Cuba y Puerto Rico

En estos momentos de diferencias y esperanzas, de política práctica y trascendentalista, no sabemos bien cuál
es la otra ala del pájaro: ¿Cuba y Puerto Rico o esta última y República Dominicana?.
En San Juan existe ya una “pequenha Quisquella”, formada por emigrantes que vienen de Dominicana a
buscarse la vida. La situación legal les obliga al noctambulismo, y solo en horas de la noche se les puede ver
por algunas esquinas de la ciudad.

Existe también, como sabemos, una importante comunidad cubana, pero identificada ya, tras varias
generaciones, con la población del país. No son pocos los hijos y nietos de  cubanos que contestan: “Yo soy
puertorriquenho, de padres y abuelos cubanos”.

De cualquie manera, la similitud entre puertorriquenhos y cubanos es notable. El ritmo de su música es un
poco más lento, cadencioso, sin los alardes de virtuosismo que se puede ver cualquier orquesta cubana. “Es
más fácil de bailar”, reconocería un amigo  la música de puetorriquenha.. Las comidas son similares, aunque
hay especificidades de última instancia. El mofongo y el fu-fú de plátano son distinguibles, sin duda alguna; el
primero se tritura en un mortero después que la vianda está frita; el segundo, ya se sabe. Según aseguran
algunos cubanos, el ajo y el toque de algún plátano maduro en el predominantemente verde, le dan una
distinción respecto a la masa puertorriquenha.

Hace una semana tocaba en El Dorado la Sonera Poncenha. Decidí ir a ver si era verdad que bailaban tan
bien como los cubanos. Es cierto, los puertorriquenhos bailan muy bien; observándolos, uno se cree que está
en La Habana o Miami.

La política es diferente. En Puerto Rico, con todo y el estatuto de Estado Libre Asociado, la política interior es
sumamente intensa. La prensa que la cubre, muy cuestionadora, sobre todo de los aspectos morales de los
funcionarios.

Pude seguir los debates acerca de la designación de un juez, el Sr. Ferdinand Mercado. La lógica de esos
debates puede ser ya escandalosa para varias generaciones de cubanos, pero al parecer la democracia
implica discusiones de las más enconadas. A veces, demasiado subidas de tono para nuestra costumbre.
Algunos intelectuales aseguran que Puerto Rico ha solucionado el problema nacional al margen del problema
colonial. No hay independencia política formal, es cierto, pero sí una sólida cultura nacional. Por supuesto, hay
mucha gente que no piensa así, y aspira al estatuto de independencia política. Otros, en las antípodas, creen
que debería convertirse en un estado más de la Unión Americana. Pero todo esto es muy complejo.

En Puerto Rico gusta mucho el béisbol, como en Cuba. También boxeo y otras prácticas que la cercanía de la
cultura americana nos ha dejado. En este momento, en que se juega la Serie Mundial de béisbol de las
grandes ligas, se siguen tanto a los equipos como a los jugadores. Hay puertorriquenhos en los yanquees de NY
como Bernie Williams y Jorge Posada, y los hay en los Marlins, como el receptor Iván Rodríguez, todo un ídolo
acá.

Tampoco son iguales, por ejemplo, el jíbaro boricua y el guajiro cubano. Hay en el de acá mayor sociego, una
forma más tranquila de mirar la vida. En las noches las colinas del campo se ven iluminadas, y en la manhana
esas casitas lindas, plenas de colores, retumban de alegría.
En efecto, como dijo la poeta, Cuba y Rico deberían ser como las dos alas de un mismo pájaro.

Oct. 2003.




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