Romina Espinosa: la libertad en sus ojos.

La Feria del Libro de Miami nos trajo esta vez a la escritora Romina Espinosa, quien  nació en Miami el 13
de enero de 1988, de padres cubanos. Se expresa básicamente en inglés y domina el español. Su abuelo
materno, muy significativo en su sensibilidad, pertenece a una conocida familia del pueblo habanero de La
Salud, que pueden referir entre San Antonio de los Baños y Santiago de las Vegas.

Romina estudia en Carrollton School, Sagrado Corazón, donde adquirió un conocimiento básico en literatura
inglesa y universal que le permite expresarse artísticamente. Se ríe cuando dice que ahora sus amigos creen
que ella es famosa. Pero es una consideración muy seria cuando revisamos la lista de premios adquiridos,
conversamos con ella o, algo definitivo, cuando leemos su libro de poemas The Freedom of my Eyes (USA,
abril, 2004).

De su trabajo voy a destacar tres cuestiones:

1-La escritora, a quien conocí después que a su libro, maneja intuitivamente maneras y gestos
característicos de la historia de la literatura; pero eso, como se sabe, se le puede dar a cualquiera. El mérito
está en que a Romina se le dan naturalmente “técnicas”, hasta “maldades” que solo cultiva gente muy
entrenada en el oficio de la escritura.

2-En su libro aparece el poema A Memory I could Never Remember, donde evoca a su abuelo desconocido,
un hombre con cara feliz y bigote negro que se quedó en Cuba entre la espera y la muerte. Romina habla
de su abuelo con cercanía, sin demasiado apego al tono transcendental. Lo palpa, lo conversa, lo hace
definitivamente libre porque la libertad verdadera es la que radica en sus ojos.

El abuelo siempre le sonríe, se le parece tanto que ya casi deja de hablar español. Entonces se afilia a otras
costumbres, trata con gentes extrañas, rectifica su dieta.

Le comenté a Romina si conocía de otros escritores que abordaban el tema recurrente del exilio, la
identidad, el desgarramiento cultural. No me entendió, no podía entenderme: es una niña norteamericana.
En ella no existe (al menos por ahora) este tipo de rollos. La cosa es más natural y concluyente: “Yo siento
que soy cubana, y me honro de serlo hasta el punto de a veces querer nacer en Cuba, porque mis padres
nacieron allá”. La misma frase que uno escucha una y otra vez, pero dicha ahora con inocencia, con una
sinceridad que rebasa lo literario y llega al centro de lo moral.

“Por que mis padres nacieron allí…”, y es que los padres de Romina son también un puente complejo: que
ayuda por igual al recuerdo que a la ruptura. La nostalgia es en ella un sentimiento eficiente y, hay que
decirlo ya, exitoso.

3-Pero Romina hace algo piadoso: dedica su libro, como prueba afirmativa, a todos los adolescentes que
padecen  desórdenes en la atención (Attention Deficit Disorder-ADD). Como ella. Su trabajo como artista no
depende de este desorden, pero tampoco es independiente de él: “Sacar los pensamientos en forma de
poemas es una manera de que me dejen de rondar.”

Escribir ha sido en ella una terapia autodescubierta (“Escribir me hizo sentir bien”); es decir, un arma
propia. Un arma que la hace libre y le ofrece el nuevo dominio de las palabras, que suma ahora al que ya
tenía sobre los ojos.

Emilio Ichikawa.
Nov. 2004.
volver
menu