Miami y la escritura universal

No pasa un día que en no reciba un correo de algún colega, en cualquier lugar del mundo,
amonestándome acerca del localismo de la prensa de Miami. "Aquí en Europa se discute otra cosa", me
decía hoy un querido maestro desde Frankfurt.

Lo que el respetado objetor llama "Europa" es en verdad, en su caso, un departamento periférico dentro
de una universidad con una tradición que ha sedimentado castas académicas casi impenetrables. El
profesor, que es "especialista en temas cubanos", languidece en la soledad de los informes semestrales,
los "papers" para congresos y algunas clases en las que, con seguridad, actualiza los planes de estudio
de hace una década.

Resulta curioso que, siendo un intelectual de formación marxista, ignore la expresión nostálgica del gran
Perry Anderson ante su abrumadora bibliografía: "Lo peor de todo es que ninguno de estos libracos me
vale lo que una página del peor discurso de Karl Kautsky o Rosa Luxemburgo",  viejos líderes de la
socialdemocracia alemana.  

Anderson echaba de menos el "soporte social" que anima una escritura, ese lector cómplice que justifica
la aparición de una página. Es cierto: tanto Miami como La Habana son muy impresionables con lo
"extranjero", y es la xenofilia una dimensión esencial de sus psicologías. Pero es gracias a esa apertura y
acatamiento de lo que viene "de afuera", que mi querido profesor realiza todas las ansias que debe
reprimir entre sus colegas de las Facultades de Medicina o Biotecnología; La Habana y Miami le sirven de
estaciones de realización personal, en estas ciudades hace la catarsis que le salva del anonimato.

Ahora bien, ?por qué esta insistencia en que Miami está encerrado en sus temas locales? Pues porque si
algo ha enseñado el mundo global y la nueva tecnología comunicacional es que la "universalidad" es una
ficción.

El profesor no puede opinar sobre política del estado alemán. A nadie le interesa que un gallego o un
ateniense opine sobre la utilización de fondos en la ciudad de Frankfurt; sin embargo, el profesor cree
que los problemas de la política en el estado de La Florida, o el debate ideológico en nuestra comunidad
exiliar es asunto en el que podría intervenir y hasta dar lecciones.

Como una vez dijera el Dr. Rafael García Bárcena Jr., debería darse un Premio Nobel a los creadores de
los surtidores de información por internet, pues ellos están cambiando la naturaleza de las relaciones
intelectuales entre "norte y sur". Ya el profesor no puede ofrecer un curso, como hacía hace unos años,
sobre las principales tendencias en Teoría Literaria en Europa, porque sencillamente a ese nivel Europa
no existe. Lo que se piensa en Tirana, en Lisboa o Helsinki en términos literarios puede encontrarse en el
más modesto ordenador de la casa. Con internet ha llegado el fin de la evangelización laica de la
modernidad.

La conquista intelectual se basa ahora en el aprendizaje de la diferencia, no en la catequización del buen
salvaje y al talento acabará por certificarlo solamente la productividad. El profesor Román de la Campa,
de Stony Brook University (SUNY) solía denominar "el otro burocrático" a todas esas nuevas instituciones
donde el pensamiento puede realizarse, libre ya de los forceps institucionales que aislan al profesor de
Frankfurt. Han aparecido nuevas "universidades", como las pasarelas, los clubes de automóviles, los
ejércitos, los canales de televisión, y a ningún académico le molesta ya ver una telenovela, recibir un
Grammy o ser invitado a las premiaciones de Hollywood.

Ni hay un Miami provinciano, ni hay escritores universales en el sentido tradicional del término. La mayoría
de los españoles, por ejemplo,  no ha leído El Quijote; lo conocen, eso sí, porque Cervantes no dotó a la
cultura hispánica de un libro, sino de un pretexto literario que fue utilizado en el diseño de valores políticos
y comerciales de la modernidad. Y eso va más allá de la literatura. El Quijote es también una escultura en
23 y J, en La Habana, un restaurant en Coconut Grove y un código linguístico para significar la bohemia o
la locura.

El querido profesor de Frankfurt, que estimaba tanto a sus discípulos cuando tomaban nota cada vez que
abría la boca, debe ahora respetar también sus nuevos afanes. Debería aceptar la invitación para venir a
Miami, en fin de cuentas aquí se escribe de lo mismo que en todas partes: del amor, del poder, del dinero,
de Dios y del sexo.

febrero-2004



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