Alexander, coming soon

Casi todo el pensamiento Occidental cree que la realidad es pudorosa; que se disfraza aparentando lo que no es. Si las cosas fueran como parecen, afirman algunos, no existiera necesidad de pensar. Hemos engendrado filosofías desconfiadas, basadas en la sospecha. La intriga tiene caché intelectual.

Pero existen también quienes afirman que la apariencia es la esencia en la existencia; que lo que importa es la máscara, no el rostro: dime qué máscara usas y te diré quien eres.

En cuanto a nosotros mismos, unos creen que somos libres; otros que, aún nuestras más sublimes acciones están predeterminadas por fuerzas supremas: Dios, la Historia o la policía.

Disgresiones como estas fueron las que utilicé cuando una persona de gran inteligencia me dijo: “Yo no soy suspicaz ni quiero ser más lista que nadie, pero toda esta serie de películas sobre la guerra, Troya, King
Arthur y dentro de poco Alexander, donde la muerte aparece envuelta en grandes historias de amor, ?no estarán preparando nuestras conciencias para lo que sucede o para algo más grande que puede suceder?”.

Realmente no sé. Le comenté sin embargo que un medio como Hollywood tenía fama de liberal, así que no me parecía lógico que estvieran colaborando a nivel imaginario a crear una conciencia belicista. Pero me contrargumentó que Hollywood no es ni liberal ni conservador, sino un taller (o templo) de creadores y empresarios obsedidos por la fama y el dinero.

Creo que tiene razón. Hay gente que se las ingenia para estar bien con el establishmen explotando las dualidades que son posibles en el mundo de la expresión creativa. Un activismo liberal se puede complementar con un servicio a nivel de obra a la corriente conservadora; y viceversa. El mundo social que se mueve alrededor del cine, los cócteles, los viajes, los accesos a circuitos donde se reparte el prestigio, son más importantes que el legado intelectual que cada cual se pueda proponer en esa industria.

El cine, sin dejar de ser arte, ha llegado a ser negocio. Las zonas de autonomía previstas por el pensamiento sociológico clásico, desde Durkheim y Weber hasta Parson y Habermas han entrado en un comportamiento promiscuo.

El reciente estreno de King Arthur nos ofrece una prueba de este “mejunje”. El cartel promocional que se encuentra en las salas no anuncia en primera instancia a los actores, el director o el guionista sino a los productores. Dice así: “From the Producer of Pirates of the Caribbean and the Director of Training day”. En ese orden.

Según estos filmes la guerra es un elemento consustancial al modo de convivenvia humana; se desata por afán de justicia, por amor, por celos, por ambición. Tal parece que, ya que no se puede vivir sin esas pasiones y compasiones, la base de la paz es el consenso, el pacto. Es decir, odiamos, envidiamos, somos malos por naturaleza, pero tenemos fuerza suficiente para controlar nuestros impulsos demoníacos.

En estas películas son hermosos los personajes que combaten; Aquiles, Helena, Héctor, Arturo, Lancelot, todos ellos cumplen los requisitos de salud y belleza que nos proponen los medios. La guerra, pues, se ofrece como una fuente de realización humana.

Pero se pueden observar también serios horrores. La muerte de los amigos, el hambre, la traición. La observación de estos elementos en las pantallas, bajo categoría de acceso “general”, no implica tampoco un elogio al conflicto.

En poco tiempo tendremos el estreno de Alexander, un héroe armado que fue, quizás, un (pre) evangelista que trató de llevar buenas costumbres al territorio conquistado. Gesto que, en última instancia, puede interpretarse como “debilidad”. La única garantía de un imperio, es comportarse como tal; la tolerancia es para casa: frente al pudor doméstico, lo obsceno ofensivo.

No sé con certeza a qué incitan, si incitan, estas superproducciones sobre temas bélicos que disfrutamos desde hace un tiempo. Como decía al principio, todo depende de la forma en que entendamos la vida, si como un sueño cuyos verdaderos protagonistas se esconden entre telones; o como un sueño que, es un sueño, y nada más.


Inicio | US-Mundo | Cuba | Colaboraciones | Crítica | Entrevistas | Ensayos | Literatura | Galería | Libros | Bio | Blogroll | Contacto | RSS |
Copyright © 2003-2008 Emilio Ichikawa. Todos los derechos reservados.