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La derecha castrista.

En un viejo cuaderno del PH Institute, dedicado a promover valores empresariales nipones, aparece una
entrevista a Konosuke Matsushita, entonces líder de las divisiones Panasonic/National, de la que destaco el
siguiente lance:

-PERIODISTA: ¿Me puede decir cual ha sido el secreto de su éxito?.
-Mr. K.M.: ¿Qué haría UD. si va a salir y esta lloviendo?.
-PERIODISTA: Sacaría un paraguas.
-Mr. K.M.: Perfecto. Una reacción natural ante un fenómeno natural. Ese es el secreto de mi éxito.

En sentido general solemos llamar  “derecha” a la expresión política de ese proceder que obedece los índices
del sentido común. Un comportamiento clásico de “derecha”, en el ámbito del mercado, es casi un mecanismo
de reflejo: comprar barato y vender caro. Un hombre de negocios estará así inclinado naturalmente a  la
“derecha”, pues  suele creer en la relación oferta-demanda y su influencia en los precios. Creerá en eso,
aunque se le diga ingenuo.

Las “naciones de derecha” se ajustaran a los indicadores mas simples; trataran de exportar mas que importar
y, llegado el caso, preferirán prestar a pedir prestado. El hombre de “derecha” sabe que solo una reacción
natural le puede permitir acumular riqueza. Para que en mi bolsa entre dinero debo estar detrás de gente que
este dispuesta a perderlo o gastarlo: ese es un legitimo y sencillo lema de la “derecha”.

La “izquierda” es otra cosa. Basada en el plus de riqueza que genera precisamente el proceder de “derecha”,
la “izquierda” insistirá en que hay cosas que se deben producir aunque implique un mal negocio, y que, a
veces, es mejor comprar caro y vender barato. Un ejemplo ilustrativo: la “izquierda” pretenderá hacer creer que
ocasionalmente es necesario comprar un billete de cinco dólares invirtiendo uno de veinte.

Sin embargo, los extremos políticos de “izquierda” y “derecha” no son absolutamente estáticos, y a veces se dan
corrimientos. Ocurre en el espectro político lo mismo que en el espectro de luz; salvando un detalle: este
siempre corre al rojo, que en política es como decir que corre siempre a la izquierda. Aunque sea mentira.

A la derecha se la puede convencer de que actúe a contrapelo de algunos resortes lógicos del mercado si se le
hace ganar dinero con ello, por lo menos ahorrarlo un poco. Por ejemplo, si hay que hacer un hospital o una
escuela en la esquina de un barrio y el gobierno local no tiene dinero para ello, se le puede decir a un señor
acaudalado (asumimos que el dinero solo se hace con sentido común, es decir, con un comportamiento de
“derecha”, aunque se verifique en el mismísimo Secretario General de un Partido Comunista) que si corre con
la mitad de los gastos de esas obras se le descontara esa mitad, mas otro poco, de sus impuestos fiscales. La
filantropía hallara su lugar, estimulada ahora por el mismo interés que se creía su enemigo definitivo.

En determinadas situaciones donde la “izquierda” este obligada a actuar con sentido común, la veremos
moverse con una lógica que creíamos patrimonio exclusivo de la “derecha”. Un partido político de “izquierda”
en el poder, cuando ve amenazados sus privilegios, ya sea por un enemigo foráneo o por su propio pueblo
descontento, apelara a la violencia de manera descontrolada, por lo general con mas énfasis que si hubiera
sido un partido de “derecha”.

Un líder de “izquierda”, de esos que pregonan la justicia mundial y una distribución igualitaria de la riqueza,
cuando se siente realmente enfermo, se curara en clínicas de países imperialistas, de “derechas”, y consumirá
sus sofisticadas medicinas. Elaboradas todas, por cierto, por químicos, farmacéuticos y botánicos que se
consagran a sus laboratorios y no pierden tiempo en desfiles y marchas de reafirmación revolucionaria, como
exige un Ministerio de Salud de “izquierda”.

Esa es la cuestión: cuando la “izquierda” tiene que tomarse las cosas en serio, cuando se trata de sus propios
intereses y no de los intereses ajenos, es decir, de “la humanidad”, el “proletariado” o los “países hermanos”,
actúa de manera racional, empujada por el “derechista” sentido común.

Resulta entonces que los funcionarios del castrismo, cuando se trata de ellos mismos y su familia, y no de la
“plebe criolla”, tienen reacciones y refinamientos muy propios de la “derecha”. Sembrar café en los arrecifes del
noreste habanero tuvo inspiración de “izquierda”; pero el néctar negro que se toma la clase privilegiada del
castrismo destila de un exquisito café colombiano, o brasileño, es decir, café del bueno: de “derecha”. La
“derecha” castrista no consume grasa saturada, ni viaja en incómodos camiones, ni se educa en las escuelas
del sistema, ni se cura con los jarabes de los santeros.

En épocas de crisis, la clase castrista suele tomar medidas neoliberales mas drásticas que las que se atribuyen
al Fondo Monetario Internacional o al World Bank. Los trabajadores del turismo en Cuba reciben un sueldo de
veinte dólares y no tienen sindicatos que les respalden. Se les envía a las actividades agrícolas impunemente o
se les despide sin pretexto alguno; como si la dirección comunista fuera a su vez el peor grupo neoliberal.

Un líder de la “derecha” castrista fija los precios en la isla detrás de un buró; los sube cuando sube la
demanda, pues como se vende lo que no se produce la oferta siempre esta en crisis. Ese líder fija los horarios
laborales, escribe el código de ética de los obreros, enfatiza o cambia los rumbos de una sociedad sin intereses
nacionales nítidos. Todo ello para tratar de lograr, con el ejercicio de su voluntad, la racionalidad que la
“derecha” logra a través de mecanismos económicos naturales. Cae así de vuelta en una “izquierda” absurda,
ineficiente; una “izquierda” burocratico- administrativa que ya ni siquiera cuenta con los tintes mesiánicos y
aventureros que permitieron a algunas generaciones, por lo menos, sentirse gloriosas en medio del camino
hacia el desastre.

Emilio Ichikawa.
Homestead- sept.2001.