción de la casa del vecino a la
reproducción del hogar.

A ese Dios único unos lo llaman Alá; otros, sencillamente, historia. De ahí que el fanatismo político que
se consigue a través del monoteísmo haya desobado también una forma secular que puede
constatarse hoy en las formas de intolerancia de la propia política de Occidente.

Algunos pensadores contemporáneos creen que si los fundamentalismos políticos  segregados desde
las  religiones monoteístas recuperaran sus orígenes paganos en un contexto de amor y respeto a la
diferencia, las inmolaciones políticas y  las guerras  perderían un soporte importante.

El déspota asceta, solitario y enloquecido por una causa va con más facilidad a la guerra que el
dictador enamorado o el caudillo tierno que de pronto descubre la sonrisa de su hijo o el placer de
tener un cuerpo.

Hemos visto las imágenes de los soldados de Al Qaeda en sus campos de entrenamiento. Sus caras
lucen serias o impacibles; se nos antojan fuertes en el desierto y la destrucción. Se cubren el rostro
como si se avergonzaran de la expresión humana, crecen en el polvo, la cueva, la montaña.

Aunque muchas veces no lo reconocemos, el cristianismo conoció también una versión sacrificial de la
palabra divina, llegando a censurar la propia Biblia. Según se cuenta, Luis Vives e Ignacio de Loyola se
sentaron a discutir sobre el asunto, dejando claro el primero  que la amabilidad, el respeto y el amor a
la creación era el primer deber de un buen cristiano.

La Catedral neoyorkina de St. John the Divine exhibe por estos días una excepcional muestra de arte
medieval español titulada “Tiempo de esperanza”; en ella pueden verse la amable caligrafía de Santa
Teresa de Jesús, los trazos de San Juan, vírgenes coquetas con los labios púrpuras y las mejillas
ruborizadas, así como objetos cotidianos decorados con motivos religiosos.

El Dios natural que se nos da en un gesto es el único que podrá salvarnos de las violentas misiones de
la historia.


New York. Nov. 2002.   



Inicio | US-Mundo | Cuba | Colaboraciones | Crítica | Entrevistas | Ensayos | Literatura | Galería | Libros | Bio | Blogroll | Contacto | RSS |
Copyright © Emilio Ichikawa. Todos los derechos reservados.