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| "Nocturno" y la batalla de ideas. Lo que uno se encuentra hecho cuando nace, le sabe más a naturaleza que a historia. Se le mece hacia lo eterno, a lo intemporal. Es lo que me sucede con Castro, los frijoles negros y “Nocturno”, un programa que desde el inicio de los tiempos transmite Radio Progreso a las 8 y 30 de la noche. “Nocturno” se consagró en la audiencia cubana con poemas de Bécquer, Nervo, Buesa... recitados por artistas finos y viriles como Julio Alberto Casanova y Pastor Felipe. Sus voces apasionadas intercedían en las canciones de grupos españoles de música pop que se toleraban en la radio antiimperialista, quizás como parte de la política del internacionalismo totalitario. La superación del franquismo fue la liberalización económica, fue la oposición política, la crítica universitaria, el gesto del exilio, pero fue también el pantalón vaquero, el pelo largo, el cinto ancho y Eurovisión, el festival europeo de la canción. Fue Julio Iglesias y Mocedades, Massiel y Raphael. Estos dos últimos tuvieron una rivalidad razonablemente civilizada, cuyos ecos alcanzaron algunas declaraciones postoperatorias del cantante, quien se refirió a la estrategia de autovictimización de la primera. En este punto Raphael tenía razón: a juzgar por la fama y por los trabajos grabados, a Massiel no le fue tan mal bajo el franquismo; algunas de sus letras, famosas por la angustia y el inconformismo, deben más a una fórmula preestablecida por el heroísmo de izquierda que a una biografía personal. Massiel interpretó con muchísimo éxito el poema Rosas en el mar, de Luis Eduardo Aute, una de las promesas de una generación poética que lo antologaba junto a Leopoldo María Panero. Con la fuerza de un himno sombrío, ella clamaba: Voy pidiendo libertad, y no quieren oír. Es una necesidad, para poder vivir. La libertad, la libertad: derecho de la humanidad. Es más fácil encontrar rosas en el mar. En su canción Massiel se molesta con el mundo y dictamina: La mentira es obsesión y falsa la verdad. Qué ganarán, qué perderán, si todo esto pasará. Raphael, quien es un conservador muy singular, se ajusta mejor a la idea de éxito y felicidad, dos pecados en el marco de la suspicaz sensibilidad revolucionaria de izquierda. Su pieza Digan lo que digan rompe declarando: Más dicha que dolor hay en el mundo. Más flores en la tierra, que rocas en el mar. Hay mucho más azul que nubes negras. Es mucha más la luz, que la oscuridad … Son muchos, muchos más los que perdonan, que aquellos que pretenden, a todo condenar. Digan lo que digan, digan lo que digan, los demás. Los fantasmas están de vuelta y el dictador en la cama diseñando su valle. La batalla de ideas en torno al viejo pop español se revitaliza: los Fórmula V por La Habana, Los Brincos, Roberto Jordán y Raphael por Miami, en las afueras del Miami Dade County Auditórium se ponen materiales a la venta, entre ellos, Cera virgen, Solos los dos, la serie remasterizada de Los comandos del silencio y los capítulos finales de Memé: el halcón de todas las aldeas. |