El choteo

Un “chota” es aquel tipo que no repara en tirarlo todo a relajo o no tomar nada en serio. “Todo” y “nada”, de
estos limites infería Mañach el carácter liminal de esa actitud o, mas allá de la psicología social, de esa
institución de la cultura criolla.

En la discursividad republicana parece haber un consenso acerca de que, en efecto, en el cubano existe una
tendencia indeclinable a chotear cuanto le rodea; sin alcanzar todavía, claro esta, ese nivel supremo del Chota
que es tomarse a si mismo como objeto de la mofa. El cubano es, respecto a si mismo, de lo mas solemne.

No parece haber acuerdo, sin embargo, acerca de si el ejercicio del tal choteo es un arma emancipatoria, el
medio de liberación de un pueblo sin mas alternativa ante la opresión, o es el choteo, por el contrario, una
forma muy funcional de ejercer el descontento en medio de una dulce obediencia. Es decir, una forma
simpática y complaciente de la autosumisión.

Tengo ante mi casi todos los libros de Gene Sharp para aprender a ejercer la desobediencia civil; aseguro que
el choteo clasifica sin ningún inconveniente entre las formas de resistencia, pero es en verdad un tanto ridículo
comparado con las que allí aparecen.

El propio Mañach y Don Fernando Ortiz evolucionaron de una consideración negativa del ejercicio del choteo,
a una visión mas complaciente del mismo; si bien al final de su conferencia Indagación del choteo el primero
envía este mensaje: el pueblo cubano esta a punto de salir de esto. Se equivocaba, claro esta, porque el choteo
parece establecido en el centro de la sustancia sensitiva de la cubanidad, junto a otros torcimientos de la
comunicación como son la envidia, el chisme y la delación.

En la referida conferencia Mañach cita la siguiente escena como un ejemplo paradigmático de lo que es el
choteo criollo. Un grupo de turistas cubanos asiste al crematorio de Paris y, por casualidad, les toca presenciar
la pulverización de un cuerpo. Quedan desconcertados ante el evento; tanto, que a uno del grupo no le quedo
mas remedio que bromear mientras introducían el cadáver al fuego: “Yo lo quiero de vuelta y vuelta.” Asi,
comparando jocosamente al difunto con un filete, el cubano se eximia (todo el grupo sonrió relajado) de tomar
en serio sus propios sentimientos.

Ese es el choteo según Mañach. El cubano es capaz de sentir, de impresionarse ante la solemnidad de un
evento luctuoso o admirar la excelencia de una interpretación artística; pero no resiste su propia delicadeza
espiritual y atenta contra ella con un gesto brusco, con un ademán insólito que interrumpe su propio ejercicio
de admiración (un programa que se auto impuso Cioran: admirar, admirar todo lo que se pueda para salir del
hueco de la noche).

Pues bien, ahora viene el tema delicado. Resulta que los eventos dolorosos del pasado 11 de septiembre, igual
que conmovieron la sensibilidad cubana, indujeron a algunas gentes al ejercicio (impropio) del choteo. Se ha
podido percibir en algunos correos electrónicos, tomados la mayoría de paginas españolas, que se han puesto
a merced del disfrute publico mediante esa alternativa tan  mediocre que es el e-mail colectivo; pero también
se ha manifestado en algunos lances imprevistos. Cito tres:

-Una amiga llamo a otra telefónicamente y le dijo: “Que casualidad, ¿has visto lo de las torres?, pues sucedió el
día justo de mi cumpleaños.” La otra respondió: “Oye, pero se pasaron en fuegos artificiales”

-Un novio le dice a la novia: “Ahora las vacaciones nos salen mas baratas”. “?Por que, dice la novia, han
bajado los pasajes a Grecia?.” “No, es que como querías ver ruinas…”, concluye el joven.

-Por teléfono: “Ah, que bueno que estés en New York; así, aunque tengas que impartir clases en español,
puedes practicar el ingles; aunque… claro… ahora con menos gentes”.

No son chistes, son anécdotas reales donde se pudo verificar el ejercicio de esa “arma” o de esa vía oral de
sumisión que llamamos choteo. No digo que deba condenarse, o que esas bromas me parecen sencillamente
repugnantes; no quiero resolver con una afirmación radical lo que fue todo un problema para varias
generaciones de intelectuales cubanos: la bendición o desgracia del choteo que no cesa.


Homestead-sept.2001.



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