El individuo y los estereotipos


Supongamos que debemos dar tres pasos para conocer a un inidividuo:

1-En primer lugar, precisar los estereotipos a los que pertenece. Estos estereotipos, como sabemos, no están
explícitamente definidos, pero podemos dar fe de ellos pulsando algunos estados de opinión.

2-Después de esto asignémosle, digamos, unos tres rasgos correspondientes según cada estereotipo
detectado.

3-Por último, pasemos a apreciar la calidad del idividuo mismo en su irrepetible  singularidad.
Hagamos entonces el siguiente ejercicio sobre un individuo cualquiera, por ejemplo, sobre uno mismo.
Primero avanzo una lista de algunos de los estereotipos para los que yo aplico:

a-Soy hombre.
b-Soy cubano.
c-Soy un exiliado en los Estados Unidos.
d-Soy heterosexual.
e-No estoy casado.
f-Escribo.
g-Resido en Miami.

La participación en el estereotipo “a” me hace miedoso ante las medicinas, poco perceptivo de la
inteligencia femenina, indiferente al detalle y buscador de ideales trascendentales que la mayor parte de las
veces acaban siendo inútiles.

Como también aplico para “b” debo saber bailar, ha de gustarme el arroz con frijoles negros, beber “mojitos”
y tener propensión a los chistes. No soy bueno conservando distancias y jerarquías, a la vez que me gusta
ser hospitalario.

“c” me hace nostálgico, republicano, asiduo visitante del restaurant Versailles, orgulloso de la minoría a la
que pertenezco y altivo ante otras minorías, simpatizante de los Marlins de La Florida o de los Yankees de
New York, anticastrista y globalizador.

“d” me hace conservador, usar goma en el pelo, controlador, buen yerno, tener tarjeta de Cosco, estar
suscrito al periódico, beber whisky o ron “on the rock”, usar anillos y tener
la Televisión todo el tiempo sintonizada en noticias.

Aplicar para “e” agrega algunas paradojas; o soy gay o no me gustan las mujeres o por lo menos soy “raro”,
no tengo constancia afectiva, me falta responsabilidad y orden, me gustan las discotecas y el billar,
frecuento Miami Beach y miro en internet las páginas pornográficas.

“f” me hace medio vagabundo y expuesto, culto, inmodesto, otra vez raro y de Nuevo gay, amante de la fama,
adulón de los editores, chismoso, hablantín, conspirador, medio de izquierda, libertario e independiente, de
pelo largo, resistente al uso de medias o calcetines, bebedor de té sin azúcar, gustador de las ensaladas y
puede que vegetariano.

Como participo en “g”, debí estar en contra del regreso del niño Elián González al lado de su padre en Cuba,
soy mafioso, me gusta Celia Cruz y Gloria Estefan, tengo un busto de Martí en mi jardín, adoro la carne de
cerdo y las palmas, hago cualquier cosa por dinero menos estar a favor de Castro, no me gusta Chávez ni
los Sandinistas, soy de la CIA o del FBI, odio al resto de latinoamérica y mi teléfono empieza con el código
305.

Bien, ahora nos toca acceder al nivel número 3, donde deberíamos entrar en relación natural con el
individuo concreto que deseamos conocer, permitiendo que de él emanen aquellos rasgos que le definirían
como personalidad irrepetible.

Pero lo que sucede es que, después que hemos asignado rasgos y estereotipos, esa singularidad ha
quedado sepultada, formándose sobre ella una caparazón de prejuicios definitorios que ahogan el
verdadero Ser.

Tengo la sensación de que este sacrificio de lo individual, de lo real, se da con más frecuencia de lo que
suponemos; de forma tal que podemos irnos del mundo sin haber conocido nada de nada. Una amiga me
dice que tantas noticias desconcertantes obedecen a que Urano está en una casa insospechada,
revolviendo casi todas las tranquilidades. Yo también creo que son tiempos de Apocalipsis, es decir, de
revelación, y que todos nuestros sobresaltos se deben a que, por primera vez, estamos en condiciones de
comenzar a ver y a vivir con la verdad en la frente.

Vivir en la verdad, para las criaturas que han sido obligadas a sobrevivir fingiendo (o simulando, como
pensara en un libro José Ingenieros), apareja un deslumbramiento que nos hace doler el centro, que
remueve los mismos simientos de nuestra vida. Como decía, esto es apocalíptico, pero es bueno.



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