“CONTRA CASTRO MÁS ALLÁ DEL ANTICASTRISMO”. (n.h.)


Aciertan creen que un planteamiento  político no tiene mucho valor si se limita a establecer aquello que quiere
derrocar y no  se proyecta positivamente hacia el futuro. Así, no basta con estar contra Castro si no se precisan
las razones por las que uno lo contiende. A pesar de que no esta de moda acatar la parte bestial del hombre,  
reconozco que la venganza y el rencor son sentimientos muy humanos; pero si bien ellos pueden centrar el
programa de un individuo, no sirven para dar sentido a la “polis”. Es decir, el negativismo destructivo sirve
acaso para la biografía, mas no para la política.

¿Cómo conciliar entonces las dos tendencias? Pues yendo, contra Castro, mas allá del anticastrismo;
convirtiéndolo en pretexto para una lucha de alcance mayor que considere un replanteamiento general de la
historia cultural cubana. Si se logra un consenso moral contra el totalitarismo, lo que no es muy difícil si
miramos con sinceridad la historia de este ultimo medio siglo, este acuerdo permitirá planteamientos políticos
de alcance mayor; el principal de ellos, según veo, es el diseño de una política razonable para la participación
ventajosa de la isla en el flujo inevitable de la globalización.

Hagamos nuevamente la analogía. Los alemanes, judíos o no, convirtieron la lucha antihitleriana en
antitotalitaria, mejor aun, en pro-democrática y libertaria. Adenauer y la nueva constitución no se propusieron
ir mas allá del nazismo tratando simplemente de restaurar la Republica de Weimar; aunque el holocausto
dejase cierto sabor nostálgico por aquel experimento constitucional en que participaron mentes tan altas como
Max Weber.
El “postnazismo” debía superar el pasado mirando el futuro. Los alemanes aprendieron que un pueblo
inteligente podía caer en abismos oscuros (me dijeron que a Th.W.Adorno hubo que forzarlo a montar el tren a
Paris porque no lo creía) y que había que hacer lo posible, mental e institucionalmente, porque algo así no se
repitiera. Es por eso que la nueva constitución alemana resalta el “Derecho de Resistencia”, que legitima el
acto rebelde contra el despotismo aun si el déspota es electo en las urnas. Nada, ni el sufragio, autoriza la
humillación de un pueblo.

De manera semejante (no igual) la Constitución de 1978 le permitió a los españoles ir más allá del
antifranquismo a través de la democracia.  No por gusto las autoridades castristas prohibieron en 1998 la
celebración en La Habana de un aniversario de esa Carta Magna y se escandalizaron cuando un filósofo
apunto que España podía enorgullecerse de una ejemplar transición.

¿Qué es Fidel Castro?  Es una persona concreta pero también es un símbolo, la cifra de un estilo. Entonces,  
¿qué es anticastrismo? Es la lucha o incluso el deseo de que el caudillo salga de la escena, además el empeño
por superar lo que representa. Fidel Castro significa alarde de independencia y falta de soberanía nacional; es
miseria material y sumisión moral; es odio, furia, combatividad; es emulación y envidia, chisme y delación; es
falta de eficiencia e inventiva; es picardía y vagancia; bravuconería y falta de valor; mentira, simulación,
apariencia; es sumisión y ausencia de libertad, por tanto incompetencia, debilidad empresarial, apatía; es
desconfianza y reiteración; influencias, chantaje, violencia; es separación y ruptura; pieles cuarteadas, nucas
sudorosas, herpes asquerosos compartidos en los desfiles; grosería, ridículo y adulación; ausencia,
impuntualidad, intolerancia, gritería, vecineo, vigilancia y registro; es plagio y brutalidad.

Personificar el mal va más allá que la lamdición a una persona. De esta manera se localiza mejor, se le
concentra y la superación se nos torna más accesible. Puede ser históricamente errado, pero políticamente
eficaz y moralmente salvifico.  



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