Homestead, Fl. Nov. 2001.

Sres. C. Castañeda, A. Perdomo y H. Castelló.
El Nuevo Herald.

Ante todo un saludo. Hoy, que es mi día de cumpleaños, y que estoy a punto de realizar un viaje de estudios a
SUNY-Stony Brook, deseo agradecerles la acogida que a mi llegada a La Florida me dio vuestro periódico. Me
ha prestigiado en muchos lugares, incluyendo Cuba, donde se lee tanto como en Miami. Muchísimas gracias.

Ese agradecimiento seria motivo suficiente para esta carta, pero el móvil especifico es otro: deseo hacer una
observación al articulo de la escritora Belkis Cuza, aparecido en la edición de hoy viernes 2 de noviembre y
titulado “Intelectualidad vanidosa”, donde se refiere imprecisamente a un evento en el que participe.

De mas esta decir el respeto que siento por personas que han vivido mas que yo, ventaja que les asegura
experiencia y serenidad en los juicios. Sin embargo, desde hace un tiempo percibo en algunos textos de la
escritora diáfanas muestras de extrañamiento respecto a la realidad social que pretende evaluar;
específicamente la intelectualidad cubana del momento, hacia la que se ve le asisten pasiones (comprensibles)
de la mayor intensidad.

Uno de esos juicios acerca del escritor Abilio Estévez fue motivo de  mi articulo “Elogio del enigma”, aparecido
en el periódico el viernes 20 de abril-2001. Creo que el problema del intelectual cubano, además de político y
estético, es profundamente moral; eso impide la fundación de una “Republica letrada” entre nosotros,
enfrascados en acumular división tras división.

Lo que Belkis Cuza suele interpretar como una querella entre intelectuales serviles al régimen y otros críticos
del mismo, es muchas veces un desencuentro entre creadores efectivamente críticos del castrismo, pero que
pertenecen a distintas generaciones o tienen proyectos de vida distintos, como es el de quedarse a residir en la
isla o salir al exterior.

En el exilio ya hay varias generaciones de escritores y artistas que, respecto al totalitarismo, les une una misma
postura critica, pero están marcados por odios y amores distintos, que han bailado y cantado con diferentes
orquestas o, incluso, tienen cada cual sus propios perseguidores entre la oficialidad castrista. Nuestros
fantasmas vuelan en la misma noche que los de Belkis Cuza, pero tienen nombres y rutas diferentes. ¿En que
debemos insistir?.

En el articulo de hoy, lleno de perífrasis, subtextos y alusiones implícitas solo al alcance de la gente implicada,
hay equívocos graves. Dos de ellos: las listas “ideales” de escritores de Cuba y del exilio que debieron ser
invitados a Iowa según el criterio de Belkis Cuza son incoherentes, incluyendo y excluyendo nombres al azar.
Por demás, si algún evento se ha discutido en publico desde sus propios inicios, ese es el referido.

Quizás sea mejor conversar de estas cosas personalmente entre todos los implicados en la creación cultural
cubana. Hasta entonces, seria bueno practicar un poco de contención, sobre todo cuando uno se esta
refiriendo a un fenómeno que se actualiza constantemente y exige que se renueven sin cesar nuestras
antipatías y simpatías. Es elemental deber en el ejercicio de la opinión.

Toda mi gratitud, Emilio Ichikawa.



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