La ideología norteamericana

                                         
En 1845 un libro de Marx y Engels titulado La idelogía alemana advertía (con provincianismo y
universalidad) que existía una forma específicamente alemana de ver las cosas; una forma falsa que
sublimaba las ideas hasta el punto de creer que tenían vida independiente.

Cuando Engels viajó a Inglaterra a participar en los negocios del padre hizo un descubrimiento
descorazonador: en el Parlamento Británico, en la prensa de Manchester, podían descubrirse intereses
económicos más contundentes pulsando bajo las poses religiosas, estéticas y políticas. Le llamó a esto "el
punto de vista inglés", eje de lo que hoy podemos considerar "la ideología norteamericana".

Un exitoso empresario cubanoamericano me había advertido antes de las elecciones: los americanos no son
muy filosóficos, pero son buenos negociantes. El hombre de empresa tenía en sus manos un gran hallazgo:
considerar la economía el punto orientador de las disquisiciones intelectuales es ya una filosofía. Donde
Marx dice "praxis" dígase "dinero" y tendremos el mismo resultado, aunque con un diferente sabor. Marx
estaba deseando para Alemania un destino histórico muy parecido al que vemos hoy en norteamérica, por
eso le encantó la expansión yanqui sobre México.

El mundo global posee dos signos que cociernen directamente a los cubanos "basados" en Estados Unidos:

a-La fascinación por el mito revolucionario de Guevara y en cierta medida de Castro.

b-El antiamericanismo.

Sinceramente: no hay nada que hacer contra esos mitos. No son caprichos de la izquierda, ni siquiera ideas
que se puedan contestar con razonamientos: son estados de ánimos, afecciones del alma. Es nostalgia. Y,
claro está, nostalgia justificada.

Así como Cuba es el pasado del presente de muchas naciones del mundo, Estados Unidos es el futuro de
muchos presentes. Un porvenir que no gusta pero que no se puede evitar. Una fatal antiutopía.

Estados Unidos es el punto de llegada de la civilización occidental. No es una alternativa a Europa: es el
resultado, aún más, la prolongación de Europa. Es Europa misma cuando esta estaba pletórica de energías.
Y esto lo vió perfectamente Marx, quien a veces dejaba a un lado la redacción de sus libros para dedicarse
a garabatear artículos sobre el vertiginoso avance social de los norteamericanos.

Si me preguntaran cual habría sido la actitud marxista ideal en las pasadas elecciones diría: criticar a
Busch en la prensa, pero votar a su favor.

La ideología norteamericana y sus contrapesos están en un momento de esplendor. En su libro Where Shall
Wisdom be Found? (Penguin, NY, 2004) Harold Bloom establece que el gran debate político actual tiene un
trasfondo filosofico: una vieja querella entre "emersonianos de izquierda" y "emersonianos de derecha". Son
maneras distintas, aunque compensatorias, de entender un mundo y un país. Republicanos y Demócratas
resultan a estos efectos más cómplices que enemigos. La contracultura, una ficción.

Si llega un día en que este mito llamado Norteamérica exigiera un rito, bastaría con peregrinar a la "meca"
de la civilización global, allá en New England; quizás a Lexington, Bunker Hill o Concord, donde un Emerson
visionario estaría preguntando: "Bueno, queridos discípulos, ¿y por quién van a votar en el 2008?".


Inicio | US-Mundo | Cuba | Colaboraciones | Crítica | Entrevistas | Ensayos | Literatura | Galería | Libros | Bio | Blogroll | Contacto | RSS |
Copyright © Emilio Ichikawa. Todos los derechos reservados.