EL INCONSCIENTE Y LA REVOLUCIÓN

Porque asombro muchísimo a Eduardo, mi amigo peruano, voy a referir una anécdota que es un indicador
de la manera en que se vive bajo el castrismo. Reitero, se trata de una anécdota  y no de un chiste.
Después de una noche que a la larga resultara definitiva en su vida, Rosendo llega a su trabajo y le
cuenta a un amigo este sueno: “Fidel Castro le había revelado que la revolución era inservible y se iba a
tirar al relajo”. El amigo se puso en guardia ante el relato, pues igual podía ser una “prueba de
combatividad”; es decir, Rosendo estaría verificando su grado de fidelidad política inventando el tal sueno.
“Déjate de boberías compadre, que eso no puede pasar”.

Por si acaso, decide contar lo sucedido al secretario general del núcleo del partido, quien indignado
decide parar la fabrica y convocar a una reunión para analizar el tipo de sueños que le venían al
mencionado Rosendo. Sin entrar en detalles, podemos resumir lo que aquel día se discutió en una
cuestión teórica básica: ¿puede un verdadero revolucionario sonar en contra de la revolución?. Aquí el
adjetivo verdadero es esencial para la solución del problema, así que no debe perderse de vista.

La preocupación del dirigente político es fundamental desde el punto de vista de la ideología castrista,
pues siendo la revolución, según el propio Fidel Castro, una maquina de realizar sueños, va y este se
concretaba. Se lo había sugerido en La Habana a J.P. Sartre: si un cubano suena con la luna, es señal de
que la necesita y un verdadero revolucionario debe luchar por satisfacer esa ansia.

El sueno por lo menos indicaba el deseo incontrolable que tenia Rosendo de que el Comandante aflojara
un poco. No quedaba muy claro, no obstante, la forma intencional en que de ahora en adelante debía
construirse el inconsciente. Y era de temer que, habiendo un inconsciente colectivo, ese sueno particular
de Manolo significara una expectativa contrarrevolucionaria mucho mayor. Lo mas prudente era entonces
consultar a los organismos superiores, por lo que la reunión fue suspendida hasta próximo aviso.

La preocupación anterior se fue dando sucesivamente en todos los niveles de dirección política y ya por
ultimo esperaba en el despacho del propio Fidel Castro para ser atendida. “¿Qué es esto?”, le dijo el jefe
a su secretario. “Un problema”, respondió y se quedo helado ante su atrevida devolución. “Dime tu
opinión, ¿es licito que alguien suene un sueno donde yo aparezca desprestigiado?”. “No Comandante, no
es licito porque puede ser sancionable por el Código Penal en su capitulo de propaganda enemiga; pero
si es posible”. Fue ante esta evidencia que el propio jefe elevo la discusión al nivel filosófico y, como es su
costumbre, sugirió la respuesta en forma de interrogación: “¿Pero puede un verdadero revolucionario
sonar en contra de la revolución?”. El secretario, hábil conocedor del arte de satisfacerle, capto al vuelo
la respuesta que le inducían: “Bueno Comandante, los gusanos se la pasan sonando contra su, nuestra
revolución; incluso cuando están despiertos. Los revolucionarios, así a secas, como ese Manolo, a veces
suenan contra la revolución. Pero los verdaderos revolucionarios jamás osarían, ni siquiera en sueños,
manchar la obra”.

Con esta respuesta el obediente señor aseguraba su puesto una vez más y el pobre Rosendo, que no
era ningún chivato sino un sonador común y corriente, solo fue sancionado con una corrección de seis
meses en un corte de cana. El sistema funciono a las mil maravillas: Rosendo quedaba bajo eterna
sospecha, le  retiro la palabra a su amigo  por desconfiar y  por todo el trabajo se comentaba que en
Cuba solo se podía hablar de mujeres y de pelota. Los sueños es mejor abandonarlos en la cama y la
luna, señor Sartre, hay que dejarla donde esta.  


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