El egoísmo y el futuro

El “socialismo real”  tuvo un postrer índice de racionalidad histórica: alcanzó la decencia de autodestruirse.
Fue una sociedad que usó al marxismo como coartada ideológica, pero pudo servirse de cualquier otra
retórica. A fin de cuentas, no se conoce en ninguna obra de Marx un sistema de recomendaciones
concretas acerca de como administrar una sociedad; aunque sí una crítica a la explotación, a la vez que
una cabal incomprensión del ejercicio de la voluntad de poder.

La idea de que la sociedad debe tener un fundamento colectivo y no individual se le adjudicó a la tradición
comunista, pero en la actualidad el colectivismo solo es concebible en el contexto de relaciones
capitalistas. Es el capitalismo quien produce, y es desde él que se puede distribuir. Cuando Fidel Castro
reparte pan o Hugo Chávez ofrece una arepa, eso nada tiene que ver con la querella clásica entre la
racionalidad productiva del comunismo o el capitalismo; se trata apenas de una disposición autoritaria de
la riqueza creada en el marco de un sistema de economía empresarial basado en el interés y el
humanismo capitalista. El altruísmo moderno, lo decía el propio Marx, es también un producto del capital.

Si somos rigurosos, la única ideología posible en la actualidad es la de derecha, y es patrimonio de ella
una crítica del capitalismo. La crítica al comunismo no es importante, el comunismo, como problema
intelectual, sencillamente no cuenta.

Lo que sí debe hacer una derecha ilustrada es la crítica a la crítica que la izquierda ha hecho del
capitalismo. Unos y otros, izquierda y derecha, conservadores y liberales, demócratas y republicanos, se
enfrentan hoy por formas diversas de entender el capitalismo: por ver si se aumentan o disminuyen los
impuestos, por el alcance del seguro médico, por la forma de hacer una Guerra, etc., no por rezagos
ideológicos de la guerra fría. “América es lucha”, “América es paz”, leí una vez en las calles de
Washington: la forma está en disputa, el nacionalismo imperial no.

Aunque el altruismo y la colaboración, la tolerancia y el amor, son ya tópicos del discurso moral de la
época, esos valores no se inscriben en una forma sacrificial de enfrentar la existencia colectiva sino en el
sistema plural del egoísmo y las satisfacciones individuales. “Egoísmo”, que es casi una mala palabra en
castellano, debe ser liberado de su sentido peyorativo, sería más útil entenderlo como un sano amor a uno
mismo, como una forma de crecimiento del “yo”.

No hay que olvidar que en la Cátedra de Ética de la Universidad de Glasgow, donde trabajaron Hutcheson,
Shaftesbury y Smith (el mismo que suele llamarse padre del neoliberalismo), la defensa de la cooperación
y del sentimiento moral como móvil de la vida, se daba en el marco de una racional aceptación del libre
comercio como eje de la actividad económica. En realidad, el egoísmo era para ellos “selflove”.

Personalmente he visto la crisis del colectivismo de matriz bolchevique de una película a otra. Cierto día
empezaron a llegar a La Habana los productos  culturales de la apertura soviética. Entre ellos la película El
mensajero, donde el protagonista formulaba una extraordinaria utopía que no le dejaba alcanzar ni
siquiera el rango de antihéroe: “Yo quisiera ser un cero a la izquierda.”

Recientemente pude ver la película Suite Habana, (2003) del director Fernando Pérez, que termina con un
registro de los sueños de sus personajes. Uno soñaba con volar, otro con vestir trajes nuevos, uno más
con actuar en grandes teatros del mundo, etc… Todas esas confesiones expresaban metas individuales y
familiares distanciadas de la almibarada cháchara colectivista de la propaganda oficial.

En uno de ellos era desesperado el deseo de estar junto a su familia y salvar algo más que la propia piel.
Se trataba de un exiliado. A veces, cuando veo actuar al “volunteer” americano, o preparar sus paquetes
para la isla al trabajador de Hialeah, me da la impresión de que el famoso “hombre nuevo” lo ha generado
el capitalismo de Smith y no el comunismo de Guevara. Y me da vueltas la tajante confesión que hace
poco me hicera un amigo que fue uno de esos habaneros luchadores: “Miami me ha ennoblecido. Sin
duda alguna.”

Enero-2004.


Inicio | US-Mundo | Cuba | Colaboraciones | Crítica | Entrevistas | Ensayos | Literatura | Galería | Libros | Bio | Blogroll | Contacto | RSS |
Copyright © Emilio Ichikawa. Todos los derechos reservados.