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| CASTRISMO Y ANTICASTRISMO. Hace siglos Zoroastro y Manes consideraron que habían dos principios en la base del mundo; principios opuestos, pero del mismo rango: el bien y el mal. Esta manera de plantearse la creación se conoce como dualismo, y desde el punto de vista del ideal filosófico tiene una gran virtud, pero también un defecto muy visible. La reconstrucción intelectual del mundo a partir de la oposición de antitesis polares tiene la ventaja de permitir la explicación del “origen”; es decir, el mal sale del bien y este ultimo de aquel; el mundo que nos rodea, y del cual formamos parte, es un perenne pugilato entre estos dos principios y los fenómenos concretos son degradaciones del mal y el bien absolutos. Estas explicaciones, por lo menos, son cómodas. Sin embargo, el estilo “maniqueo” de pensar renuncia de entrada a algo muy caro en filosofía: la unidad del mundo; es decir, la solución del universo en un principio tan universal como único. Esto es lo que en filosofía se suele llamar “monismo”. Así, serian “maniqueos” (y esto, por favor, no es un “defecto” sino un método) en el análisis de la política cubana aquellos que establecen que hay dos principios fundamentales opuestos: el castrismo y el anticastrismo, que simbolizan el mal y el bien en términos absolutos dependiendo de como se mire. Igual que aquella “tercera España” de la que nos hablo el gran Américo Castro, las políticas de “tercera Cuba”, “tercera opción” o “vía intermedia” es claramente “maniquea”; es decir, después de inventar un mundo dividido en castristas obtusos y anticastristas radicales, se tiran, como se dice, por la calle del medio. Eso esta bien, solo que en los estrechos limites de su ficción metodológica dualista; si el universo político cubano estuviera estructurado entre esas polaridades, claro que tendrían razón, pero la cuestión es mas complicada. El castrismo es “monista”; desde su perspectiva no existen gente que se le opone, que discrepa de sus posiciones: sus opositores son fantasmas. De may su naturaleza criminal: cuando el castrismo extermina o anula a un opositor en verdad se deshace de una figuración, expurga un fantasma. Para Fidel Castro los cubanos no son personas, son números, estadísticas y supongo que no entiende realmente de lo que se trata. En los archivos del “Presidio Modelo” en la Isla de Pinos, o Isla de la Juventud, están disponibles las órdenes de minar y explotar minas y famosos hoteles cubanos en las circunstancias de un nuevo gobierno en Cuba. Para Fidel Castro no son gentes sino simples números los que volaran por el aire: El anticastrismo haría otro tanto; estaría dispuesto a llevar a paredones a todos los que han tenido cargos, o participado en una manifestación, quemarían la bandera cubana y enterrarían la patria, secarían las playas y prohibirían la música y el baile. Pero como decía esto es una invención “maniquea” para acomodarse políticamente en una realidad que es mucho más compleja. Esta también la cuestión de la actitud; la “tercera opción” debería considerar la legitimidad de aquellos que se ubican en los extremos, incluyendo a los propios castristas. No puede imponerse, a sangre y fuego, un terrorismo del dialogo, un fundamentalismo de la conciliación. Hay gente que no quiere dialogar. Y punto. Las variables son muy complejas en la realidad. En los barrios cubanos, por ejemplo, no funciona la ecuación: el del CDR es chiva y el “gusano” no. Estuve en África, y algunos amigos me contaron que a veces el tipo que quería matarte estaba a tu lado, en la misma trinchera. Entre los intelectuales pasa mucho esto, uno supone que los críticos del castrismo están en el mismo frente y compartiendo similares riesgos, pero no es así. Conozco gente que se plantea grandes misiones democráticas respecto a Cuba, y es incapaz de superar una simple envidia literaria. Pero así va el mundo y no lo podemos remediar. Como dice un amigo querido todos tenemos nuestro “hijo de p” favorito. A pesar de Manes y de Zoroastro, hay gente peleándose en los extremos que coincide en la moralidad. |
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