De la radio de interés cubano de Miami.

Lo primero que hay que significar es que un tema como este siempre aplaza consideraciones
y hechos esenciales. Me excuso entonces por el necesario “reduccionismo” que exige la
velocidad de un medio electrónico como EER.  

Aquí se obvian, por ejemplo, algunos tópicos generales como la definición de la misma frase
“interés cubano”, y el del asunto de “Miami” como frontera cultural con sentido propio. Por
demás, no voy a referir la radio que transmite por amplitud modulada (AM), con notable
audiencia y programación de 24 horas diarias.   

Incluso presento solamente tres programas matutinos que funcionan sincrónicamente por
frecuencia modulada (FM), en el horario de 6:00 a.m. a 10:00 a.m., de lunes a viernes, en
idioma español, disputándose un público de perfil bastante homogéneo (aunque con matices,
claro está) y que de hecho los rota en sus preferencias.

Lo primero que llama la atención es el propio hecho de que tales programas existan,
compartiendo el extenso horario de “revistas culturales” y sobreviviendo a la competencia que
ellos mismos se hacen. Este es sin dudas un dato que avala la significación cultural y política
del fenómeno.  

La importancia de la radio de Miami obedece a un grupo de razones entre las que destaco
ahora las siguientes:

1-Las largas horas de transportación automovilística a que obliga el modo de vida de esta
ciudad (y su planteamiento urbanístico y arquitectónico), que suelen aligerarse sintonizando
programas radiales en la carretera.

2-El hecho de que la radio no requiere atención visual, lo que permite que pueda funcionar
como elemento ambiental mientras se realizan otros trabajos.

3-La pobre calidad de la televisión de Miami que la discapacita como alternativa. Esto no solo
se refiere a los programas con factura local sino incluso a los que son adquiridos. Abarca
también a los comerciales y anuncios de pobre imaginación perjudicados además por el ego
desbordado de unos propietarios que quieren ser ellos mismos los actores de los anuncios
(el que pasa el Canal 41-América TV, promoviendo la empresa “Ariel Joyería”, es antológico).

4-Las emisoras de Miami dan la posibilidad de que los oyentes “hagan radio”, participación
que aumenta razonablemente el interés de los oyentes.

5-La creencia (justificada en muchos casos) de que en la radio “ocurren cosas de verdad”, que
hay génesis de realidad e incidencia en el tratamiento efectivo de los problemas de la
comunidad.

6-Tradición, y a esta altura, costumbre. Incluso podemos decir que “identidad”.

Los programas que quiero presentar son:

1-“Zona Cero”, FM 92.3, que conducen Javier Ceriani, Laura García y Camilo Egaña, quien
recientemente ha tratado de cubrir con suerte irregular el (otro) espacio dejado por Omar
Moinello.

2-“El Vacilón de la Mañana”, FM El Zol 95.7, que conducen Enrique Santos y Joe Ferrero.

3-“El Traketeo”, FM La Kalle 98.3, que conducen Carlos Pérez Córdova “Carlucho”, Yamilé
Machín y Lázaro Lorenzo.

Se trata de programas afines en competencia. Comparten una estructura: ofrecen noticias (las
meteorológicas las polémicas), usan la comicidad, tienen influencia en la opinión pública y
capacidad de movilizar a sectores de la ciudad, hacen crítica política local e internacional
(donde el peso del tema cubano es notable), se enredan y desenredan en temas tan
polémicos como la inmigración, la razas, los sexos.

Cada uno de ellos tiene un grupo de oyentes (sumados deben ser miles) que logran anotarse
a veces hasta una participación diaria a lo largo de toda una semana. Las llamadas cumplen
con el protocolo inicial de subrayar que ese programa en específico al que se ha telefoneado
es el mejor en Miami, y exhortan a los comunicadores a que sigan adelante, “a pesar de lo que
digan sus enemigos”.

Esa cláusula es muy importante pues (“a pesar”) es una muestra de la comunicación
espontánea que existe entre los tres programas, facilitada a veces por esos mismos oyentes
que van de una sintonía a otra comparando constantemente las emisiones. La rivalidad es,
pues, uno de los signos más visibles de la radio FM “de interés cubano” de Miami.

La petición de ensayar  programaciones en cadena por algunas causas, de cuya irrealización
se quejan alternativamente los locutores, demuestra el deseo que late en cada cual de erigirse
en ganador de la competencia. Carlucho, de “El Traketeo”, se quejaba recientemente de ello
en un programa dedicado a lidiar con el escultor Daniel Edwards. Lo hacía como por
inclinación natural, sin darse cuenta que la dinámica de cada uno esos programas depende
precisamente de la existencia de los otros.

Hay un problema que, por cierto, tiene que ver con un asunto mayor: resulta que el llamado
“cuarto poder”, la prensa, que nace con el afán de controlar los excesos de los tres poderes
tradicionales de la democracia moderna, parece haberse convertido él mismo en un poder sin
control. ¿Quién va a controlar ahora su desmesura si cualquier intento sobre el periodismo
comienza premarcado por parecer o ser una amenaza a la libertad?

Hay un punto intermedio, un punto crítico, donde se cruzan dos afanes: el afán del político por
convertirse en artista, toda vez que el manejo de “la imagen” es un ingrediente esencial en su
profesión; y el afán del periodista que, al aumentar su influencia sobre la ciudadanía en este
mundo mediático, acaba creyendo que debe abrirse paso al mundo del poder político.

Los tres programas citados han participado en campañas públicas de gran utilidad para la
comunidad: han recogido fondos para la lucha contra el cáncer y el SIDA, han coleccionado
ayuda para los damnificados por huracanes, han encabezado protestas cuando se han
producido injusticias. Es decir, en el mundo de hoy los artistas están duplicando tareas que
normalmente hemos considerado parte de la agenda de los políticos. ¿Significa esto el fin del
hombre de estado en su sentido tradicional?, ¿se trata de una función social que la
postmodernidad tiene reservada para los periodistas o de una trasgresión de los límites?  

Solo recordemos que en las últimas elecciones por la alcaldía de Miami el locutor Enrique
Santos de “El Vacilón” le disputó el puesto al Alcalde Manny Díaz, alcanzando la segunda
mayor votación en dichos comicios: 6.828 votos, un 26.16 % el total. El abstencionismo y los
nuevos giros de la cultura pudieran estar fraguando tiempos sorprendentes.


 


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