Antón Arrufat: síntesis o error compuesto

El escritor Antón Arrufat, un “asiduo del lauro”, concedió una entrevista a la revista electrónica
La Jiribilla (14-20 de octubre-2006) donde expone su pudor ante un premio riesgoso: el de la
Crítica Literaria en el género de ensayo por su libro El hombre discursivo.
Arrufat aligera la inconveniencia del agasajo cuando relativiza la importancia de los premios
literarios en general, y de éste en particular. Por si fuera poco, en un alarde de decencia,
amplía la extensión del género premiado hasta unos límites donde no nos queda otra que
aceptar que, en efecto, El hombre discursivo es un libro de ensayos.
Arrufat no debe ser leal a nada. Es sólo un escritor. No se siente ligado a ningún linaje ni
compromiso, ni a las posiciones políticas que lo cercan, ni a los grupos que pertenece, ni a los
partidos que lo benefician ni, mucho menos, a los “ensayistas” que han seguido fielmente su
obra.
Asegura que piensa y narra a la vez, que toma de la ficción y del ensayo (propiamente dicho)
para producir los discursos de este libro. Pero, hasta donde sabemos, es imposible proceder
de otra manera. Hay sin duda una rara audacia en la intención de definirse a partir de la regla.
Es una entrevista salpicada de equívocos y de lugares comunes, empezando por su título: "La
literatura como único destino". Cualquier escritor sabe, y lo sabe Arrufat, que en un ensayo es
más frecuente errar en una cita que en una fecha; sobre todo en estos tiempos veloces donde
el imperio del periodismo casi ha legitimado la cita de segunda mano. Sin embargo, según
dice el escritor, en El hombre discursivo las citas son exactas, mientras que las fechas
“aspiran a serlo”.
A lo largo de su entrevista, Arrufat el Supremo se desmarca de lo que llama el ensayismo
cubano de la segunda mitad del siglo XX, el cual reduce a tres tendencias fundamentales:

1-El ensayo de terminología marxista “sumamente árida”.

2-En ensayo de terminología filológica procedente de la “escuela de París” (¿?), que es
“impenetrable y vanidosa, por lo general puro galimatías”.

3-El ensayo universitario “plagado de comparaciones y citas ofuscadas”.

Frente a estos afluentes corre, rejuvenecido y premiado, el ensayismo de El hombre
discursivo; ese centauro que vence alegremente las unilateralidades ajenas.
Arrufat puede, efectivamente, haber ensamblado en su libro algo de ficción y algo de teoría. Si
los ingredientes son buenos tendrá una síntesis. Si malos, un error compuesto.




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