Antiamericanismo

El profesor Peter J. Katzenstein (Cornell University) editó, junto a Robert Keohane (Princeton
University), un volumen titulado Antiamericanisms in World Politics (2005) cuyo resultado es la
diversificación histórica y lógica de esta ''ideología'', quizás el eje de la cultura política de
países como Francia y España, incluso de regiones enteras como América Latina.

Es cierto, el antiamericanismo no es una posición homogénea, al menos porque es imposible
concebir una definición unívoca del objeto de ese ''anti'', es decir, de los propios Estados
Unidos de América.

En la historia del pensamiento político latinoamericano existen posiciones absolutas respecto
a los Estados Unidos; simpatías desbordadas y críticas en todo el frente. Sarmiento era un
entusiasta de Norteamérica y remató su Conflictos y armonías de las razas en América con
este lema: ''Seamos los Estados Unidos''. Sandino fue un enemigo frontal, efectivo, que se
atrevió a ir más allá de las palabras, con consecuencias obvias. Otros han sido ambiguos,
como José Martí; pero esa ambigüedad, interesante en teoría, se torna inconsistente para
animar prácticas políticas concretas.

Yo creo que fue Fidel Castro quien mejor comprendió que Estados Unidos era un corpus
político heterogéneo y que, para tener una relación exitosa con el mismo, había que
proyectársele de manera diferenciada.

Castro, como demagogo y político profesional (no hizo otra cosa en su vida), tuvo muy claro la
separación entre discurso y práctica que exige la política real; sobre todo la política
conspirativa, o revolucionaria, que es como él gustaba llamarla. Su enfoque de los Estados
Unidos fue analítico; comprendió el bipartidismo político y cultural de esta nación, la existencia
(como subculturas fundantes) de un liberalismo y un conservadurismo que había que saber
complacer en sus mismas esencias, pero siempre por separado.

De ahí que uno de los grandes legados de la imaginación política de Fidel Castro sea la
invención de una eficiente fórmula para manejarse con los Estados Unidos; una estrategia
más eficaz que la oposición o acercamiento radical y cuyos ingredientes fundamentales son:

• Enfrentamiento verbal (para ganar las simpatías de la misma izquierda liberal
norteamericana).

• Diplomacia secreta (garantías y otros servicios que apacigüen a la derecha quien, teniendo
esto, vería con cierta indiferencia lo que pueda pasar a nivel de la ideología).

Durante medio siglo Fidel Castro tuvo la oportunidad de coronar su retórica antiimperialista
con una acción afectiva contra los intereses de los Estados Unidos. Jamás lo hizo. Incluso
todo lo contrario: cuando la cosa pintó bien fea en los días posteriores al 11 de septiembre,se
apresuró a declarar, precisamente a través de Raúl Castro, que si algún prisionero se
escapaba de la Base Naval de Guantánamo a territorio cubano, lo tendrían de vuelta de
inmediato.

Pero hay algo peor, tratándose de un cubano. Castro le aguantó, estoica y bochornosamente,
todos los pujos a James Cason mientras estuvo de embajador en la Oficina de Intereses
Norteamericanos en La Habana. Se le disfrazaba en las reuniones, le organizaba plantes
públicos de dominó, juegos de pelota, y Castro disciplinado, sin querer contrariar. Para colmo,
le erigió un enorme árbol de Navidad en medio del malecón y nadie, ni un miliciano indignado,
ni una gaviota ebria o un papalote a bolina le cayó encima ``involuntariamente''.

El dato que faltaba lo ha aportado su amigo Ignacio Ramonet. Castro envió una carta a
Saddam Hussein recomendándole la salida inmediata de Kuwait. El ex dictador iraquí había
cometido un error de aficionado: se pasó de la cadena y tocó al mono; un límite que él siempre
tuvo claro.

Chávez es el heredero de esta estrategia política: al ser un socio comercial privilegiado de este
país, poco importa los insultos que profiera. Sus ofensas son, más que convicciones
alternativas, una suerte de licencia que se ha ganado por su diligencia como proveedor de
materias primas y otros servicios más necesarios al funcionamiento del American way of life
que cualquier alineamiento diplomático.



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